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31 de Octubre del 2019
Ideas
Lectura: 7 minutos
31 de Octubre del 2019
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

El experimento terminó: Chile ha despertado
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La historia, así como vio la caída del muro de Berlín y los totalitarismos de izquierda hoy presencia el derrumbe de otro paradigma, ésta vez de derecha. No más ejemplos de que ¿por qué no somos como Chile? o el manido comentario fachito “es que aquí necesitamos un Pinochet”.

En medio de esta América Latina convulsionada, veamos a Chile, nuestro país, es un verdadero oasis. (Sebastián Piñera)

 

El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar pero tampoco puede humillarse. Trabajadores de mi patria tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres éste momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que mucho más temprano que tarde, de nuevo, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile!, ¡Viva el pueblo!, ¡Vivan los trabajadores!

                              (Salvador Allende)

 

Solidaridad absoluta con la lucha del pueblo chileno

Fuera Piñera, fuera el ejército y la policía de las calles de Chile

Ánimo chilenos

Fuerza

                               (Francesc Orella, protagonista de serie “Merlí”)


 

En medio del humo de las barricadas hay una multitud que se ha tomado un monumento, flamean banderas de Chile, han sido pintadas con grafitis. En lo más alto de la emblemática estatua de un prócer de la Independencia, sobre la cabeza del jinete se encuentra un joven que levanta una bandera del pueblo mapuche. Chile es una fiesta rebelde, catatónica, repleta de una fraternidad nunca antes vista.

El neoliberalismo nace y muere en Chile es un grafiti pintado en Santiago y condensa algo dramáticamente real: Chile, más que un país, en los últimos treinta años, ha sido un experimento del señor Milton Friedman y la temible Escuela de Chicago. 

Friedman intentó crear una economía próspera utilizando la doctrina del shock. En 1974, Estados Unidos utilizando al dictador Augusto Pinochet invadió Chile como parte del “Plan Cóndor”, además de acabar con el gobierno de Allende y cualquier brote de marxismo, arrasó con la narrativa histórica del pueblo sobre la base de torturas, asesinatos y desapariciones. Después de este shock político aplicaron la receta de Friedman: máxima liberalización del mercado, se privatizó casi todo provocando una altísima inflación en los primeros años del gobierno de Pinochet.

Naomi Klein en su libro “La doctrina del shock” describe la mecánica de estos experimentos neoliberales, primero el golpe militar con toda la violencia y felonía que actúa como terapia extrema para supuestamente curar al paciente eliminando su memoria. Así resulta fácil, sobre la base del miedo y la amnesia, privatizar agua, luz, teléfono, salud, educación, transporte, seguridad social entre otros servicios básicos.

La historia, así como vio la caída del muro de Berlín y los totalitarismos de izquierda hoy presencia el derrumbe de otro paradigma, ésta vez de derecha. No más ejemplos de que ¿por qué no somos como Chile? o el manido comentario fachito “es que aquí necesitamos un Pinochet”.

La brújula histórica del FMI se ha roto, el oasis de paz y prosperidad, el paradigma del desarrollo para Latinoamérica, el modelo a seguir disciplinadamente está en llamas. La historia, así como vio la caída del muro de Berlín y los totalitarismos de izquierda hoy presencia el derrumbe de otro paradigma, ésta vez de derecha. No más ejemplos de que ¿por qué no somos como Chile? o el manido comentario fachito “es que aquí necesitamos un Pinochet”. Era un mito, un cuento de hadas construido por la publicidad, los mass media y obviamente por las grandes corporaciones.

Hace tres semanas el presidente chileno Sebastián Piñera opinaba respecto a su país que en comparación a otros países de Latinoamérica era un verdadero oasis. ¿Qué es lo que sucedió en tres semanas?, ¿cómo un milagro devino en pesadilla?, ¿Chile, uno de los países con mayor PIB per cápita de Latinoamérica, estaba en guerra? Lo real es que la gente ya estaba agotada de tanta inequidad, recuerden que Chile, a nivel mundial, se ubica en el puesto 15 en distribución de la riqueza (el 1% de la población concentra el 30% de los ingresos). Es un país con salarios equiparables a los de Paraguay pero con precios similares a los de España donde el pasaje urbano cuesta $1,20 y las familias pobres le destinan el 30% de su salario al transporte. La educación universitaria es costosa, solo el 9% de los estudiantes de familias pobres puede alcanzar un título universitario.  

Entonces bastó un nuevo aumento del 30% en el precio del metro de Santiago para que la burbuja estalle. Miles de colegiales con su rebeldía e ingenuidad desbordada salieron a las calles y se tomaron las estaciones del metro, los carabineros reprimieron con su habitual pedagogía generando el repudio general de la sociedad chilena que se volcó masivamente a parques, plazas y alamedas. 

Un grupo de chicas de entre quince y dieciséis años y que forman parte de algún liceo de Chile desfilan pletóricas y sonrientes, unidas en un solo abrazo. Los acompaña un perro que mueve despreocupado la cola. Detrás de ellas hay un bus de transporte público que apenas logra avanzar al ritmo de la marcha de las adolescentes que por un instante han detenido al mundo. Y sí, los estudiantes, entre generación Z y millenial, despertaron con su valentía a toda una nación que vivía endeudada y con miedo.

Han surgido protestas de todo tipo: pacíficas, lúdicas, marginales, violentas. Volvieron a escucharse las canciones de Víctor Jara interpretadas por miles de personas acompañadas de cientos de músicos populares armados de guitarras, violines, trombones y saxos. La irreverencia alcanzó una fragancia surreal, la gente había perdido el miedo y los militares fueron simbólicamente arrinconados. Piñera retrocedió suspendiendo el alza pero la catarsis colectiva apenas se iniciaba.

La parte final del último discurso de Salvador Allende resuena como un himno salvífico que acompaña el paso decidido de millones de chilenos que desafían tanquetas y bayonetas, simplemente han sobrevivido al shock y ahora recuerdan su ethos, como diría Sartre: estamos condenados a ser libres.

 

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