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24 de Octubre del 2023
Ideas
Lectura: 6 minutos
24 de Octubre del 2023
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

El hombre de la lluvia
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Rafael Correa, en la actualidad, es un Ameotoko, una superstición que sirve de autoengaño para confundir a sus seguidores y asustar a sus adversarios. La Revolución Ciudadana no es Correa y tiene vitalidad a pesar de Correa.

Pronto se les acabará la fiesta”, “ya falta poco”, “no tendrán dónde esconderse”, “nuestra venganza será contundente”. Todas estas son amenazas que anticiparon una venganza apocalíptica que iniciaría el correísmo inmediatamente después de recuperar el poder. Pero tras las elecciones se extinguieron repentinamente.

Los comicios presidenciales del 15 de octubre ocurrieron, y el fin del mundo no llegó. Luisa González, candidata de la Revolución Ciudadana, felicitó al ganador y llamó a la unidad nacional. Marcela Aguiñaga, presidenta del partido de González, aceptó los resultados y renunció a su cargo partidario. Los alcaldes correístas de Guayaquil y Quito, Alquiles Álvarez y Pavel Muñoz respectivamente, felicitaron al presidente electo. Además, líderes afines al socialismo del siglo XXI, como Andrés Manuel López Obrador de México, Alexander Lukashenko de Bielorrusia, Alberto Fernández de Argentina y Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, expresaron sus felicitaciones. La única voz disonante fue la de Rafael Correa, quien lamentó los resultados en un mensaje penoso, alegando enfrentar poderes enormes y la muerte de un candidato para evitar su victoria.

Correa y todavía algunos correístas se resisten a aceptar su derrota y el triunfo de una alternativa política distinta a la suya.

Prefieren creer que el asesinato de su principal adversario no se debió a sus denuncias, algunas de ellas en su contra, sino a un intento de dañarlos y que la prosperidad de Ecuador solo depende de su regreso al poder.

Las cifras demuestran que la Revolución Ciudadana tiene un techo en torno al 35% de los votos en la primera vuelta electoral y un apoyo del 25% en las principales ciudades y provincias del país, excepto en Manabí, Guayas y Guayaquil, donde es aún mayor. Sin embargo, esta constante revela un declive gradual que se ha estado produciendo durante varios años.

Según los estudios de opinión, alrededor del 15% del electorado representa el voto duro de la Revolución Ciudadana. A esto se suma un 15% de voto blando y un 5% de voto indeciso que decide su voto a pocos días de las elecciones. Incluso dentro del voto duro se encuentra un núcleo leal, compuesto por un 5% o 7%, que respalda la candidatura desde el principio del proceso electoral. A partir de ese 5%, la tendencia es de crecimiento constante hasta que se alcanza un punto de estancamiento en torno al 35%, que representa un techo difícil de perforar.

Sin embargo, el crecimiento de la Revolución Ciudadana, desde el 5% al 35%, se debe a su eficaz maquinaria de producción de campañas electorales respaldada por una infraestructura orgánica firme, abundantes recursos económicos y pétreas convicciones militantes. Su estancamiento en torno al 35% se atribuye a su enfoque de apelación a la venganza, en lugar de la unidad, lo que limita su atractivo en la clase media informada de la región andina y entre los votantes indecisos.

Pero el correísmo, como lo conocíamos, murió con el referendo que prohibió la reelección indefinida en 2018, la expropiación de Alianza País en el mismo año y con la sentencia del caso Sobornos en 2020, que declaró culpable a Rafael Correa por el delito de cohecho agravado. En ese momento ocurrió una metamorfosis política, conocida como la Revolución Ciudadana en la que el correísmo es una parte cada vez más débil y marginada de la organización. Hay demasiadas facciones enemistadas al interior de esta empresa electoral además de que el liderazgo telemático, la constante misoginia y las ínfulas napoleónicas se han convertido en las principales debilidades de un Rafael Correa ausente frente a otros perfiles más modernos, presentes y abiertos dentro de la revolución.

Ameonna es un símbolo de mala suerte en la mitología japonesa, asociada con la capacidad de atraer lluvias y beneficiar las cosechas. También se la conoce como la “mujer de la lluvia” debido a su apariencia inquietante y comportamiento peculiar. Se cree que su principal característica es causar incomodidad y miedo en las personas que corren bajo la lluvia, apareciendo de manera repentina y realizando acciones amenazantes para alimentarse del miedo y la atención de sus víctimas.

Rafael Correa se asemeja a un hombre de la lluvia, amenazante, irritado y lleno de odio. Su estrategia gira en torno a asustar a la gente para alimentarse de su miedo, amenazando y promoviendo la virulencia en sus seguidores que son cada vez menos. Este es el campo que le permite germinar, tras una lluvia torrencial de mentiras, machismo y resentimientos, sus ínfulas de venganza para regresar al poder.

Ameotoko es el equivalente masculino de Ameonna, aunque ninguno de los dos existe en realidad. Son creaciones de la imaginación popular japonesa para describir los fenómenos meteorológicos de la lluvia. Rafael Correa, en la actualidad, es un Ameotoko, una superstición que sirve de autoengaño para confundir a sus seguidores y asustar a sus adversarios. La Revolución Ciudadana no es Correa y tiene vitalidad a pesar de Correa. Además de destruir la honra de sus militantes, en los corrillos de la revolución ya se susurra prescindir de este invento supersticioso, sus amenazas, ínfulas retorcidas y mala suerte.

@ghidalgoandrade

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