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14 de Octubre del 2021
Ideas
Lectura: 7 minutos
14 de Octubre del 2021
Ernesto Carrión

Escritor

El jardín transparente
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Este libro es la prueba contundente de que la poesía ecuatoriana hace mucho ha dejado de ser un gesto, unos nombres al azar, o un secreto perdido entre montañas. Aunque el hecho de que la consuman mayoritariamente otros poetas parece ser una regla.

En el 2014 escribí una introducción para la antología Los animales blancos del poeta Antonio Gamoneda, publicada en Ecuador ése mismo año. En dicha introducción redacté lo siguiente: 

«Una poesía anterior a la poesía sería entonces una poesía de la claridad y de la oscuridad, de la esperanza y la desesperanza, de la valentía y del vacío, de la guerra total del acto y de ninguna salvación entre el sujeto y su vida. Algo como una negación simbólica y al mismo tiempo una llave a todos los sentidos.» 

He vuelto a este texto, justo ahora, después de mi segunda lectura del poemario Jardín transparente de la poeta ecuatoriana Camila Peña. Quizás guiado por la grata sensación de que su poesía, a pesar de la juventud de su autora (25 años), posee la madurez suficiente para construir un espacio de diálogo instintivo y melódico, entre la prosa y el verso, donde asistimos a la celebración de un mundo terrible pero bello. Se trata de un libro que aborda la idea del poema como una caja extraña de múltiples significados. Donde lo que a veces esconde el poema hace visible una experiencia aún más profunda. Indudablemente hay un hilo que une su poética con la de autores como Pizarnik, Marosa di Giorgio y Gamoneda. Indudablemente estamos ante el primer libro de una poeta que comprende que la verdadera poesía debe convertirse en un pantano y un bálsamo, al mismo tiempo. 

Quiero asentar la importancia de su poemario publicado en plena pandemia, en enero de 2021, tras obtener el Premio de Poesía Hispanoamericana “Francisco Ruiz Udiel”. Un premio que se presenta como una ventana para las voces emergentes de una Hispanoamérica que, en cuanto al modo de organizar su lenguaje poético y literario, aún está atravesada por miradas y urgencias muy disímiles. Hispanoamérica como región es una quimera que solo el idioma y la literatura consiguen transformar en un mapa real. Por eso la importancia de estos concursos. O de ciertas antologías que pretenden mostrar lo que se escribe cruzando fronteras y cielos. 

El libro de Camila Peña es, dentro del panorama de las letras ecuatorianas, un alivio de vigor lírico. La autora comprende la noción del libro de poemas como un conjunto de frases y silencios donde el lenguaje se hace un pedazo blanco de hielo que se rompe en nuestras manos. Guardando con celo una estructura dinámica y desoladora. No es fácil soltar la poesía en el aire huracanado de la interpretación, dejando un largo rastro de nuestra sangre. Recomiendo al lector que, después de leer Jardín transparente (o cuando guste), lea también su poesía inédita en esta dirección: https://buenosairespoetry.com/2021/09/10/poesia-ecuatoriana-contemporane...

La poesía –así lo intuyo– mientras más arriesgada, mientras más escurridiza, mientras más amplificada o reducida, mientras más alejada del poder y de la academia, mientras más bicho raro y más nube de hollín y chatarra cósmica, mientras más melodía que sentido literal, mucho mejor.

En el jardín de Camila hay animales, escarabajos, flores, colores, niños y jardineros, por supuesto. Hay un cuerpo que, como dice la poeta, «pierde su derecho a respirar y se transforma a la carne / [Porque] Sentado en su corazón / un animal respira con la violencia de lo invisible.» 

Todo lo que la voz poética enuncia parece provenir de un tiempo anterior al poema: 

«En la carrera final el niño mudo llega último. Los lobos azules lamen su cara, le dicen no pienses en la belleza. Exhausto desciende, se llena la garganta de tierra y en ese abrigo recuerda su voz.» 

Me refiero otra vez a una poesía que decididamente se aleja de la mirada cotidiana sobre la realidad. Una poesía que se construye con herramientas mas próximas al misterio y la fundación de la palabra poética. No es una contradicción esto que menciono. La poesía, su esencia, es tan primitiva como el origen de la vida. Guarda, de este modo, una intuición y un reclamo. Quizás por eso la lectura del libro de Camila Peña genera la sensación de que hay algo sagrado y sangrando envolviéndolo todo, hasta mostrarle al lector la contradicción de sentir la transparencia dentro de la oscuridad. 

Este libro es la prueba contundente de que la poesía ecuatoriana hace mucho ha dejado de ser un gesto, unos nombres al azar, o un secreto perdido entre montañas. Aunque el hecho de que la consuman mayoritariamente otros poetas parece ser una regla. Regla que a veces se rompe con ciertas excepciones. Los libreros podrán dar fe de cuánta poesía se vende en las ferias de libro, en comparación con la narrativa ecuatoriana. Algo que tiene que ver con nuestra educación o el modo en que pretendemos asimilarla. Y aunque algunos intenten hacer de los poemas apenas unos cachos refinados, para ver si de esta forma la poesía “recupera” terreno. El que la poesía tenga pocos lectores no debe preocuparnos. Lo que debe realmente atañernos es que sea leída. Que sea pasada como un secreto. Y que sobreviva como un mensaje que viaja desde el corazón a la nuca. 

En los últimos años han aparecido trabajos de poetas que valen la pena revisar. Menciono algunos nombres: Agustín Guambo, Camila Peña, Víctor Vimos, Ana Minga, José Luis Astudillo, Wladimir Zambrano, Paulina Briones y Melanie Moreira. Aunque de edades diversas, todos mantienen una forma depurada y enérgica de abordar la lírica. 

La poesía –así lo intuyo– mientras más arriesgada, mientras más escurridiza, mientras más amplificada o reducida, mientras más alejada del poder y de la academia, mientras más bicho raro y más nube de hollín y chatarra cósmica, mientras más melodía que sentido literal, mucho mejor. La fragilidad de la poesía no existe. Solo la fragilidad de los lectores. Quienes, después de ser derrotados por el poema, siempre tendrán la opción de volver a leer.

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El jardín transparente
 
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