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12 de Mayo del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
12 de Mayo del 2019
Santiago M. Zarria

Filósofo y catedrático universitario.

El laberinto schmittiano
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El Zeitgeist indica que la obra schmittiana es más actual que nunca. Cuando Cioran habló sobre el pensamiento reaccionario dijo algo que ahora le favorece a Schmitt.

No se sabe con exactitud por qué Schmitt decidió cambiar die Politik -la política- por das Politische -lo político-. ¿La distinción entre la política y lo político era realmente tan importante para Schmitt? En su Diario de 1925 a 1929 se puede encontrar referencias sobre la ambigüedad de su uso, por ejemplo, el 31 de marzo de 1927, Schmitt escribe: «Por la mañana, la señora Schneider habló sobre el concepto de la política». El 12 de abril de 1927: «Por la mañana terminé un ensayo sobre política y llevé a la oficina de correos. Me alegro de haberlo hecho». El 4 de mayo del mismo año: «Buena conferencia, leí mi ensayo sobre el concepto de lo político, éxito total». Lo y la no se muestra claro. Otra indecisión la tuvo con el título del ensayo, porque bien podría haberse llamado «Historia del estado» o «Teoría del estado» pero, finalmente, Schmitt decidió llamarlo: Der Begriff des Politischen.

La traducción de la primera versión de El Concepto de lo Político de 1927, sin los añadidos posteriores, la he realizado junto a Günter Maschke y esto es importante a nivel personal e intelectual.

A nivel personal porque Maschke es un crítico de Schmitt y no un schmitólatro, y esto ha sido beneficioso no solo durante nuestras conversaciones sobre la versión de 1927 que acabamos de publicar, sino en la construcción de mi investigación doctoral que intenta comprender, utilizando algunas categorías schmitttianas, el último período del gobierno ecuatoriano. Maschke, al ser uno de los discípulos directos de Schmitt que todavía vive, que mantuvo una relación personal y epistolar hasta la muerte de Schmitt, ha enriquecido el conocimiento del autor y su obra. Finalmente, porque Günter me ha permitido acceder a documentos personales, intercambio epistolar, y la inmensa bibliografía privada que puede tener alguien que se ha dedicado a estudiar exclusivamente la obra de schmittiana por más de treinta años.

Maschke es un crítico de Schmitt y no un schmitólatro, y esto ha sido beneficioso en la construcción de mi investigación doctoral que intenta comprender, utilizando algunas categorías schmitttianas, el último período del gobierno ecuatoriano.

A nivel intelectual porque, por un lado, hemos reformulado cuestiones fundamentales que Maschke ya se planteaba en los ochenta y que ahora lo hemos denominado como `Reconstrucción de lo político´, texto de próxima publicación y, por otro lado, porque El concepto de lo político es un laberinto que se teje y entreteje cada vez más y eso ofrece ventajas y desventajas, ya que desde su publicación hay una descomunal literatura alrededor de sus planteamientos centrales, algunas banales y otras fundamentales.

Las siguientes preguntas, en parte han sido respondidas, pero reconfiguradas y replanteadas ofrecen una lectura novedosa. Es necesario encontrarse en el laberinto, frente a frente con el minotauro para cuestionarlo: ¿Dónde están los textos apologéticos, los ambiguos y las paradojas? ¿Dónde se encuentran los textos que nos distraen de los conceptos peligrosos, como distinguirlos y diferenciarlos? ¿Dónde, por qué y con qué medios intentan dirigir, domesticar y hacer predecible el ascenso del nacionalsocialismo? ¿En qué medida esos textos fueron únicamente la muestra de un cínico oportunismo? Y una pregunta más sutil: ¿El pensamiento antidemocrático conduce necesariamente a una dictadura totalitaria? (Maschke, El laberinto de Schmitt, 1980).

El Zeitgeist indica que la obra schmittiana es más actual que nunca. Cuando Cioran habló sobre el pensamiento reaccionario dijo algo que ahora le favorece a Schmitt.

«Envidiemos la suerte, el privilegio que tuvo de desconcertar tanto a sus detractores como a sus más fervientes admiradores, de obligarles a preguntarse: ¿hizo realmente la apología del verdugo y de la guerra o se limitó únicamente a reconocer su necesidad?… ¿Dónde acaba en él el teórico y comienza el partidario? ¿Era un cínico, un exaltado o simplemente un esteta extraviado en el catolicismo?

No seremos nosotros quienes le hagamos el agravio de considerarle un tibio. Retendremos de él, por el contrario, su magnífica, su espléndida impertinencia, su falta de equidad, de moderación y, a veces, hasta de decencia. Si no nos irritase constantemente, ¿tendríamos aún la paciencia de leerle?»

Finalmente, a versión de El Concepto de lo Político de 1927 en español la pueden encontrar aquí: Formato libro, formato artículo.

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