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7 de Enero del 2022
Ideas
Lectura: 8 minutos
7 de Enero del 2022
Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

El lassista mensaje de año nuevo
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Nos recuerdan que el indio bueno es el que sigue los preceptos del buen salvaje: el que no se queja, el manso, el que no protesta, ese que es obediente al patrón blanco. El Felipillo, la Malinche... El que vota en la asamblea por las leyes que convienen al “amo patrón” o el que le cubre sus fechorías…

¡Feliz año nuevo! Les deseo amor, paz, “éxito” (el término de moda) … pero en el 2022, no olviden, ecuatorianos, a su “enemigo público número uno” “al que quiere tumbar al Gobierno...” 

El mismo 2 de enero, el presidente Guillermo Lasso, amplía su criticado discurso de tintes racistas y fascistoides con el que tildó al presidente de la CONAIE de anarquista y le dijo que pondría sus huesos en la cárcel. Su mensaje de año nuevo da continuidad a una serie de artículos, comentarios en redes sociales, alertas a la sociedad ecuatoriana e incitaciones para castigar al “peligroso”, “al enemigo de la democracia”, al “violento” aparecidas durante todo el año 2021. 

Lasso se repite y de inmediato le hacen eco sendos artículos de opinión. Año nuevo, pauta nueva, o al menos unos cuantos corazones “de gente de bien” en Twitter… Sus estrategas comunicacionales le dicen que no debe parar la serie de ataques a Leonidas Iza que en diciembre cerró con una caricatura que lo representaba como un año viejo, cuya viuda (la presidenta de la Asamblea Guadalupe Llori) lo moteja de impertinente. El último brochazo de los galones de tinta que en el 2021 se usaron para atacar al líder indígena con cuya fotografía, un par de “periodistas” jugaron tiro al blanco.

Desde el día en que Lasso ganó la presidencia con esos votos que sobre todo fueron en contra de Andrés Aráuz, trató de compensar su debilidad política con diversos artilugios y negociaciones, pero además creando un enemigo que lo posicione como la víctima del golpe, como el “bueno de la película”, luego de que su campaña de vacunación no le fuera suficiente para mantenerse a flote. Pero, además, para desviar la atención del tema de fondo: la acelerada implementación del neoliberalismo más duro. 

Crear miedo y enemigos son los viejos trucos infalibles que usa el poder para concentrar apoyos. Crearse un ogro antidemocracia, destructor de los valores cristianos, de la libertad, o de lo que estuviese de moda, es el discurso que puede ser fácilmente vendido y cómodamente reproducido en diversos formatos por los que siempre están listos para cumplir ese rol: los medios, en su mayoría complacientes con el poder, si es que este es detentado por las élites rancias. 

La radio, la televisión y la prensa, en diversos tonos nos dicen: “Iza es peligroso”, invitándonos a mirarle y así desviar nuestra atención de la caída de utilidades del Banco del Pacífico y no parar su anunciada venta a precio de huevo. “Viene el dogmático violento”, alertan, mientras hacen la vista gorda ante las ilegalidades cometidas por el presidente en el affaire Pandora Papers denunciado por 600 de sus colegas extranjeros. Miren al “indio fundamentalista y ególatra”, señalan, al tiempo que, como gatos, tapan las consecuencias de la última Ley gubernamental que desde enero del 2022 quitará mensualmente importantes recursos a la clase media. “Quiere reemplazar los poderes del Estado” rezan, pero maquillan las promesas de campaña que el jefe del Ejecutivo incumple… 

Nos recuerdan que el indio bueno es el que sigue los preceptos del buen salvaje: el que no se queja, el manso, el que no protesta, ese que es obediente al patrón blanco. El Felipillo, la Malinche... El que vota en la asamblea por las leyes que convienen al “amo patrón” o el que le cubre sus fechorías…

Leonidas Iza Salazar, el presidente de la principal organización indígena, la CONAIE, ha sido desde hace un año, el blanco continuo de los ataques de los corifeos del poder y de los que simplemente se solazan en develar sus taras coloniales, en especial en las redes sociales donde los epítetos racistas concursan por cual es el más ofensivo. Es que los que frontalmente decían que quieren repletar las cárceles de indios, ahora, tácitamente, nos dicen que el “indio bueno es el indio muerto”. Nos recuerdan que el indio bueno es el que sigue los preceptos del buen salvaje: el que no se queja, el manso, el que no protesta, ese que es obediente al patrón blanco. El Felipillo, la Malinche... El que vota en la asamblea por las leyes que convienen al “amo patrón” o el que le cubre sus fechorías… El indio bueno es el que aparece en paisajes bucólicos; el malo es el que se atreve a luchar por sus derechos. Es bueno el folklorizado y es indio malísimo el que pide cuentas a los asambleístas que van en contra de la línea política de su organización, pero salvan el cuello del presidente. 

Denostan al líder indígena de la CONAIE porque saben que este tiene el carisma y el liderazgo para movilizar al único movimiento social que puede constituirse en el motor que ponga un alto al neoliberalismo. Atacan al líder indígena que dirigió Octubre del 2019, al que puso a temblar a uno de los peores presidentes que ha sufrido esta tierra. Es que Leonidas Iza, es el enemigo público del poder, porque, si bien cometió errores en los días electorales, ha demostrado que no es comparable, o que no se presta para complacer a Lasso, como si lo han hecho políticos de diversas tiendas, entre estas UNES y el Pachakutik, brazo partidario de la CONAIE. Quizás, con sus distancias, Iza es a Lasso, lo que Daquilema fue a García Moreno. Ya se verá…  

El presidente Lasso inicia el año pidiéndonos juntarnos a él y no al “indio anarquista”; sus cajas de resonancia actúan de inmediato, soñando con embajadas, ministerios o por lo menos con más pauta...  Pero aunque Lasso y sus secuaces, nos lo quieran hacer creer, no es Iza quien está encendiendo de nuevo la hornilla que casi hizo explotar esta olla de presión el 2019. Es Lasso, con sus acciones y omisiones, con sus diálogos impostados y sus maneras de mandamás, quien va calentando el ambiente. 

Es su actitud de CEO, que cree que puede lograr lo que quiere, a partir de repartir migajas o del trueque con políticos maleables. El presidente Lasso no debe olvidar que, por él, por su programa, por su imagen, solo votó un 19 % de ecuatorianos, sólo un 0.30% más de los que votaron a Yaku, el candidato indígena. 

En este nuevo año, Lasso frente al espejo, cada mañana, debe repetir: Este es un país, no mi banco. Y aunque los esbirros siempre existirán, el anacrónico huasipungo está ya en el chatarrero de la historia.  

 

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