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28 de Agosto del 2018
Ideas
Lectura: 5 minutos
28 de Agosto del 2018
Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

El mejor Ministro de Economía
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Que no estemos como Venezuela tiene que ver con el sistema monetario, puesto que en lo que se refiere al manejo de la política fiscal, la irresponsabilidad e ineptitud son totalmente coincidentes el correísmo con lo que vivió Venezuela en el chavismo y lo que pasa actualmente con Maduro, y que decir de los temas políticos, de justicia, de institucionalidad, de corrupción y crónica roja, donde parecen ser almas gemelas.

Sentado frente a las hermosísimas playas de Isla Margarita y tomándome un trago de su mismo nombre, reflexionaba sobre cómo la economía ecuatoriana no ha llegado ni de lejos a la debacle en la que se encuentra sumida Venezuela, si es que ambos países fuimos los mejores alumnos de Fidel Castro en el Foro de Sao Paulo y el Socialismo del Siglo XXI.

Y es que los números en Venezuela son simplemente desastrosos. La inflación cerraría el año 2018 en el millón por ciento que es la manifestación final de la quiebra total del Estado venezolano, lo cual genera una pérdida del valor del dinero a una velocidad trepidante (lo que en Venezuela se podía comprar con un bolívar el 1 de enero de 2018, al 31 de diciembre costaría un millón) y la destrucción del sistema de precios como mecanismo de asignación de recursos (el salario mínimo mensual en Venezuela es de 5 millones y medio de bolívares, lo cual equivale a 1 dólar con 50 centavos, mientras el kilo de carne vale 10 millones de bolívares, o sea casi 3 dólares). Su explicación más elemental: el financiamiento de los grandes déficits fiscales a través de la expansión de la base monetaria al infinito. El imperialismo yanqui o la suerte de un complot de las clases altas venezolanas puede ser una explicación creíble solamente para un retrasado mental.  

Así mismo se prevé una caída del producto para este año del 18%, que sumado a las reducciones del 16.5% y 14% en 2017 y 2016 respectivamente, hace que la crisis en Venezuela sea una de las mayores en la historia de la economía moderna. Ello junto al deterioro cada vez más grande de la oferta de bienes públicos (salud, electricidad, agua, transporte y seguridad), y la creciente escasez de alimentos y otros bienes básicos que dizque manteniéndose a precios subsidiados simplemente desaparecieron del mercado, como efecto de las políticas comerciales proteccionistas y/o múltiples expropiaciones de empresas productoras.

Todo lo cual ha generado una oleada impresionante de flujos migratorios (dicen que 1.6 millones en los últimos dos años), que por un lado hace que la crisis ya no sea solamente económica, sino también humanitaria y que por otro lado, comience a advertirse los efectos de contagio a países vecinos. 

Cabe destacar que para el turismo internacional, justamente la híper devaluación del bolívar hace que sea barato visitar ese país y aprovechar la inmensa belleza de sus recursos naturales, aunque concentrado en los pocos pero muy buenos hoteles que todavía quedan -solamente sostenibles gracias a los extranjeros-, para evitar ser presa de la delincuencia y eso sí, haciéndose un poquito duro el corazón de ver tanta pobreza y miseria en los alrededores.  

Por su parte en Ecuador, las cifras de un proceso deflacionario persistente en los últimos meses, la caída de la inversión y el empeoramiento de los indicadores de empleo  evidencian los síntomas de una ralentización de la actividad económica y los estragos reales de la crisis económica heredada del anterior gobierno, pero que ciertamente se encuentran a años luz de las penurias que viven los pobres venezolanos, exceptuando la caja fiscal donde el solo anuncio de revisión de precios de los combustibles me hace pensar que la situación de las finanzas públicas es muchísimo más grave de lo que señalan las autoridades gubernamentales.

La primera explicación que encuentro para estas diferencias es que Ecuador no avanzó en los procesos de expropiación de la actividad privada y el control de precios.  La segunda explicación tiene que ver con el sistema monetario, puesto que en lo que se refiere al manejo de la política fiscal, la irresponsabilidad e ineptitud son totalmente coincidentes el correismo con lo que vivió Venezuela en el chavismo y lo que pasa actualmente con Maduro, y que decir de los temas políticos, de justicia, de institucionalidad, de corrupción y crónica roja, donde parecen ser almas gemelas.  

De allí que resulta justo reconocer  a un actor indiscutible en el performance macroeconómico de Ecuador, al habernos alejado de la miseria en la que viven los venezolanos. Éste se llama dolarización: el mejor ministro de economía que pudimos tener en estos últimos años, por cuanto resultó ser la camisa de fuerza perfecta para controlar a tanto loco que anduvo deambulando por Carondelet en esta última década, y así blindarnos al menos un poco de las garras del populismo y del  trasnochado socialismo del Siglo XXI que lamentablemente desembarcó en el Ecuador, tal cual bucaneros o piratas.

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