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20 de Octubre del 2014
Ideas
Lectura: 7 minutos
20 de Octubre del 2014
Oswaldo Toscano

Profesor universitario, analista político y económico. Escribe para varios medios en América Latina.

El miedo
La perturbación angustiosa del miedo se puede lograr con otras estrategias menos “violentas”: conocer que un político tiene la facultad de infligir castigos, produce miedo, y solo basta el castigo a unos cuantos para dejar una estela de sumisión. Todos van a esforzarse por no caer en desgracia y así su conducta será la del buen súbdito transformado a las normas especificadas por el poder.

"El príncipe debe ser temido y amado, pero como rara vez se dan las dos cosas al mismo tiempo, es preferible ser temido", decía Nicolás Maquiavelo, filósofo y escritor italiano del Renacimiento, en su obra El Príncipe. Es así que a lo largo de la historia, por ejemplo, los gobiernos autoritarios y totalitarios han hecho uso estratégico del miedo con la finalidad de amedrentar y por ese camino dominar la voluntad de las personas que, al sentirse amenazadas, con la ansiedad subsecuente, ceden ante los objetivos del amenazante. El miedo es una sensación útil para la supervivencia pero en exceso produce bloqueo físico y mental. 

Los fascismos que recorrieron Europa en el siglo XX sembraron el miedo como médula espinal del proceso de dominación de las masas. Para ello usaron grupos violentos que eran armados y entrenados con el firme propósito de sembrar desasosiego. En Alemania, la Gestapo creada para combatir cualquier atisbo de disidencia, actuando por sobre la ley, dispersaba el terror entre la población que se oponía al Tercer Reich; los camicie nere (camisas negras) de Benito Mussolini en Italia, vestidos con un sombrío uniforme amenazaban a quienes consideraban traidores; el mismo obscuro papel que cumplía la Brigada de investigación social de Francoen España; entre sus tácticas para generar miedo usaban el hostigamiento a los opositores políticos, confiscación de bienes, amenazas permanentes, muchos eran torturados y luego quedaban en libertad para que pudieran difundir lo que le sucedía a los disidentes y así sojuzgar al resto de la población. 

La táctica de los grupos violentos, la encontramos también durante las dictaduras militares en Latinoamérica durante los setenta, usadas para desalentar a quienes podían amenazar al poder. Las desapariciones forzadas, torturas e incluso asesinatos fueron atribuidos a la temible Dirección de Inteligencia Nacional en los años de la dictadura de Pinochet. Los Tonton Macoute, del dictador haitiano François Duvalier, paseaban por las calles de Port au Prince ocultos bajo unas gafas obscuras con machete en mano intimidando a los ciudadanos y creando ese cerco protector alrededor del líder.

Bajo la dictadura cubana, los Comités de Defensa de la Revolución  (CDR) que tienen entre sus tareas la vigilancia de los opositores al gobierno, actúan como informantes del Departamento de Seguridad del Estado, con ello se ha instaurado una cultura de la desconfianza entre los ciudadanos, la incertidumbre de no saber para que “bando” informan vecinos, amigos o incluso parientes, eliminan cualquier posibilidad de organización no afín al gobierno. Los ataques de los Tupamaros a los negocios de personas que representan lo que ellos catalogan como oligarquías, así como los ataques de los llamados colectivos han socavado la voluntad de muchos venezolanos que incluso han tomado la vía de la expatriación. Los miles de cederristas cubanos que abundan en las instituciones públicas venezolanas han implantado un régimen de vigilancia contra los sediciosos con metodología cubana. 

La perturbación angustiosa del miedo se puede lograr con otras estrategias menos “violentas”, como por ejemplo, conocer que un político tiene la facultad de infligir castigos, produce miedo, y solo basta el castigo a unos cuantos para dejar una estela de sumisión, después de eso todos van a esforzarse por no caer en desgracia y así su conducta será la del buen súbdito transformado a las normas especificadas por el poder.

Es lo que sucede con la liquidación de la imagen pública que practican algunos gobiernos de corte totalitario contra periodistas y oposición, basta un par de calificativos hirientes o burlescos muy bien difundidos, mass media y réplicas en las redes sociales, para terminar con la carrera del infortunado y con ello el silencio de muchos más, que paralizados por el miedo a ser exfoliados en público prefieren el silencio autoinflingido. Los medios afines a los políticos, algunos comprados con publicidad estatal, otros sencillamente incautados, colocan grandes titulares contra el afrentado, las réplicas en redes sociales están a cargo de trolls, versión virtual de los cederristas, que además de replicar se encargan de amedrentar con insultos de grueso calibre, se ha sembrado así el germen del miedo a expresarse libremente.

El aislamiento también produce miedo, estos regímenes prohíben las reuniones, organizaciones, asociaciones que tengan vicios de sedición o disidencia; se los aísla mediante el escarmiento público colocándoles etiquetas cargadas de juicios de valor negativos, la gente empieza a tener miedo de reunirse con estas personas o de apoyar sus ideas; esto ha sucedido con comunistas, judíos, capitalistas, empresarios, etc. etiquetas usadas en diferentes épocas por gobiernos para soslayar la librea asociación y  el libre pensamiento, mecanismo tan nefasto para los totalitarios.

Otra forma de aislar es obtener el aval de países amigos u organizaciones que “defienden los derechos humanos”.  Haber alcanzado un puesto en el consejo de seguridad de la ONU ayuda al gobierno del presidente Maduro para aislar aún más a la población, incluida la despistada oposición, que no está de acuerdo con su gobierno.

Los enemigos reales o imaginarios, el nacionalismo desmedido, las conspiraciones, la manipulación emocional son otras formas que toma la estrategia del miedo para obtener  la sumisión del individuo. Los autoritarios y totalitarios hacen uso recurrente de estrategias que cohesionen a las masas alrededor del proyecto político o del líder y no existe mejor tragacanto que el miedo y la aversión entre personas para lograr dicha cohesión, como menciona el filósofo José Antonio Marina sobre una conocida ley sociológica, una sociedad que siente miedo tiene la necesidad de contar con un brazo fuerte que la proteja.

[PANAL DE IDEAS]

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