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30 de Abril del 2019
Ideas
Lectura: 4 minutos
30 de Abril del 2019
Juan Cuvi

Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum, Cuenca. Exdirigente de Alfaro Vive Carajo.

El ministro Pérez ya no puede hacernos los chinos
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Durante una década nos hicieron los chinos con una propaganda atosigante a favor de un proyecto que supuestamente defendía los intereses nacionales. Hoy, ante las urgencias de la crisis, al gobierno de Moreno no le queda más que quitarse la máscara que le dejaron como herencia.

El ministro de Energía acaba de trazar la cancha sobre el modelo económico que rige en el país. Su afirmación de que “la minería va porque va” permite hacer dos aproximaciones a un entramado que ya no puede ser disimulado.

La primera aproximación es de corte político y jurídico. Evidencia que el gobierno está dispuesto a imponer una política de Estado inclusive atropellando la Constitución y las decisiones judiciales. La categórica declaración del ministro –más apropiado sería decir la desafiante declaración– aparece luego de que una consulta popular y una sentencia dieran la razón a dos comunidades que rechazan los proyectos extractivistas en sus territorios.

La segunda aproximación nos remite al campo de la economía y la producción. En efecto, anclarse contra viento y marea en una estrategia de explotación minera implica la aceptación del rol asignado al Ecuador en la economía capitalista. Ratifica nuestro papel de simples proveedores de materia prima en el mercado global. Y, de paso, oficializa una lógica productiva donde los negocios se imponen a los derechos.

Anclarse contra viento y marea en una estrategia de explotación minera implica la aceptación del rol asignado al Ecuador en la economía capitalista. Ratifica nuestro papel de simples proveedores de materia prima en el mercado global. Y, de paso, oficializa una lógica productiva donde los negocios se imponen a los derechos.

La situación nos obliga a una reflexión más profunda, que tiene que ver con un modelo económico aplicado durante los última dos décadas, prácticamente desde que salimos de la quiebra bancaria e ingresamos al ciclo de la segunda bonanza petrolera. La articulación de nuestra economía a los intereses chinos, que empezó con el gobierno de Lucio Gutiérrez, es esencial en este análisis.

Paradójicamente, fue durante el autodenominado gobierno progresista de Alianza PAIS que este esquema de subordinación económica operó con mayor eficiencia. Al margen de la verborrea antiyanqui oficial, el régimen aceptó una dependencia total de la nueva potencia hegemónica en la región. La retórica antimperialista quedó para la tribuna. Hoy los chinos pescan en nuestros mares como en su casa.

Uno de los requisitos para que este proceso de dominación funcionara fue la neutralización de la resistencia social. Cooptar, perseguir o reprimir a los movimientos sociales fue la tónica durante diez años de autoritarismo. La finalidad de ese control estuvo hábilmente camuflada bajo una agresiva propaganda refundacional. El cambio de época que nos vendió el correato no fue más que un reacomodo a las nuevas condiciones del capitalismo mundial.

La fórmula funcionó mientras hubo suficientes recursos publicitarios para convencer a la mayoría de los ecuatorianos de la supuesta irracionalidad de la resistencia social. La agenda de los derechos ambientales, culturales y territoriales fue perversamente estigmatizada.

Sin embargo, bastó una pequeña apertura democrática para que esa agenda alternativa irrumpiera en el escenario político nacional. La reinstitucionalización promovida por el actual gobierno terminó siendo aprovechada por aquellos actores que fueron acallados durante el correato. Esto, precisamente, es lo que acaba de desquiciar al ministro de Energía.

Durante una década nos hicieron los chinos con una propaganda atosigante a favor de un proyecto que supuestamente defendía los intereses nacionales. Hoy, ante las urgencias de la crisis, al gobierno de Moreno no le queda más que quitarse la máscara que le dejaron como herencia.

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