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5 de Mayo del 2015
Ideas
Lectura: 6 minutos
5 de Mayo del 2015
Andrés Ortiz Lemos

Escritor y académico.

El ocaso del populismo sanduchero
El "populismo sanduchero" consiste en una negociación según la cual el líder, o caudillo entrega algo a cambio de la aclamación popular. Pero una multitud que ha entendido las reglas del liderazgo transaccional, seguirá a su jefe siempre y cuando este tenga algo que ofrecer, y lo rechazará en cuanto deje de recibir lo que quiere.

En 1982 la dictadura argentina atravesaba un momento difícil. Los poco disimulados atropellos a los derechos humanos, la aberrante restricción de las libertades individuales, la censura omnipresente a los medios de comunicación, y la persecución de todo cuanto pareciese una voz crítica, habían erosionado de manera alarmante la, minúscula, popularidad de la "junta". Se necesitaba una maniobra urgente para dotar de legitimidad al gobierno antes que un estallido social desbordara las estrategias disciplinarias de los órganos represivos. Bajo esas circunstancias una desesperada solución fue propuesta, como era predecible se trató de una operación militar enfocada en resaltar el valor y gallardía de las fuerzas armadas. 

El 2 de abril de 1982, una bien dotada guarnición de fuerzas especiales logró doblegar de manera efectiva a unos pocos pastores de ovejas y a una docena de militares británicos que cumplían labores de mantenimiento en las islas Falkland (Malvinas). La pintoresca hazaña tuvo un efecto inmediato. Apenas conocida la noticia, una inmensa multitud colmó la plaza de mayo pregonando vivas y elogios hacia los valerosos líderes militares. Por fin, las inhóspitas islas Malvinas pasarían a ser parte del territorio argentino, ¿qué importaban los años de sometimiento y humillación? este era un día de fiesta y se debía rendir pleitesía al General Galtieri y sus heroicos oficiales.

Pero los 15 minutos de gloria de la junta militar no duraron mucho tiempo. Los británicos, no tenían intención de permitir que miles de civiles inocentes sean sometidos a los caprichos de la dictadura más sanguinaria del momento (que había torturado y desaparecido a treinta mil personas), y decidieron intervenir. La humillante derrota sufrida a manos de los ingleses arrancó de un solo golpe la venda en los ojos de la población y en pocos meses la sociedad civil organizada y la ciudadanía se sumaron a las protestas para exigir la democracia.

El caso argentino, en el 82, es uno de los muchos ejemplos de cómo aún los regímenes autoritarios pueden ganarse la simpatía, temporal, de las masas si es que echan mano del liderazgo transaccional. Este tipo de liderazgo (al que también podría llamarse "populismo sanduchero" -usando licencia poética-) consiste en una negociación según la cual el líder, o caudillo entrega algo a cambio de la aclamación popular. Pero una multitud que ha entendido las reglas del liderazgo transaccional, seguirá a su jefe siempre y cuando este tenga algo que ofrecer, y lo rechazará en cuanto deje de recibir lo que quiere.

No, no se trata simplemente de sánduches aderezados con camaradería popular, o suculentos cuartos de pollo repartidos desde automóviles anónimos. No es tan simple. Alguien podría decir que la verdadera transacción esta dada por bonos, programas sociales, y puestos estatales. Sin embargo esta circunstancia tampoco explica del todo la movilización de colectivos incondicionales a los caudillos. La causa más profunda es freudiana, y está basada en la necesidad de las multitudes vulnerables y poco críticas de contar con una figura paterna, un líder que les ofrezca la ilusión de seguridad y el sentido de pertenencia que requieren. Una autoridad con quien identificarse y hacia quien proyectar sus propias aspiraciones y deseos.

Trujillo tenía hordas organizadas que lo vitoreaban cada vez que llegaba a algún lugar. Pinochet y a Franco aún son recordados con regocijo entre círculos afines a sus doctrinas, y a menudo se organizan bien nutridas manifestaciones que aclaman su memoria con frenesí. Robert Mugabe el disparatado tirano tropical que rige Zimbawe, no tiene problema en organizar manifestaciones de apoyo al régimen cada vez que lo necesita. Por supuesto en todos estos casos había dádivas, posiciones, aguinaldos, y botanas, para los incondicionales seguidores del caudillo, pero esto era secundario. La verdadera transacción consistía en intercambiar el apoyo acrítico de las multitudes por elementos como seguridad, pertenencia y espíritu de cuerpo. Así funcionan los colectivismos.

Afortunadamente el pensamiento crítico, el ejercicio intersubjetivo de la esfera pública, y la dinámica comunicativa entre individuos racionales pueden contrarrestar efectivamente este tipo de fenómenos. Tomemos como ejemplo el caso ecuatoriano: el pasado primero de mayo los grupos no afines al correismo lograron consolidar una multitud notablemente superior a aquella congregada desde el liderazgo transaccional de la revolución ciudadana. En la marcha oficial tuvimos a miles de personas reunidas bajo un único modo de pensar, mientras que en la marcha crítica asistimos al encuentro espontáneo y autónomo de miles de forma de pensar que se hicieron  oír como sujetos críticos (esta frase se la he robado, impunemente, al caricaturista e ilustrador Fabián Patinho). 

El florecer de acciones colectivas críticas, y auto convocantes ofrece una señal muy positiva acerca de la regeneración paulatina de la proto esfera pública ecuatoriana. Esto plantea un alentador escenario para el advenimiento de movimientos sociales que puedan ofrecer propuestas al autoritarismo consensual de la revolución ciudadana. Por supuesto los aparatos disciplinarios del estado tratarán de negar este fenómeno. En efecto los medios oficiales han hecho un esfuerzo sin precedentes para negar la contundencia de la marcha de actores críticos en el primero de mayo. Sin embargo la "realidad oficial" no siempre se compadece con la "realidad objetiva". Regresemos al ejemplo del principio, y recordemos como los medios oficiales de la dictadura argentina, en el 82, anunciaban en coloridos titulares que se estaba ganando la guerra, precisamente cuando todo estaba perdido y el gobierno disciplinario se enfrentaba a su peor crisis.

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