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14 de Noviembre del 2016
Ideas
Lectura: 5 minutos
14 de Noviembre del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

El Outsider
Convertido en una celebridad mediática, Trump llega a la presidencia de los Estados Unidos después de rentabilizar su gran capacidad de penetración en la opinión pública, y posteriormente por crear una imagen pública de empresario exitoso y motivador. Sean o no ciertas estas características, su aceptación en el público consumidor del segmento blanco, al que estaba dirigido esa narrativa, lo encumbró en las encuestas en la recta final de la disputa.

La victoria de Donald Trump deja algunas lecciones para la comprensión de la política. Demuestra que un aspirante a político sí puede ganar unas elecciones aun sin tener una trayectoria militante, ni trabajo de campo. Puede arrasar en las elecciones aun enfrentándose en contra de adversarios con mayores credenciales partidistas, experiencia en gestión pública o reconocimientos académicos.

Clinton fue derrotada aun con un impresionante currículo. Graduada y postgraduada en ciencia política y derecho, Clinton ha recibido una decena de doctorados honoris causa y más de una docena de reconocimientos por su militancia a favor de los derechos de las mujeres.

Con casi medio siglo de militancia en el Partido Demócrata, se convirtió en senadora de los Estados Unidos de 2001 a 2008 y en secretaria de estado de 2009 a 2013. Pero su carrera política inició como primera dama del estado de Arkansas de 1983 a 1992 y después como primera dama de los Estados Unidos de 1993 a 2001, cuando su esposo, Bill Clinton, ejerció como gobernador y presidente.

Veinte años después de haber ejercido todos estos cargos políticos, Clinton se retira de la secretaria de estado para anunciar en 2015 su regreso a la arena electoral como candidata presidencial.

Donald Trump no tiene carrera política ni partidista. Tampoco tiene doctorados honoris causa, ni una bandera de lucha ideológica. Nunca fue constante en los partidos. Perteneció a tres, en los que se cuenta uno populista. Primero fue del Partido Demócrata, luego del Republicano, otra vez del Demócrata y después de nuevo del Republicano, para formar parte del Partido de la Reforma que en las elecciones de 1998 consiguió la gobernación de Minnesota postulando a un boxeador. Volvió al Partido Republicano en 2012, para convertirse en candidato presidencial tres años después.

Trump es un multimillonario cuya fortuna se estima en más de 4,5 mil millones de dólares. Se trata de un empresario inmobiliario y celebridad televisiva, que se hizo famoso con programas de entretenimiento y telerrealidad, con enfoque sobre finanzas, emprendimiento y autosuperación.

Convertido en una celebridad mediática, Trump llega a la presidencia de los Estados Unidos después de rentabilizar su gran capacidad de penetración en la opinión pública, y posteriormente por crear una imagen pública de empresario exitoso y motivador. Sean o no ciertas estas características, su aceptación en el público consumidor del segmento blanco, al que estaba dirigido esa narrativa, lo encumbró en las encuestas en la recta final de la disputa, aun con los enormes esfuerzos de las cadenas televisivas que intentaron frenar infructuosamente su escalada. El mensaje es claro: una imagen sólida puede derrotar cualquier campaña negativa.

Trump enfrentó su campaña con gran eficacia. Su discurso polémico lo mantuvo en la mira de los medios de prensa, sus ataques públicos impactaron en la sensibilidad de su electorado, su narrativa de resentimientos estuvo dirigida a conseguir conectar con las emociones de un electorado molesto con el sistema representativo dominante. Trump hizo bien sus deberes de campaña y obtuvo sus resultados. Trump es el gran outsider de la política que nadie quiso mirar.

Las elecciones presidenciales estadounidenses marcaran un hito. Se trata de la reposición de los outsiders en la política electoral. Outsider es un término anglosajón que literalmente quiere decir “forastero” y políticamente se refiere a quién se encuentra en la periferia del sistema político.

Trump es un forastero de la política convertido en presidente de la nación más poderosa del mundo tras aplicar mejores y más simples criterios de campaña y de propaganda política.

Convertido en un fenómeno populista, este nuevo inquilino de la Casa Blanca llega en un momento de recambio generacional, cuyos viejos actores temen que estos nuevos liderazgos lleguen a los públicos con eficacia, conecten con los electores, interpreten sus sensibilidades, ganen su apoyo y se alcen con todo: curules, votos y legitimidad.

El triunfo de Trump me parece espantoso. Pero también es cierto que él ganó, y contestar cómo lo hizo nos puede ayudar a entender cómo hacerlo nosotros también.

@ghidalgoandrade

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