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4 de Octubre del 2016
Ideas
Lectura: 6 minutos
4 de Octubre del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

El Pacto Ético
Si un “pacto ético” es, por tanto, un acuerdo voluntario adoptado entre disimiles y que se refiere al respeto humano, ¿cómo creerle a alguien que no respeta a sus adversarios, a sus críticos y a sus disimiles, que los insulta, los agrede y los segrega?

El Colegio 24 de Mayo, en Quito, fue la sede política de la inauguración del III Encuentro Latinoamericano Progresista (Elap). El teatro estudiantil de esa institución educativa fue el lugar de encuentro momentáneo de las decenas de partidos, movimientos y organizaciones afines al chavismo. Salvo los socios ideológicos en Brasil, Bolivia, Cuba, España, Nicaragua y Venezuela, todos los partidos visitantes son organizaciones políticas de extrema izquierda, comunistas y con escasa representación parlamentaria en sus propios países.

Nadie se presentó del Partido Socialista argentino, del Partido Socialista de Chile, del Partido Revolución Democrática de México, de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania o del Partido Socialista francés, por ejemplo. Y para mayor detalle, todos estos son liderados por respetables políticos a los cuales costaría mucho llamar como populistas.

Después de una breve búsqueda en la página web del evento, desde que el encuentro fuera celebrado en 2014, se puede encontrar que los temas siempre son los mismos: la adoración a un mesianismo chavista, el cómo salvarse de un golpe imaginario y sobre los pretextos para perpetuarse en el poder. Todo es grandilocuente aquí: su proceso es una leyenda que jamás ha existido en ningún país; su patria fue dignificada desde su llegada y engrandecida gracias a ellos; su trabajo es un ejemplo para el mundo entero y es apoyado por todos los pueblos, todas las sociedades, todas las naciones y todo dicho en plural para que suene masivo, pomposo e inalcanzable.  Es la política desde la estratósfera. Pero ¿qué pasa aquí, en la tierra de los mortales? 

El encuentro, como reza literalmente en su página web, fue organizado por el Movimiento Alianza PAÍS. Ya ni siquiera se guardan las formas. El ELAP, por sus siglas, fue un encuentro de organizaciones políticas dedicado a propagar sus iniciativas ideológicas y al proselitismo durante horas de clase en una institución educativa. En este encuentro violaron todo lo que prohíbe la disposición general cuarta del Reglamento General a la Ley Orgánica de Educación Intercultural expedido el 2012, durante el gobierno progresista de la Revolución Ciudadana. ¿Acaso la prohibición de realizar actos de proselitismo no se aplica para los revolucionarios correístas?

Pero el entuerto no termina aquí porque la reunión tuvo como motivo el apoyo al Pacto Ético propuesto por el presidente Rafael Correa para las próximas elecciones presidenciales y legislativas en Ecuador.
Un pacto para ser considerado como tal debe comprometer a dos o más partes distintas a cumplir con ciertas estipulaciones tratadas concertadamente. El trato concertado supone un acuerdo, y un acuerdo presupone a su vez una decisión adoptada voluntariamente.  Entonces, un pacto es el acuerdo alcanzado voluntariamente entre varios disimiles.

Lo ético es aquello recto, conforme a la moral, al entendimiento o a la conciencia, que concierne al fuero interno o al respeto humano, y que responde a estos elementos más que al orden jurídico.

Si un “pacto ético” es, por tanto, un acuerdo voluntario adoptado entre disimiles y que se refiere al respeto humano, ¿cómo creerle a alguien que no respeta a sus adversarios, a sus críticos y a sus disimiles, que los insulta, los agrede y los segrega? ¿Cómo creer en un acuerdo que no es pactado, que no incluye a los disimiles, que no es concertado, que no es negociado, que no es ético y que es propuesto por quién no es capaz de respetar su propia ley?

El sábado pasado, durante la quinta convención del movimiento Alianza PAÍS, el partido oficialista, el gobierno en sus manos y el Estado de todos los ecuatorianos se fundieron en uno sólo corpus, sin ninguna consideración ética. Los medios públicos e incautados transmitieron de principio a fin un acto proselitista que concierne a un solo partido político como una manifestación inmoral que parece pactada.
Ninguna de las autoridades electorales, las de control del gasto público, las de regulación de la comunicación, pronunciaron una sola palabra al respecto, mientras los bienes públicos y confiscados ahora en manos del partido de gobierno, se utilizaban para favorecer a los intereses parciales de un solo grupo en el poder. ¿Acaso no hay ninguna consecuencia legal para aquellos particulares que se beneficiaron por el desvió de los bienes y recursos públicos?

Se inventaron la tontería del linchamiento mediático para proteger a los funcionarios frente a las pesquisas informativas que realizaran los periodistas y la opinión pública. Así lo indica el primer artículo de la Ley de Comunicación, que es una norma para el ámbito del derecho funcionarial. Pero estos mismos genios no fueron capaces de incorporar ninguna forma legal para proteger a los ciudadanos de la colusión mediática que es el pacto para favorecer deliberadamente a una persona o conjunto de personas, para generar asimetrías tramposas en el acceso a la información sobre el poder o para insultar sin consecuencias a los críticos al gobierno.

Para estos pactos sí son buenos estos revolucionarios, sobre todo ahora que tambalean en su cómodo sitio de privilegios.

@ghidalgoandrade

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