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21 de Octubre del 2013
Ideas
Lectura: 6 minutos
21 de Octubre del 2013
Juan Carlos Calderón

Director de Plan V, periodista de investigación, coautor del libro El Gran Hermano. 

El proyecto
Si es posible que una visión reaccionaria sobre el cuerpo de las mujeres se imponga; si es posible esto y mucho más, pregunto amigos de la izquierda correísta: ¿cuál "carajo" es el proyecto?

Resulta que se ha armado tremendo alboroto porque algunos asambleístas de Alianza País han reculado de principios que decían sostener, como el de los derechos sexuales de las mujeres.

Les tengo una noticia: que aquellos quienes decían defender principios reculen una vez más y cedan su dignidad a cambio de no salirse de la foto ni de la chamba, no es noticia.

Para la izquierda cuya única tarea ahora es dotar de retórica al correísmo, no es novedad eso de cambiar unos principios por otros. Es más, desde que llegaron al Gobierno, ha sido una masacre de principios.

Esta matanza empezó con Dayuma, según recuerdo. Los defensores de derechos humanos con cargo de ministros, subsecretarios y asambleístas guardaron silencio frente a las cabezas reventadas, las patadas en las puertas, el terror de los niños amazónicos, los culatazos en la cara, los cuerpos arrastrados, los arrestos ilegales. Guardaron silencio por el proyecto, claro.

Luego ocurrió que los periodistas de la prensa no oficialista, esos que no gustan a las diosas del Olimpo, revelaron sistemáticamente una serie de casos de corrupción que involucraban desde familiares hasta funcionarios del gobierno. Y en lugar de exigir una revolución ética, que fue lo prometido en campaña, se encargaron de ajustar el bozal político y judicial para que esa misma prensa no siga denunciando. Recuerdo algunas frases célebres cuando salieron a la luz los contratos de empresas vinculadas al Gran Hermano: tiene derecho a trabajar como cualquier ecuatoriano. O: es la prensa la que se encarga de inflar estos casos para afectar al Gobierno de la revolución. Y se unieron al coro de epítetos: buitres, enanos mentales, prensa corrupta, mercantilistas.

Y con ese coro buscaron silenciar casos más que evidentes, como las ambulancias que no eran, los chalecos réflex que no eran, los contratistas chimbos de las viviendas, los contratos a dedazo con las emergencias, los costos y los anticipos del 90% de las lindas carreteras, los seguros que no se reaseguraron, los canales de agua sin agua, los costos de las prisiones de lujo, los comecheques, los costos de los lindos edificios de la reforma a la justicia, los contratos con China y un sinfín de temas que llevaría mucho tiempo sólo mencionarlos. Pero guardaron silencio, por el proyecto, claro.

Pero no sólo fue eso, sino que -además- esa izquierda se propuso evitar la fiscalización al Gobierno y la satanizó como obra de politiqueros. Llegaron al colmo de lograr la impunidad de un primo en segundo grado que no sólo engañó al país y al propio Presidente con su título falso sino que se fue a Miami muy campante sin rendir cuentas sobre los manejos en el Fideicomiso AGD No Más Impunidad, ni sobre los préstamos concedidos por el Banco Cofiec a una veintena de beneficiarios, uno de ellos el famoso Gastón Duzac. Garantizaron la impunidad, por el proyecto, claro.

Después asoma una madre que denuncia la violación de su hija, supuestamente por parte de un pariente de otro alto funcionario, y aparece el caso Glas Viejó.  Y a la par aparecieron las mismas defensoras de los derechos sexuales, esta vez para decir que este era un caso político que la oposición usaba para perjudicar a uno de los más revolucionarios líderes.  Los derechos de la niña no importaron, los derechos de la madre tampoco. El señor también está fuera del país y el caso está congelado, y las señoras que se rasgan las vestiduras porque se permita el aborto por violación guardan silencio. Por el proyecto, claro.

¿Otra masacre? Durante seis años convencieron a la sociedad ecuatoriana y a las personas de buena voluntad del mundo de que era sincera su promesa de proteger la naturaleza. Y el proyecto Yasuní ITT fue el símbolo de ello. Hasta se ponían bravos y declaraban traidores e inconsecuentes a aquellos que tuvieran una sombra de duda al respecto. Pero bastó un día, un cambio de timón del líder, para que lo que antes era blanco se convirtiera en negro y fuera defendido con la misma rabia. Y que los ecologistas que antes eran sus aliados fueran convertidos en enemigos y hasta en tontos desubicados por no entender las bondades del extractivismo petrolero en una reserva de la biósfera. Por el proyecto, claro

Podría pasarme horas escribiendo sobre otras historias similares, cuya trama tiene que ver con la entusiasta participación de la izquierda en haber construido un poder incontrastable; permitir que ese poder se sustente en una sola persona o un grupo mínimo cercano (y que tome las decisiones que competen a toda la sociedad); permitir que ese poder llegue hasta donde haya llegado sobre la base del miedo y el fanatismo; permitir que ese poder se crea (y sea)  intocable, y permitir -por fin-  que ese poder dinamite sistemáticamente, de acuerdo a la conveniencia política,  las promesas progresistas de la sociedad ecuatoriana. Todo por el proyecto, claro.

Entonces sólo me queda una pregunta: si es posible silenciar la denuncia a la corrupción y consolidar la impunidad; si es posible callar frente a atropellos a los derechos humanos y justificarlos; si es posible justificar la violación a una niña para proteger a un muy importante dignatario; si es posible pasar del ecologismo al extractivismo con el mismo entusiasmo; si es posible que una visión reaccionaria sobre el cuerpo de las mujeres se imponga; si es posible esto y mucho más, pregunto amigos de la izquierda correísta: ¿cuál "carajo" es el proyecto?

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