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22 de Abril del 2020
Ideas
Lectura: 10 minutos
22 de Abril del 2020
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

El regreso al paternalismo
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Los médicos están demostrando el valor de la interdisciplinariedad al constituir equipos de especialistas en distintas ramas. Economistas, politólogos, sociólogos, historiadores están llamados a pensar juntos el nuevo mundo que se nos viene. Repensar la relación entre estado, mercado, sociedad, política, economía, psicología social.

La cuarentena le ha dado al Estado un rostro familiar. Éste deja de ser una abstracción; se asemeja más a una casa. Es como si todos hubiéramos vuelto a la niñez, cuando nos estaba prohibido salir, sin el permiso de nuestros mayores. Ellos, los mayores, nos indicaban lo que podíamos hacer y lo que nos estaba prohibido. La calle era un lugar peligroso.

La sociedad, a su vez, ha vuelto a etapas menos artificiales, más amigables con la naturaleza. Se experimenta una suerte de atomización social. La economía deja de ser política y vuelve a “su concepción original, oikos, como forma de administrar la casa” ( María Herrera, El Comercio, 21 de abril de 2020). 

Tampoco la política ha quedado indemne. Los conceptos de polis y de civitas: “estar juntos entre extraños” y “aquel sujeto que habita la ciudad” (Julio Echeverría, Cuestiones urbanas, 2017) se han suspendido o redimensionado.

Hoy, como en el pasado, nos vemos obligados a obedecer, no por sumisos, sino por autoprotección. La desobediencia se cuela peligrosamente por sus efectos sobre los que desobedecen y sobre los que sí obedecen, aunque no hay que ignorar los factores sociales que están detrás, como la informalidad. 

La autoridad -el COE- asume ese rol paternal. Nos indica lo que debemos hacer para no contagiarnos. Y los infractores son castigados. Los salvoconductos regulan la circulación de los autos.  La democracia se ve interferida por la imperiosidad del orden y la disciplina que en estos momentos prevalecen sobre la libertad. Hay libertad de pensamiento y expresión, pero no una opinión pública amplia y crítica.

Las ideologías se relativizan. Los postulados liberales y socialistas no tienen plena aplicabilidad. Primero está la vida antes que la economía y la economía antes que la política. No hay libre mercado ni estado regulador. Más que a las leyes se apela a la voluntad. Las personas cuentan más que las instituciones. El mundo de las abstracciones teóricas y filosóficas tiende a apartarse de la realidad y de la practica.

La paralización de las actividades productivas y mercantiles altera el orden de prioridades. En el espacio doméstico, la urgencia se impone sobre las generalidades. Hoy se trata de salvar el empleo, y ello, a la vez, exige evitar la quiebra de las empresas. Los bancos deben flexibilizar las condiciones del crédito. Las cadenas productivas y de valor sufren quebrantos. 

El  proyecto de Ley de Apoyo Humanitario busca paliar el impacto de la pandemia sobre los más pobres. Se trata de alcanzar la contribución de los que más tienen, en tanto accionistas o empleados de las empresas que tuvieron elevadas utilidades en el 2018. Estas contribuciones solidarias deben estar acordes con la situación particular de las empresas y de los empleados. Se propone que el lucro se subordine a la acción humanitaria. Hacen falta acuerdos temporales para evitar los despidos, entre patronos y trabajadores.  

El desplome del precio del petróleo agudiza la escasez de recursos. Las exportaciones de los demás productos también han disminuido y ello, pone en riesgo la dolarización. Hay que volver los ojos hacia adentro, hacia el agro, estimular las actividades  productivas locales, sustituir importaciones. 

En estas condiciones, la política cobra otro sentido. Lo doméstico se ha vuelto un tema de interés público. Las funciones del estado deben acortar distancias con la vida de la gente. Se vuelven necesarios los organismos multifuncionales que existían en el pasado, como la Junta Monetaria y un consejo nacional de economía y desarrollo, con representación del sector público, privado, universitario y gremial. Hay que disminuir la distancia entre políticos y ciudadanos, entre representantes y representados. Los cálculos electorales son una extravagancia en estas condiciones. Los legisladores, más que representantes de cenáculos partidarios, deben actuar como representantes de quienes más sufren. 

Hay que construir  un liderazgo social que abarque a gobernantes y ciudadanos. El gobierno nacional y algunos gobiernos locales han asumido muchos riesgos y  tomado acciones de mucho valor humanitario.

En la pandemia, la escasez no solo atañe a la economía sino al conocimiento. La lucha contra el coronavirus enfrenta ese escollo. Es un virus nuevo sobre el que no existe aún mayor conocimiento. Los esfuerzos de los científicos son intensos, pero aún no hay conclusiones definitivas. 

Los médicos están demostrando el valor de la interdisciplinariedad al constituir equipos de especialistas en distintas ramas. Economistas, politólogos, sociólogos, historiadores están llamados a pensar juntos el nuevo mundo que se nos viene. Repensar la relación entre estado, mercado, sociedad, política, economía, psicología social.

También los espacios de la educación se han visto afectados. La clase media también se ve constreñida. Sus espacios de expresión se limitan por el confinamiento obligado. La educación virtual es una nueva experiencia para la que no todos los educandos están habilitados. También en este caso abundan las diferencias originadas en las limitaciones económicas que afectan a millares de jóvenes. 

La tecnología también tiene que ser manejada con otro sentido. “En la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad” (Gandhi).∫ “Hoy, todo el mundo sufre la enfermedad del tiempo. Todos pertenecemos al mismo culto a la velocidad”  (Carl Honoré, Elogio de la lentitud, 2010).

La obsolescencia derivada de ese vértigo, dejó de ser instantánea, por obra de la pandemia. La durabilidad de las cosas es mayor. El ritmo de vida se ha desacelerado. La pandemia ha dado paso a la lentitud, revelando lo pernicioso del vértigo.

“En el sobrecargado Servicio de Salud Nacional británico, el tiempo medio que dura la visita al médico de cabecera es de unos seis minutos. Incluso en los hospitales privados y bien costeados, los médicos son presa del virus de la prisa” escribe Honoré.

También los jóvenes “se han convertido en un discípulo de la prisa”. Harry Lewis, decano de la escuela para estudiantes no graduados de Harvard,  mandó este mensaje a los estudiantes: “Al aconsejaros que penséis en ir más despacio y limitéis vuestras actividades estructuradas, no pretendo quitaros la ilusión de los grandes logros, de sobresalir todo lo posible, pero es más probable que mantengáis el intenso esfuerzo necesario para hacer algo importante si os concedéis períodos de ocio, de diversión y de soledad”. Agrega Honoré. ¿Qué les espera a los jóvenes? ¿Cómo atisbar su futuro? ¿Cómo conciliar el presente con el futuro? La educación tiene que reinventarse.

Las expresiones artísticas han adquirido nuevo valor. “En catástrofes individuales o colectivas, los lectores recurrimos a la literatura (…) la mayor parte de los habitantes del planeta no son lectores (…) recurren a imágenes, recurren a gente que les cuente historias (…) es útil leer Robinson Crusoe está aislado, tiene que construirse una sociedad, un mundo con lo que tiene (…). La literatura es una extensión del pensamiento y necesitamos pensar para saber que estamos sobreviviendo” (Alberto Manguel, El País, 18 de abril de 2020). 

La pandemia nos plantea un escenario inédito en el que debemos volver a repensar lo que hemos hecho con nuestro entorno. “A principios del siglo XX mi abuela se bañaba en el Machángara, la gente paseaba por las orillas y había arrayanes” (Santiago Páez, El Comercio, 20 de marzo del 2020).

Jurgen Habermas en su primer artículo largo publicado en la prestigiosa revista Merkur escribía: “La dialéctica de la racionalización” para analizar la alienación que generan tanto el trabajo en cadena como el consumo sin freno”(El País, abril 4 de 2020).

Es un gran desafío para las ciencias sociales su función en esta soledad colectiva; su departamentalización, les separa, y les impide ver el bosque. Los médicos están demostrando el valor de la interdisciplinariedad al constituir equipos de especialistas en distintas ramas. Economistas, politólogos, sociólogos, historiadores están llamados a pensar juntos el nuevo mundo que se nos viene. Repensar la relación entre estado, mercado, sociedad, política, economía, psicología social. 

Hay que buscar principios de aglutinación que afiancen nuestro  ser nacional, desterrando todo vestigio de regionalismo y de ultranacionalismo.

Debemos aprender a convivir con nuestra fragilidad humana. 

 

[PANAL DE IDEAS]

Fernando López Milán
Mauricio Alarcón Salvador
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