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23 de Mayo del 2016
Ideas
Lectura: 8 minutos
23 de Mayo del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

El triunfo de la estupidez
Las libertades de opinión y de expresión, la separación de poderes, los límites al ejercicio del poder, la transparencia en la administración de las cuentas y la moral pública son algunos de los elementos más representativos, además de muchos otros, que demuestran que esta década será recordada como la derrota de la democracia.

El periodo posterior a la postguerra en Gran Bretaña, la depresión económica latinoamericana de los ochenta y el colapso japonés de los años noventa fueron considerados por los expertos como periodos perdidos para la economía. De ahí proviene la expresión “década perdida”. Por extensión, ya empieza a escucharse lo mismo de la economía ecuatoriana de los últimos diez años. Pero ¿cómo hacer una evaluación desde la perspectiva democrática?

Durante los últimos diez años de gobierno han existido diferentes formas de degradar la democracia. Los avances del republicanismo durante los últimos tres siglos se convirtieron en los blancos de lo que podría considerarse como de la década perdida del correísmo.

Hay cosas que nos parecen tan necesarias como el aire, que olvidamos que tuvieron un principio, dice Ana Martínez Arancón en su libro “La revolución francesa en sus textos”. Olvidamos, dice esta autora, que “millones de hombres nacieron y murieron sin conocerlas, y que otros hombres, con su deseo y con su sangre las adquirieron para nosotros”.

Las libertades de opinión y de expresión, la separación de poderes, los límites al ejercicio del poder, la transparencia en la administración de las cuentas y la moral pública son algunos de los elementos más representativos, además de muchos otros, que demuestran que esta década será recordada como la derrota de la democracia.

Desde que el derecho humano a la comunicación e información se convirtiera en un servicio estatal, el gobierno del presidente Correa se ha obsesionado con aplastar a los medios de información y a los periodistas independientes. Fundamendios registra 1583 agresiones en contra de la libertad de expresión y 207 sanciones a medios y periodistas, solo en este gobierno.

Plan V, Mil Hojas, Focus y otros medios digitales que trabajan en la investigación de casos de corrupción también han sido impedidos de publicar sus informes a través del sabotaje cibernético.
El modelo correísta acapara la legislación y anula la fiscalización, convirtiendo a la Asamblea Nacional en un órgano decorativo. Los números demuestran que 7 de cada 10 leyes presentadas y 4 de cada 10 leyes aprobadas provienen del presidente Correa. El Ejecutivo en Ecuador es una gran industria de producción de leyes y bajo este esquema el presidente gobierna y legisla al mismo tiempo.

Lo mismo puede decirse de la fiscalización. Desde que el correísmo se encuentra en el poder, la Asamblea Nacional jamás ha procesado políticamente a nadie. Salvo el caso de Gloria Sabando, antes Superintendenta de Bancos, que fue enjuiciada y destituida.

A esto se suma la pérdida de la inmunidad parlamentaria. Con el pretexto de la disciplina partidaria varias asambleístas mujeres fueron insultadas y separadas de sus cargos solo por opinar. Paola Pabón, Gina Godoy y Soledad Buendía, apasionadas defensoras del correísmo, fueron injuriadas públicamente por el presidente Correa y separadas temporalmente de sus cargos por defender su criterio en el ejercicio de sus funciones y por discrepar con el primer mandatario. A la lista se suman más oficialistas calificados de traidores como Fernando Bustamente, Oswaldo Larriva, María Paula Romo, Betty Amores y más. El correísmo derogó la separación de poderes, la autonomía del poder legislativo y la inmunidad parlamentaria.

Tampoco hay límites al ejercicio del poder. Se trata de un ejecutivo metido en todas las funciones del estado con aspiraciones de perpetuidad. Con la ayuda de su partido político en diciembre de 2015 reformó inconstitucionalmente la norma de límites al mandato presidencial aun en contra del 80% de ecuatorianos que exigían ser consultados sobre la material.

Jueces nacionales, Contralor del Estado, Fiscal Nacional y otras autoridades de control han sido cuestionados sin consecuencias. Wilson Merino, Mariana Yumbay y Lucy Blacio entre otros son algunos de los jueces de la Corte Nacional que han sido descalificados por su dependencia al poder y por sus dudosas credenciales profesionales. El mismo Fiscal Nacional Galo Chiriboga ha sido cuestionado por la opinión pública por ser el titular de una empresa fantasma en los Papeles de Panamá. La denuncia se agravó cuando una familia de alemanes acusó al fiscal por inscribir como patrimonio de esta empresa suya una casa de propiedad de los denunciantes.

Chiriboga pasa por una situación aún más delicada por las denuncias de corrupción que pesan sobre Álex Bravo, ex presidente de Petroecuador, este último por constituir empresas en Panamá en la época que fue funcionario público y por su relación con millonarios contrario petroleros y sobreprecios. Chiriboga, Carlos Pareja, ex ministro de Hidrocarburos y Jorge Glas, actual vicepresidente, son los funcionarios de alto nivel que se encuentran comprometidos en el caso.

Pero nadie mueve un dedo. El poder legislativo está tomado, los órganos de control contaminados, la prensa perseguida y la sociedad civil atemorizada. Solamente la Ecuarunari ha denunciado más de 700 casos de criminalización de la protesta social en los últimos 9 años del gobierno.

Pero en el reino de los ciegos el tuerto es el rey. Sin órganos representativos, sin límites al ejercicio autoritario, sin libertad de expresión, sin control social, sin sociedad civil y sin transparencia pública, la década en curso del gobierno correísta será recordada no solamente como una década perdida sino como el triunfo de la estupidez.

Es tener que soportar todo el tiempo insensateces como que “el seguro social no es de los afiliados y jubilados, sino del gobierno”, “que las herencias no son para los herederos”, “que los atunes no construyen carreteras”, que “en Ecuador no hay separación de poderes”, que “los manifestantes de la Shyris son borrachos y drogadictos”, que “es normal que las mujeres sean violadas por caminar solas”, que “más importante que la asistencia a los damnificados por el terremoto es una consulta popular” y más estupideces dichas con su marcado tono indolente. El mismo primer mandatario, varios asambleístas gobiernistas, una funcionaria diplomática y una fanática correísta de medio pelo dijeron estas infamias. 
Quienes sacan ventaja en una sociedad sin principios republicanos son precisamente los más serviles al sistema. Estos reyes de la corrupción, el disparate y la sinrazón, tuertos de la ética, el criterio y la reflexión se presentan como los grandes héroes de la patria nueva. Estos improvisados no pasan de ser unos novatos vestidos de expertos y furiosos defensores contra todo aquel que pongan en duda sus fantasías ridículas. Y como buenos demagogos, se creen que hacen bien lo que está destinado al fracaso. 

@ghidalgoandrade

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