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9 de Diciembre del 2013
Ideas
Lectura: 4 minutos
9 de Diciembre del 2013
Fermín Vaca
Periodista político. Es editor de PLANV. Ha trabajado en los principales periódicos de Ecuador en la cobertura de política y actualidad. 
El uno y el otro
El uno, aunque guayaquileño, consolidó el poder de la capital y centralizó el país, derrotando por las armas a sus paisanos secesionistas, y aboliendo para siempre su bandera bicolor. El otro, aunque guayaquileño, se encastilla en Quito, y se enfrenta a sus paisanos autonomistas, arrinconándolos en su feudo parroquiano.

El uno tenía nombre de arcángel, se llamaba como el mensajero de Dios.

El otro también se llama como un arcángel, aquel que protege a los viajeros.

El uno nació y fue educado en Guayaquil, en el seno de una familia católica, pero modesta, que ponía la bandera de España en su casa para negar la independencia.

El otro nació y fue educado también en Guayaquil, en otra familia católica, también modesta.

El uno vino a vivir en Quito, y aquí se afincó, vinculándose por matrimonio con las élites capitalinas.

El otro también vino a vivir en Quito, y esperó su momento en la academia.

El uno viajó a Europa, y se convenció de que la solución del Ecuador era parecerse lo más posible a Francia, -pero no a la Francia libertaria, sino al país imperialista y conservador de Napoleón III- al extremo de que se convirtiese en su protectorado.

El otro también viajó a Europa, en donde estudió y observó cómo funcionan esos países

El uno, cuando joven, coqueteó con ideas liberales, y combatió al presidente conservador de su época.

El otro, cuando joven, coqueteó con el marxismo católico.

El uno esperó su momento en medio del caos político, cuando el país se disolvía en cuatro republiquetas, y se proclamó el “hombre necesario” para la salvar la patria.

El otro también surgió en medio del caos, cuando se producía el tercer golpe de Estado para derrocar un presidente constitucional, y ofreció mano dura para salvar la patria.

El uno, aunque guayaquileño, consolidó el poder de la capital y centralizó el país, derrotando por las armas a sus paisanos secesionistas, y aboliendo para siempre su bandera bicolor.

El otro, aunque guayaquileño, se encastilla en Quito, y se enfrenta a sus paisanos autonomistas, arrinconándolos en su feudo parroquiano.

El uno, en ejercicio soberano de su política exterior, estuvo a contracorriente de todos los movimientos democráticos de su época: apoyó a un papa que se negaba a permitir la unidad de Italia. Envió a su embajador en México a conspirar para apuntalar la delirante monarquía de un austriaco que quería crear su propio imperio americano.

El otro, en ejercicio soberano de su política exterior, afianza lazos con los países musulmanes más sombríos y con los dictadores que aún quedan en lo que fue la Unión Soviética.

El uno declaró la guerra -literalmente- a Colombia, siendo sus campañas militares motivo de la siguiente sátira: “lo-quito de Quito, lo-coloco en Tulcán”, para luego firmar la paz en nombre de la hermandad y la buena vecindad.

El otro declaró la guerra -mediáticamente- a Colombia, para luego firmar la paz, con nuevo puente y todo, en nombre de la hermandad y la buena vecindad.

El uno impuso el orden azotando, fusilando, encarcelando,  declarando la “insuficiencia de las leyes”, construyendo una tenebrosa penitenciaría y ni un solo teatro.

El otro impone el orden con propaganda, también construye cárceles, y endurece leyes, que también asegura son insuficientes.

El uno pensaba que el futuro del país era traer científicos extranjeros, menospreciando a los nacionales y tener universidades politécnicas, en lugar de las de artes liberales y por amor a la ciencia construyó un observatorio astronómico en un paraje cuyos cielos permiten muy poco mirar las estrellas.

El otro piensa que el futuro del país es traer científicos extranjeros y tener más universidades politécnicas, en lugar de las de artes liberales y construye un pequeño “silicon valley” en otro paraje lejano.

El uno se llamaba Gabriel.

El otro se llama Rafael.

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
Carlos Burgos Jara
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Luis Verdesoto Custode
Carlos Arcos Cabrera
Mariana Neira
Luis Córdova-Alarcón
Fernando López Milán
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