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13 de Abril del 2021
Ideas
Lectura: 8 minutos
13 de Abril del 2021
Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

El voto nulo: Y la culpa no era mía…
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Desde la derecha de CREO /PSC o desde el progresismo correista, el crecimiento de voto nulo era preocupante, era el enemigo al cual atacar, o al menos neutralizar con la esperanza de que, frente a la papeleta, a última hora se decidan por la lista 1 o por la 21.

Las últimas semanas de campaña que culminó con las elecciones del domingo, decir votaré nulo causaba, por decir lo menos, sorpresa. En las redes sociales, o en esas reuniones, que por la pandemia se han hecho comunes vía zoom, el que no votaba ni por Aráuz, ni por Lasso traía un mensaje disonante y en cualquier contexto era visto como un bicho raro, en mi caso, entre los diversos motes recibí entre otros, el de no ser patriota…

En un grupo de whatsap, de familia ampliada, digamos afectos a Lasso, hasta se aceptaba con el mutismo, el infaltable “descarriado” que votaría por el candidato desafecto por la mayoría, pero el voto nulo era inadmisible. Aquel valiente que esgrimía el voto nulo, era descalificado, desde ese primer mensaje cómico del primo: ¿Volviste a consumir marihuana?, pasando por los que decían que votar nulo era desperdiciar el voto, los que lo tachaban de irresponsable, culminando con los que argumentaban que anular era no pensar en el país, que favorecería a Arauz, al retorno del correísmo, a transformar Ecuador en Venezuela y demás lugares comunes y “cucos” propios de la campaña sucia.

En la animada reunión vía zoom, con los viejos amigos, amistad que por vieja vivía, a pesar de ser correistas convencidos, correistas de nuevo cuño, surgidos desde el desgobierno de Moreno, o neo correistas /ex izquierdistas que con sus dudas creyeron en Aráuz como la via factible de derrotar a la derecha, la reacción ante el nulovotante, comenzaba con la mirada sorprendida, similar a la que pondría la abuela conservadora al enterarse que la nieta es lesbiana y que precedía a la risa burlona de alguno, pero seguida por un comentario más adusto, donde se  le recordaba  que con ello estaba haciéndole juego a la derecha, frase que daba bríos al otro interlocutor que insinuaba que “se pasó al otro lado de la vereda”, y a un tercero sentenciándolo como corresponsable del triste futuro neoliberal de empobrecimiento y cruda represión que vendría con Lasso y Nebot.

Mucho antes de la noche del 11 de abril, ya había culpables de la derrota de cualquiera de los candidatos. Eran los dos millones que se atrevieron al sacrilegio de votar nulo. Desde la derecha de CREO /PSC o desde el progresismo correista, el crecimiento de voto nulo era preocupante, era el enemigo al cual atacar, o al menos neutralizar con la esperanza de que, frente a la papeleta, a última hora se decidan por la lista 1 o por la 21.

Ahora, cuando el derrotado de la lid resultó el correísmo, estos no quieren ver al voto nulo como el voto de rechazo a una primera vuelta viciada. Desde la lona, es más fácil decir que los que votamos nulo le hicimos el juego a la derecha.

Ahora, cuando el derrotado de la lid resultó el correísmo, estos no quieren ver al voto nulo como el voto de rechazo a una primera vuelta viciada. Desde la lona, es más fácil decir que los que votamos nulo le hicimos el juego a la derecha. Pero bien pudieron manifestarse a tiempo a favor de la transparencia y la legalidad, exigir al CNE que se despejen todas las dudas sobre el otro finalista. Pero entonces les era mejor callar y dedicarse a hacer campaña. El silencio cómodo favorecía al correísmo, pues vieron imposible derrotar a Yaku Pérez y creyeron que era fácil vencer a Lasso, desde la diferencia de 17 puntos sobre un soso candidato de CREO. En ese tiempo las argucias leguleyas tanto del CNE, como del TCE para no hacer recuento de votos, también beneficiaban al correísmo.

Desde el chuchaqui de la derrota, es más fácil culpar a los votantes del nulo que hacer autocrítica. Es más fácil mirar con rabia al 1’732 105 votos, el 13.51% del total de votos (Lasso obtuvo el 35,64 y Aráuz el 32.23), que hacer autocrítica. Es más difícil, haciendo mea culpa, asumir que quiénes votaron por Lasso, fueron miembros de los pueblos y nacionalidades, maltratados, perseguidos encarcelados y asesinados durante 10 años de correísmo y 4 años de morenismo. No fue tan complicado para el candidato de CREO hacerse con esos votos, bastaba poner a circular en redes sociales los videos de Correa en las sabatinas, insultando con encono a los indígenas, recordar como se obstinaba en quitar la casa a al CONAIE, como ajustaba el decreto para controlar las organizaciones sociales. Lasso obtuvo el voto abrumador de los quiteños, varios vinieron desde esos que recordaron, vía videos, al ex ministro de Educación Augusto Espinosa, emulando en prepotencia a su jefe al visitar los planteles fiscales. Recordaron la innecesaria represión y sanciones excesivas a los estudiantes secundarios del Mejía, Montúfar y Central Técnico obligados a pedir perdón al líder.

Y no hay autocrítica tampoco, en el no haberse desmarcado de Correa, al menos al final de la campaña. Ni acto de contrición en preguntarse por qué no rogaron al caudillo que se calle la boca. ¿Olvidaron que en campaña electoral los mensajes del caudillo les hacen flaco favor? Quién no lo ha olvidado es Augusto Barrera, el ese entonces alcalde que buscando su reelección tenía una ventaja abrumadora sobre su oponente en las elecciones del 2014 y perdió la contienda, por la respuesta que dio Quito a las acaloradas sabatinas de ese entonces. Aun cuando Aráuz se esforzó en decir a sus electores que “el odio ha pasado de moda”, faltando dos semanas para las elecciones, Correa, con su actitud de siempre, arremetió contra los medios y subrayó el prohibido olvidar. Un mensaje similar al que lanzó Febres Cordero en la campaña del 96, cuando dijo que por Abdalá votan solo los marihuaneros y las prostitutas, ayudando a la derrota de su candidato Jaime Nebot.

Pero el polvo que ensucia la cara del vencido es menos triste si se buscan culpables. Es más autocomplaciente para los correistas culpar al nulo de su derrota del domingo. Si el derrotado hubiera sido Lasso, sería la misma historia, contada por otro relator: Gracias al nulo se quedarán por 50 años, los que votaron nulo garantizan la impunidad y la corrupción… Tampoco harían autocrítica, por ejemplo, de cómo se pasó Lasso por el forro su compromiso con Yaku, de abrir todas las urnas de Guayas. 

Y la culpa no era mía por votar nulo. El hacedor de tu derrota, eres tú.

Como nos dice Serrat: y la culpa es del otro si algo les sale mal... Yo, que voté nulo, subrayo además el otro verso de esa hilarante y frontal tonada: entre esos tipos y yo hay algo personal.

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