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12 de Octubre del 2016
Ideas
Lectura: 7 minutos
12 de Octubre del 2016
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Elecciones: narcicismo y realidad
Como acontece en la actualidad, lo que interesa es el poder en sí mismo. Alianza PAIS desea quedarse en el poder todo el tiempo posible, no porque tenga un proyecto social que desarrollar, sino porque ha aprendido muy bien la lección de que tan solo el poder provee de los privilegios indispensables para sostener un modus vivendi personal y social.

El futuro constituye la única realidad posible, mientras el pasado es solo historia, narrativa para la memoria, para la añoranza, para la alabanza o el rechazo. El presente es aquello que se logra realizar antes de que desaparezca y se convierta en pasado. Por lo mismo, no es cierto que cualquier pasado sea mejor que los presentes y los futuros posibles. El presente, por su parte, es realización pura, es la vida siendo vivida, el placer y el dolor sentidos. En el presente se hacen realidad la esperanza y la promesa, la alegría y el sufrimiento. El futuro es lo que podría llegar si el tiempo se prolonga hasta mañana, hasta el año próximo. El futuro se construye en el presente. En el futuro inauguraremos las alegrías que construimos hoy, también sufriremos las dolencias que hoy sembramos.

Las elecciones presidenciales llegarán y se producirán y, mediante un acto casi absolutamente elemental, marcarán el antes y el después de lo que política, económica y socialmente acontece en el país. Las elecciones presidenciales permitirán que aparezca alguien que con sensatez de un golpe de timón que impida el advenimiento definitivo del caos, la pobreza, la desesperanza.

Como es lógico, los gobernantes actuales pretenden prolongarse en el tiempo. Felizmente, el presidente Correa se abstuvo de hacer que prevalezcan sus deseos y caprichos y, pese a haber modificado la ley para su beneficio, finalmente no se candidatizará una vez más. En la historia política nacional, no existe un antecedente igual al suyo. Nadie ha gobernado a lo largo de interminables diez años con las arcas llenas, con un congreso absolutamente sumiso y mayoritariamente mediocre y, sobre todo, con un sistema judicial en el que prevalecen los criterios y deseos del poder y no aquellos que surgen de la ley, de la verdad y la justicia. Por cierto, muy lejos de ser el único, pero sí el que más ha sabido aprovechar para beneficio propio, el hecho de haberse convertido en el dueño de los poderes legislativo, judicial y de control. En otras palabras, del país.

Solo a los humildes servidores de la justicia se les ocurrió aprobar la reelección indefinida. ¿Para aprovechar la gran experiencia adquirida por un mandatario? La experiencia no consiste en la llana y mecánica repetición sino que representa el producto de profundas reflexiones sobre lo ofertado, acontecido y lo realizado. La experiencia exige perenne reflexión crítica sobre los aconteceres. La experiencia dice que en tiempo de vacas gordas hay que ahorrar mucho para cuando llegue el tiempo de las vacas flacas. Por desgracia, el poder es capaz de enceguecer hasta el punto de que no se perciba sino la propia imagen y se escuche únicamente el eco de la propia voz.

¿Habrá mucha diferencia entre el circo y el paredón, entre la alabanza y el vituperio cuando el único juego consiste en dar cuenta de que el poder se ha convertido en bien personal que transforma a quien lo posee en objeto fetiche?

Como acontece en la actualidad, lo que interesa es el poder en sí mismo. Alianza PAIS desea quedarse en el poder todo el tiempo posible, no porque tenga un proyecto social que desarrollar, sino porque ha aprendido muy bien la lección de que tan solo el poder provee de los privilegios indispensables para sostener un modus vivendi personal y social. En política, las ambiciones personales, con una facilidad asombrosa, se disfrazan con el ropaje lingüístico de los verdaderamente preocupados por los pobres. De hecho, nunca más importantes los pobres que en tiempo de elecciones. Cuando se obtiene el poder, son los pobres los primeros en estorbar.

¿Quién tendrá las manos limpias luego de una década al mando de un país cuando no se entregan las cuentas reales, cuando se sabe que hay engaños discursivos y contables, cuando se conoce que el poder posee innumerables vías siempre disponibles para ocultar y camuflar?

En cada evento, las elecciones presidenciales dan cuenta de la eterna lucha entre el bien y el mal, entre la honradez y el engaño, entre la honorabilidad y la farsa del baile de caretas que representan héroes y santos. Una vez logrado el poder, los villanos pasan a constituir el pérfido cuerpo de la oposición. Es necesario realizar muchas y profundas lecturas sobre el caso Brasil no solo para curarnos en sano, algo casi imposible, sino para abrir bien ojos y oídos en el tiempo electoral.

En este momento, es indispensable que ciertos personajes de la real o supuesta oposición abandonen, de una vez por, todas, sus deseos e intereses en pro de un nuevo consenso construido en torno a un político, no solo probablemente veraz y honrado, sino comprobadamente veraz y honrado. Un político que no se apropie del poder como si se tratase de un bien personal para usarlo a su antojo y al vaivén de los flujos de sus deseos conscientes e inconscientes. Alguien que esté realmente convencido de que el poder es servicio a la comunidad y no la posibilidad calva de ejecutar venganzas sociales y personales acumuladas a lo largo de la vida, ni la posibilidad calva de vivir en la opulencia física y psíquica. Alguien que se convierta en instrumento social que tome cuentas a quienes han administrado el país en esta década. Alguien dispuesto a la tarea de desenmascarar todo lo vivido en esta década.

A lo largo de la historia moderna, es muy probable que la democracia haya sufrido todos los vituperios posibles producidos justamente por autoridades democráticamente elegidas que, ya en el banquete del poder, hicieron todo lo posible para prostituirla para su propio beneficio. En diez años, ¿quién se acuerda del señor acusado de feriar millones de dólares incluso con participación de extranjeros a quienes se les concedió grandes créditos sin la menor garantía? A lo mejor aparezca un caritativo feligrés entregando a los conventos millones de dólares.

Urge que los políticos de la oposición dejen a un lado esos feos y corruptos narcisismos que les impiden mirar más allá de su propia imagen: yo soy el mejor, el único, el verdadero. Quien se siga mirando como el gran mesías, es mejor que permanezca en donde está. Ahí hará menos daño al país.

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