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25 de Agosto del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
25 de Agosto del 2020
Carlos Rivera

Economista, catedrático de la Universidad de Cuenca. 

Elecciones: oportunidades y amenazas
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Los resultados electorales desde 1996 son de espanto y evidencian que no solamente somos una presa absolutamente fácil de los embaucadores de profesión, sino que sistemáticamente venimos apostando por el “ya que ch….” dando verdaderos saltos al vacío, que hemos terminando pagando muy caro.

A pocas semanas del inicio de un nuevo período electoral se percibe un clima de  mucha incertidumbre. Esto tiene repercusiones negativas en la economía al retrasar las decisiones de consumo e inversión, que de por sí se mantienen bastante aletargadas por las propias consecuencias de la pandemia y la delicada situación fiscal que avizora un ajuste fiscal de magnitud.

Me parece que los habituales nubarrones que siempre surgen en un año electoral, en Ecuador se potencializan por la muy mala reputación que tenemos al momento de decidir nuestro voto. En efecto, los resultados electorales desde 1996 son de espanto y evidencian que no solamente somos una presa absolutamente fácil de los embaucadores de profesión, sino que sistemáticamente venimos apostando por el “ya que ch….”, —como muy bien lo dijo un candidato presidencial hace unas pocas semanas atrás—, dando  verdaderos saltos al vacío, que hemos terminando pagando muy caro.   

Este nuevo proceso electoral se muestra mucho más oscuro todavía, porque el aumento de la pobreza y empeoramiento de los indicadores sociales, junto a un ejército de  desempleados y subempleados, son el caldo de cultivo perfecto para la demagogia y las propuestas mesiánicas, que peligrosamente nos puede llevar nuevamente por los caminos del populismo económico o del socialismo del siglo XXI bajo cualquiera de sus vertientes o tinterilladas.

Un segundo riesgo, y mucho más peligroso todavía, es el retorno de los bucaneros y sátrapas enquistados en el correismo, que aprovechando la mala memoria y poca formación del votante medio, van a tratar de explotar la gloria de los años del boom petrolero, como si el crecimiento económico, aumento del empleo y los salarios hubieran sido de su autoría intelectual, cuando en realidad fueron un efecto puramente transitorio de los excedentes petroleros y el sobre endeudamiento, y que además tenía como corolario final, las fatales secuelas que ha vivido el país desde 2015 por la falta de ahorro y previsión en materia fiscal.

Han pasado 13 años de la revolución ciudadana en el gobierno y los resultados son nefastos en cualquiera de los órdenes que se quiera evaluar, requiriéndose un cambio de timón de 180 grados. En esa dirección, nuestro voto deber ir simple y llanamente por el que dé las mejores señales para atraer la inversión privada nacional y extranjera

Digo mucho mayor peligro, porque no solamente sería el regreso de las ideas equivocadas y fallidas en cuanto a los excesos de la esfera de influencia e intervención del gobierno, sino la garantía plena de la impunidad de las cuentas pendientes con la justicia y el regreso de la corrupción galopante, junto a todos los otros pecados de la revolución ciudadana en materia de libertad de expresión y  abuso del poder.

Han pasado 13 años de la revolución ciudadana en el gobierno y los resultados son nefastos en cualquiera de los órdenes que se quiera evaluar, requiriéndose un cambio de timón de 180 grados. En esa dirección, nuestro voto deber ir simple y llanamente por el que dé las mejores señales para atraer la inversión privada nacional y extranjera. Ello implica votar por el que asegure un manejo fiscal prudente y la disciplina macro, las buenas relaciones internacionales, el mejor combate a la corrupción, y aquel que se comprometa a hacer reformas estructurales en el campo de la educación, salud, seguridad social, telecomunicaciones, sector eléctrico, sector petrolero, que van mucho más allá de la sola asignación presupuestaria, en tanto deben considerar un cambio en el esquema de incentivos para potencializar verdaderamente su desarrollo.

Sin pecar de exagerado, el futuro del país está en juego en estas elecciones. Una mala elección producirá una fuga de capitales, ahondando los problemas de iliquidez y poniendo en riesgo al mismo sistema de dolarización. Una buena decisión en cambio, abrirá posibilidades de nuevas inversiones que propicien un rápido crecimiento, resultados que a su vez darían al gobierno apoyo popular y político para llevar a cabo todas las reformas imprescindibles para transformar a la estabilidad y al crecimiento en fenómenos permanentes.

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