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16 de Mayo del 2024
Ideas
Lectura: 5 minutos
16 de Mayo del 2024
Consuelo Albornoz Tinajero

Profesora universitaria, investigadora y periodista, con un doctorado por la Universidad Nacional del Cuyo, de Argentina.

Entre el Hotel Quito y Oloncito
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La cuestión ejemplar es que el movimiento en defensa del Hotel Quito suscitó la unidad y un trabajo cooperativo entre vecinos de muchos barrios de Quito, ex autoridades de la ciudad, representantes de las escuelas de arquitectura de las universidades basadas en Quito y funcionarios del gobierno nacional.

En la base del desarrollo de estos hechos, el uno, una tentativa de atracar el patrimonio arquitectónico de Quito, y el otro, la pretensión de afectar un espacio natural protegido, estuvo y está presente la actuación de la ciudadanía y de la sociedad civil, cada vez más conscientes y deliberantes.

En el primer caso, ciudadanos y colectivos sociales, de lo más diversos, alertaron desde hace algunos años a los quiteños y ecuatorianos sobre las irregularidades en torno a la venta de un bien patrimonial a una empresa constructora china. Las primeras anomalías fueron cometidas por los personeros de turno del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y aceptadas por funcionarios y dignatarios municipales, todos estos vinculados con el correísmo. ¿Qué otras arbitrariedades coadyuvaron a que un edificio patrimonial pudiese ser vendido, a pesar de que por su condición de monumento nunca pudo haber sido objeto de una transacción privatizadora? Un reportaje de La Barra Espaciadora, publicado en 2021  nos entrega con claridad algunas pistas. En esta crónica podemos identificar a varios de quienes estuvieron probablemente implicados en estas iniciativas no claras y, presuntamente, premeditadas.

La cuestión ejemplar es que el movimiento en defensa del Hotel Quito suscitó la unidad y un trabajo cooperativo entre vecinos de muchos barrios de Quito, ex autoridades de la ciudad, representantes de las escuelas de arquitectura de las universidades basadas en Quito y funcionarios del gobierno nacional. Este conglomerado social logró detener las intenciones mercantiles de construir edificios de 40 pisos en zonas ni siquiera aptas para soportar tales mamotretos.

La batalla aún no ha terminado. Ahora su objetivo es revertir aquella venta del IESS a una empresa privada, y recuperar este conjunto arquitectónico que tantos recuerdos y vivencias dejó en la memoria de los quiteños y ecuatorianos.

Fueron también ciudadanos y asociaciones civiles y comunitarias las que advirtieron sobre el proyecto de construcción de un conjunto urbanístico en pleno manglar en Oloncito. Y fueron estos ecuatorianos y las organizaciones que los acompañaron los que pudieron detener este daño irreparable a la naturaleza.

Bien por el trabajo ciudadano y social. Merece un reconocimiento porque, además de eficaz, es un mensaje alentador en un tiempo en el que la corrupción ha permeado en organismos como la asamblea legislativa, las dependencias judiciales y otras entidades estatales y gubernamentales. Y ha mermado la confianza nacional en el estado de derecho, en el régimen democrático y en sus instituciones.
Su acción y el respaldo que ambas defensas generaron en la sociedad ecuatoriana evidencian que el país está repleto de seres humanos que no se dejan ni amilanar por el poder político y económico, ni por el señorío de la violencia.

Dos recados adicionales dejan esas acciones: los gobernantes no pueden actuar impunemente, a cuenta de ostentar la representación popular; y la ciudadanía mayoritariamente puede discernir mucho mejor que quienes se erigen en sus delegados, pues en muchos casos no la representan como se merece.

Me parece justo apuntar la diferentes reacciones de los actores implicados en estas tramas, caracterizadas por su opacidad, abuso de poder y priorización de intereses particulares.  Recién en estos días, tras meses de reclamaciones, el alcalde de Quito en funciones se ha pronunciado sobre el caso del Hotel Quito. Lo ha hecho a la defensiva, quizá hasta con disgusto y molestia. Hace semanas o meses pudo haber expresado su voluntad de revertir las irregularidades en torno a la venta del Hotel Quito y los proyectos de los constructores chinos u otros.  

En tanto, la empresa inmobiliaria que patrocinaba el proyecto de edificios en Oloncito lo suspendió. Advirtió que empecinarse en edificarlo solo le acarrearía problemas a la empresa, a sus socios y allegados.

Ambas experiencias revelan que los actores políticos, con independencia de sus supuestos principios ideológicos, tienden a preferir el interés particular sobre el bienestar público. Solo cuando los ciudadanos los enfrentan se ven obligados a recular y a prestar oídos a sus reclamos, así sea tarde. Ojalá los gobernantes se abran a la reflexión, a la autocrítica y al aprendizaje. Hasta les haría bien. La incondicionalidad no es una característica ciudadana.

[PANAL DE IDEAS]

Carlos Burgos Jara
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Luis Verdesoto Custode
Carlos Arcos Cabrera
Mariana Neira
Luis Córdova-Alarcón
Fernando López Milán
Alberto Acosta Espinosa
Giovanni Carrión Cevallos
Patricio Moncayo

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