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3 de Abril del 2023
Ideas
Lectura: 9 minutos
3 de Abril del 2023
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

Evitar el golpe
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¿Cuánta infiltración de las instituciones de la seguridad pública, interna y externa, se necesita para develar los secretos inconfesables de las cúpulas, pero también para poner en vilo la democracia? Solo se necesita un país fracturado, enfrentado y desmoralizado para batir el caldo de cultivo en donde se cuece los ingredientes de un golpe de estado.

Un conjunto de audios filtrados a la prensa reveló que algunos altos mandos de la Policía Nacional del Ecuador estaban involucrados en actos de deslealtad institucional. Si se trata de operaciones altamente técnicas ¿Quién las ejecuta? ¿Quién espió y luego filtró esta información? Una persona presuntamente vinculada al Gobierno nacional fue asesinada y el primero en dar la voz de alerta es un antiguo ministro, no la Policía.

Todo forma parte de una maniobra bien montada que tiene la capacidad de estremecer los cimientos del principal órgano de seguridad interna del Estado. Para Edward Luttwak, estratega político y militar en su clásica obra Coup d'État: A Practical Handbook (1968) una de las características de los estados modernos es su extenso y diversificado sistema de seguridad.

El contradictorio colapso general de la seguridad externa, debido al fortalecimiento de los mecanismos de seguridad interna, ocurrieron en muchas regiones del mundo durante las últimas dos o tres generaciones durante la Guerra Fría. Luttwak predijo la aparición de otras amenazas criminales internacionales, como el tráfico de drogas y armas, y los delitos financieros en el ciberespacio. Sin embargo de esta advertencia, en las últimas décadas, los Estados han reducido sus defensas frente a estas amenazas globales que han ganado fuerza y presencia en lugares donde, además, los estados no han recursos suficientes en inclusión, oportunidades, servicios y educación. Las fronteras territoriales y sus poblaciones empezaron a morir por la falta de atención y se convirtieron en lugares de refugio y reunión de las mafias transnacionales. ¿Se hizo esto a propósito?

En el mundo antes de 1914, cuando estalló la Gran Guerra, las naciones eran tan agresivas como en la sociedad internacional actual, pero la falta de transporte además de los ferrocarriles y una confianza secundaria en las conexiones diplomáticas produjeron a un cóctel venenoso que estalló en la guerra entre las naciones.

El modelo moderno de operaciones militares, ataques sorpresa y guerra no declarada condujo naturalmente a la transición de pequeños ejércitos profesionales temporales a la capacitación de personal especializado para una nueva guerra abierta.

En este contexto, muchos países han buscado actualizar continuamente sus fuerzas armadas con nuevas capacidades ofensivas y defensivas, y por primera vez en la historia han complementado sus habilidades tradicionales con capacidades de infiltración avanzada y tácticas de guerra psicológica y comunicacional que se introdujeron en la Gran Guerra por primera vez en la Historia. Folletos, carteles, caricaturas, poemas, canciones y películas inundaron las naciones en guerra. En Europa se creía, por ejemplo, que, en países con población musulmana, existía el riesgo de que estas técnicas sean utilizadas por grupos antidemocráticos. El pronóstico fue acertado.

Luttwak explicó por qué el Ejército de EE. UU. contaba con menos de 300.000 efectivos en la década de 1930. La única operación de inteligencia significativa realizada en ese momento fue un pequeño ejercicio de descifrado de códigos de la Marina, mientras que el Servicio Secreto y la Seguridad Nacional se dedicaron a detener a los falsificadores de billetes, mientras la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) se limitaron por un presupuesto pequeño. Hoy, con un ejército de 1.4 millones de soldados y un presupuesto de $770 mil millones, es inconcebible que Estados Unidos no tenga un fuerte sistema de inteligencia técnica e institucional.

Según Luttwak, se necesitan dos piezas importantes de información para planificar un golpe: (a) la naturaleza y composición de las unidades de interferencia en las instituciones democráticas, y (b) un plan operativo práctico aplicable a todos los niveles de mando. ¿Cómo se infiltra la policía nacional de un país para espiar a sus altos mandos o para filtrar información estratégica?

Hasta ahora, esto solo se ha pensado en términos de unidades militares regulares. Además, se necesita un mayor análisis para identificar personas clave en unidades específicas de la organización institucional y social. Por ejemplo, en un mitin o movilización habrá ciertos tipos de liderazgo que se distinguirá por su apariencia y en menor medida por su reputación, pero en otros casos lo será por su voluntad, inteligencia, fuerza y carisma. En cambio, en las organizaciones militares modernas, todo esto es diferente: aunque algunos de estos elementos pueden ser importantes, el mando y la organización efectiva dependen del uso especializado de armas y maniobras tácticas, así como del manejo de escenarios complejos y su respuesta logística.

La policía tiene un propósito y entrenamiento diferentes. Pueden estar fuertemente armados y concentrados en unidades móviles o dispersos en pequeños grupos y trabajar con el Ministerio de Defensa para entrenamiento y despliegue militar, pero sus objetivos deben distinguirse de los militares en un país democrático. La policía es responsable de la prevención y detección de delitos, así como del mantenimiento del orden público, tarea que hoy debe armonizarse con la investigación de los delitos paramilitares e internacionales, asegurando así el despliegue integral coordinado que debe ejercerse entre las fuerzas policiales y armadas.

La policía también práctica ejercicios de inteligencia. Todos los policías especializados recogen información a través de informantes para la prevención del delito, uno de los cuales es también la rebelión armada, el cerco a las ciudades en caso de manifestaciones violentas, la presencia transnacional del crimen organizado en la política interna, el desconocimiento al poder constituido y el golpe de estado.

Luttwak explica que las fuerzas paramilitares separatistas del Reino Unido en Irlanda del Norte, por ejemplo, no lograron de inmediato la fractura la Gran Bretaña porque había disposiciones legales para que el ejército actúe en apoyo de la Policía Nacional.

El conflicto norirlandés de 1968 fue una crisis armada que enfrentó a nacionalistas étnicos de dos facciones de Irlanda del Norte, lo que provocó un gran número de muertos en la segunda mitad del siglo XX. Por un lado, estaban los protestantes de Irlanda del Norte que abogaban por mantener su vinculación con Gran Bretaña y, por otro lado, la República Irlandesa, mayoritariamente católica que apoyaba la integración de una sola república. Los dos bandos se enfrentaron y la provincia cayó en un ciclo de violencia que duró treinta años, desde el 8 de octubre de 1968 hasta la firma del Acuerdo de Viernes Santo el 10 de abril de 1998, que sentó las bases de un nuevo gobierno compartido entre protestantes y católicos que está vigente hasta el día de hoy.

Aunque la separación de la República de Irlanda se produjo, la crisis no disolvió al Reino Unido que era uno de los riesgos. Una elite de militares, policías y diplomáticos altamente especializados impidieron que el país se desmembrara aún más. ¿Pudo detenerse la separación de Irlanda? Tal vez. Se necesitaba una reforma profunda que reconciliara de forma anticipada a protestantes y católicos para posibilitar la cohabitación en la administración del poder y en el acceso a los beneficios sociales. Pero eso no sucedió a tiempo.

Es imposible perpetrar un golpe de estado y menos fragmentar una nación en un país incluyente, cuyas sociedades enfrentadas se reconcilian y en donde las instituciones de seguridad republicanas, policiales y militares cooperan y se complementan en el propósito de la unidad nacional. Ahí arranca un trabajo político que podría durar décadas pero que tiene que empezar cuanto antes en países profundamente heterogéneos como el Ecuador.

¿Cuánta infiltración de las instituciones de la seguridad pública, interna y externa, se necesita para develar los secretos inconfesables de las cúpulas, pero también para poner en vilo la democracia? Solo se necesita un país fracturado, enfrentado y desmoralizado para batir el caldo de cultivo en donde se cuece los ingredientes de un golpe de estado. 

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
Alexis Oviedo
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