Back to top
26 de Mayo del 2016
Ideas
Lectura: 9 minutos
26 de Mayo del 2016
María Fernanda Solíz

Psicóloga por la Universidad del Azuay y PhD en Salud Colectiva, Ambiente y Sociedad por la Universidad Andina Simón Bolívar. Es investigadora y académica. 

Las falacias que devela el terremoto
El terremoto resulta una cortina que al levantarse devela estas estructuras clasistas, los conflictos por la propiedad de la tierra, los medios de producción, la farsa del acceso universal a saneamiento y agua potable, como si la diferencia entre agua potable y agua entubada fuera nada más sintáctica. Las poblaciones afectadas nunca han tenido agua potable y mucho menos la tienen ahora, y esta es una falacia que debe denunciarse.

La catástrofe puede medirse en muertos, diez mil,
veinte mil, a saber. Aún estamos así. La catástrofe
puede medirse en vidas que no lo son, en las
incalculables dificultades de salir adelante. Puede
describirse en palabras que se hacen grandes,
pero, aún así, la desolación no les cabe: desaparición
absoluta. La catástrofe puede verse en metros
de lodo o miles de enormes piedras que desafían
a las incansables excavadoras. Seis meses
después el mar aún no era azul y la mar aún no
olía a mar

C. Berestain

Hace varios días se cumplió un mes de un desastre natural que pone en evidencia que las políticas sociales de bonos y prebendas están lejos del discurso revolucionario de igualdad y que solamente se han mantenido cómplices de la inequidad social estructural, la discriminación ambiental, las vulneraciones de derechos humanos elementales como el acceso a agua segura, saneamiento y salud.

Frente a este devastador panorama, el discurso oficialista ha mantenido su línea soberbia y prepotente que una vez más intenta probar la supremacía del proyecto político por sobre la sociedad civil, y lo que es peor, sobre el Estado. Nuevamente, asistimos a esa indiferenciación desvergonzada entre partido, gobierno y Estado, ahora, alcanzando un nivel sin precedentes: el abandono a la provincia de Esmeraldas cuyo pecado es haber elegido a una prefecta del partido de oposición, pero no de cualquier partido de oposición, sino de la izquierda, de esa izquierda acosada, estigmatizada, atacada por este régimen

La coordinación con los GADS municipales en manos de alcaldes de partidos de derecha tiene otra lógica, otra apertura. Nos queda claro que aquí no importan los seres humanos, sigue siendo la sanción aleccionadora la que prima, que la gente sepa lo que pasa cuando no se eligen autoridades afines al gobierno central.

Pero son mucho más profundas las lecciones, quizás debamos empezar por la más importante, esa que tanto le ha costado entender a un régimen obsesionado por el aparato científico-tecnológico-financiero. Un régimen declarado antropocéntrico por sobre su constitución que reconoce a la naturaleza como sujeto de derechos. Y justamente, para eso están los desastres naturales, para recordarnos el texto de Galeano en 2008: La naturaleza no es muda. Y más aún para recordarnos algo tan simple, tan natural como la dialéctica de la naturaleza: las sociedades con sus modelos productivos y reproductivos, con sus relaciones de poder, al tiempo que transforman la naturaleza también son transformados por esta.

El concepto transferencia de tecnología es un componente central de los proyectos de desarrollo impulsados por este gobierno, y en esta línea, la revolución ciudadana nunca tomó conciencia de que la transferencia no depende simplemente de elementos técnicos sino también de factores sociales, políticos y culturales. Porque aún hoy en día, la tecnología se considera neutral e inevitablemente benéfica y no como instrumento para la creación de los nuevos órdenes o más bien desórdenes mundiales

Realizar un estudio de segregación socioespacial de territorios afectados por el terremoto, nos deja una idea muy clara de las relaciones entre inserción de clase social, discriminación ambiental o topográfica, género y etnia. El terremoto resulta una cortina que al levantarse devela estas estructuras clasistas, los conflictos por la propiedad de la tierra, los medios de producción,  la farsa del acceso universal a saneamiento y agua potable, como si la diferencia entre agua potable y agua entubada fuera nada más sintáctica. Las poblaciones afectadas nunca han tenido agua potable y mucho menos la tienen ahora, y esta es una falacia que debe denunciarse. El valor de las economías pequeño productivas, familiares y campesinas, golpea el proyecto de un gobierno centrado en los monopolios del agronegocio y la comercialización de alimentos; pequeños agricultores, pescadores, concheros, comerciantes nos dan muestra de quien alimenta verdaderamente al país.

También es momento de repensar el proyecto educativo del país, discutir la importancia de que las disciplinas trasciendan del enfoque tecnocrático hacia abordajes integrales, críticos, centrados en dar respuestas a las demandas reales de las comunidades. Quizás desde lo más cercano por mi campo de formación, militancia y labor, el terremoto deja en evidencia la necesidad de repensar las aproximaciones en salud mental, Ecuador ni siquiera tiene una Política Nacional de Salud Mental.

La urgencia de romper con visiones reduccionistas y psicopatologizantes que por su determinismo biológico (conductismo y psicoanálisis) su determinismo cultural (transpersonal) o su determinismo instrumental (psicometría) resultan insuficientes en tanto miran al individuo como si existiera en un vacío ecológico y social, se centran en las miradas clásicas del síntoma psíquico. Diagnosticar y medicalizar el sufrimiento es inadecuado en tanto no reconoce el valor adaptativo del miedo y las afecciones psicoemocionales postdesastre.

En contraposición, el enfoque comunitario de salud mental o enfoque de determinación social y salud colectiva no es un modelo único y homogéneo. Se trata de diferentes aproximaciones con una orientación básica general hacia enfoques complejos, territorializados que apoyan necesidades prácticas de la gente, como la reactivación productiva, la reconstrucción de la cotidianidad y la calidad de vida de los afectados.

Las condiciones de salud mental y afección psicosocial constituyen un espejo de los modos de vivir saludables/no saludables, las relaciones de equidad o inequidad en una sociedad, sus modelos productivos, el cuidado y crianza de la vida y de las relaciones entre sujetos sociales y los contextos geopolíticos nacionales, locales y familiares. 

Creo que es momento para comprender que la ciencia apolítica no existe y que una tarea fundamental de la academia es visibilizar estas profundas relaciones de inequidad y discriminación. También es momento de apostar por la ciencia modesta de Freire que entiende que la construcción vertical e impuesta de intervenciones de buena voluntad es tan nociva como la inacción y negligencia. La ciencia modesta que apuesta por el respeto de las soberanías comunitarias, entendiendo que los elementos externos deben ser prescindibles en el menor tiempo posible.  Es momento de discutir la real participación amplia entendida como deber, derecho y mecanismo más no como reuniones formales de socialización que responden a agendas externas a las comunidades.

El terremoto devela así el imperativo ético de trascender la noción asistencialista-populista de víctima, de pueblo objeto de protección y cuidado por la construcción colectiva de un proyecto de Reparación Integral con sus cinco elementos constitutivos: la restitución, la compensación económica o patrimonial, la rehabilitación, la satisfacción, y finalmente las garantías de no repetición.

La única forma de que este desastre cobre sentido es a través de la apuesta grande en la reparación integral de los territorios y la memoria colectiva. La reparación especialmente desde la exigencia de garantías de no repetición, el Estado debe garantizar que en casos de desastre natural futuros, la afección no cobre la vida de las comunidades y pueblos empobrecidos.

Y la memoria colectiva deberá entenderse no sólo como una reconstrucción del pasado, sino como una manera de transformar el presente, de recuperar parte de la continuidad de la vida comunitaria. Hay una memoria de los hechos, del dolor, pero también una memoria de la solidaridad. Para los familiares puede ser importante recoger las memorias positivas de las víctimas, recuerdos agradables, logros, afectos, que hagan más llevadera la pérdida y ayuden a recobrar la confianza en sí mismos (Berestain, 2004).

[PANAL DE IDEAS]

Gabriel Hidalgo Andrade
Fanny Zamudio
Alfredo Espinosa Rodríguez
Carlos Arcos Cabrera
Iván Flores Poveda
Oswaldo Toscano
Mauricio Alarcón Salvador
Carlos Rivera
Fernando López Milán
Patricio Moncayo
Mariana Neira

[RELA CIONA DAS]

La reconstrucción de Manabí en la mira de la Fiscalía
Redacción Plan V
Una invitación a la fiscal general que desató la polémica
Redacción Plan V
Terremoto de Pedernales: tres años de impunidad
Redacción Plan V
Partidos políticos no entregan “su lana”
Ana Minga
¿Ingresó dinero sucio con la venia del correísmo?
Jean Cano
GALERÍA
Las falacias que devela el terremoto
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Carapaz y el abrazo partidario que reafirma el mito barthiano del Tour de France: “una gran epopeya”
Andrés Lasso Ruales
María Del Carmen Maldonado, propuesta en lugar de Alexis Mera para organismo judicial de la OEA
Redacción Plan V
59 niñas y mujeres acuden al día a hospitales por emergencias obstétricas en Ecuador
Susana Morán
420 toneladas de vegetación y suelo fueron afectadas por el derrame de crudo
Susana Morán

[MÁS LEÍ DAS]

Más de 100 mil estudiantes no volvieron al sistema educativo
Andrés Quishpe
Protección a cambio de silencio: los acuerdos entre Assange y el gobierno ecuatoriano
Redacción Plan V
Tribunal ratifica sentencia contra Correa y lo señala como el instigador del cohecho
Redacción Plan V
El dramático impacto de la pandemia en el Centro Histórico de Quito
Redacción Plan V