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14 de Septiembre del 2020
Ideas
Lectura: 8 minutos
14 de Septiembre del 2020
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

Fallo de la historia
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Si solo recordamos -dado que la “memoria forja su historia”- el absurdo acontecimiento del 30 de septiembre, podemos evaluar si en Correa estuvo presente su deber de servir de todo corazón al pueblo. Recordemos que en ese día no escatimó desafueros. Desde su trepidante ingreso al Regimiento Quito, con la secuela de incidentes que sobrevinieron, hasta su temeraria salida del Hospital de la Policía, dejó una estela de violencia que pudo haber sido evitada.

Con el fallo del tribunal de casación culmina el juicio contra el expresidente Rafael Correa y altos miembros de su gobierno, acusados de haber montado desde la Presidencia de la República un aparato paralelo para articular las contribuciones económicas de empresarios privados para las campañas y actividades proselitistas de Alianza País, a cambio de contratos con el Estado con sobreprecios.

A ello la cineasta Tania Hermida califica de “ ‘hoguera bárbara’: jueces y fiscales despojando a la nación de sus cimientos. Pero amanece. El pueblo sabe. La memoria aún forja su historia” (citado en 4pelagatos).

Se plantea, entonces, la necesidad de ubicar el tema más allá del plano jurídico, e ingresar al campo político.

Caracterizar a Correa como revolucionario, luego de una década en el ejercicio del poder, supone no entender el significado de este vocablo. Estimo necesario recurrir a la autoridad de un líder revolucionario para desentrañar este significado. Estoy pensando en Mao Tse Tung cuyo pensamiento fue considerado fundamental para “impulsar la revolucionarización de la mente del pueblo chino”.

En el famoso Libro Rojo editado en gran cantidad con ese objetivo, el ex presidente Mao trata en el capítulo XVII lo que él entendía por servir al pueblo. Comienza diciendo: “Debemos ser modestos y prudentes, prevenirnos contra el engreimiento y la precipitación, y servir de todo corazón al pueblo”.

¿Qué significa “servir de todo corazón al pueblo”?  Lo explica: “partir en cada caso de los intereses del pueblo y no de los intereses de ningún individuo o pequeño grupo”. Y enfatiza: “ser responsables ante el pueblo significa que cada palabra, cada acto y cada medida política nuestros deben concordar con los intereses del pueblo, y si cometemos errores debemos corregirlos”.

En la guerra civil española “apareció de la nada un médico que lo dio todo por un único propósito: salvar todas las vidas que pudiera”. Se llamaba Norman Bethune. Era un canadiense que vivió otra guerra en China. Mao Tse Tung escribió el texto En memoria de Norman Bethune, publicado en 1940. Sigue siendo un héroe en China. “El espíritu del camarada Bethune -escribió Mao- su total dedicación a los demás sin la menor preocupación de sí mismo, se expresaba en su infinito sentido de responsabilidad en el trabajo y en su infinito cariño por los camaradas y el pueblo”. Agregó: “La capacidad de un hombre puede ser grande o pequeña, pero basta con que tenga este espíritu para ser hombre de elevados sentimientos, hombre íntegro y virtuoso, hombre desprovisto de intereses triviales, hombre de provecho para el pueblo”.

Esas máximas morales sitúan a la política en otro andarivel: en el nivel ético. Y no deben ser ignoradas por ningún izquierdista, por revolucionario que sea, a menos que se traicione a sí mismo.

Si solo recordamos -dado que la “memoria forja su historia”- el absurdo acontecimiento del 30 de septiembre, podemos evaluar si en Correa estuvo presente su deber de servir de todo corazón al pueblo. Recordemos que en ese día no escatimó desafueros. Desde su trepidante ingreso al Regimiento Quito, con la secuela de incidentes que sobrevinieron, hasta su temeraria salida del Hospital de la Policía, dejó una estela de violencia que pudo haber sido evitada.

Desde su trepidante ingreso al Regimiento Quito, con la secuela de incidentes que sobrevinieron, hasta su temeraria salida del Hospital de la Policía, dejó una estela de violencia que pudo haber sido evitada.

Los enfrentamientos entre policías y militares, entre policías y manifestantes de Alianza País, la muerte del policía Froilán Jiménez, mientras escoltaba el vehículo del presidente, que dejó “destrozados a sus familiares”.

Esa situación explosiva no guardaba concordancia con el reclamo de policías y de militares, en defensa de sus bonificaciones y condecoraciones. El veto a la Ley de Servicio Público, que había sido consensuada en la Asamblea, desencadenó el conflicto. Correa amenazó a sus propios asambleístas con la muerte cruzada. Acusó a la oposición de tramar un supuesto “golpe de estado”. Arremetió contra los medios de comunicación e impuso la información oficial como la única fuente. Persiguió a periodistas. A Fernando Villavicencio. A Emilio Palacio por un artículo publicado en El Universo precisamente sobre el 30S.

La gobernabilidad que Correa pudo detentar en su primer período fue escamoteada por el mismo. Puso en riesgo su vida, la de policías y militares, de civiles, médicos, enfermeras y pacientes del Hospital de la Policía.

Creo que este es un buen ejemplo de la distancia existente entre las teorías que supuestamente encarnaba Rafael Correa y su primitivismo político. Tal primitivismo consiste en prescindir de la cooperación del otro, sufrir de ceguera sobre lo que ocurre a su alrededor, e intentar imponer su voluntad sin permitir que propios y extraños reaccionen.
 
El proyecto político de Correa que tuvo la aprobación del pueblo en las urnas no logró plasmarse en obras perdurables: Yachay, las escuelas del milenio o el cambio de la matriz productiva quedaron como sueños de modernidad. La propia democracia participativa que devino en un sistema peor que el que se quiso superar, es otro ejemplo.

Correa y sus simpatizantes de ayer y de hoy responsabilizan de ello a sus opositores, pero no toman en cuenta el alto capital político que tuvo sobre todo en su primera elección. El precio del petróleo le permitió gastar en infraestructura, carreteras, proyectos hidroeléctricos, pero muchas de esas obras quedaron inconclusas, bien sea por la falta de licitación, de los informes de Contraloría o por fallas técnicas. El endeudamiento externo desorbitado, las ventas pre petroleras a China por préstamos onerosos, hacen un conjunto de falencias en su programación y ejecución. De esto Correa fue el principal responsable.

La sentencia por el delito de cohecho no puede ni debe ser soslayada por el ex jefe de estado. El país exige de él una respuesta madura y creíble. También es otra demostración del elevado costo que tuvo la concentración del poder.

“El agua corriente no se corrompe y a los goznes de la puerta no los carcomen los gusanos”. Con este proverbio, Mao Tse Tung caracterizaba la autocrítica: “ ‘di todo lo que sepas y dilo sin reservas’; ‘no culpes al que hable, antes bien toma sus palabras como una advertencia’ y ‘corrige tus errores si los has cometido, y guárdate de ellos si no has cometido ninguno’”.

Solo así la historia dará su fallo.

[PANAL DE IDEAS]

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