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30 de Noviembre del 2016
Ideas
Lectura: 9 minutos
30 de Noviembre del 2016
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Fidel: del héroe al mito
El salvador y el tirano, el héroe y el villano. Paradojas inevitables de la vida de quien fue el protagonista mayor, por no decir el único, por más de medio siglo de la vida de Cuba. Y también una especie de referente ideológico de algunos movimientos latinoamericanos que pretendieron repetir su hazaña en sus países gobernados por tiranos: Argentina, Uruguay, Perú, Bolivia, Nicaragua. Procesos que fracasaron porque, probablemente, Fidel solo hay uno y ese único estuvo siempre en Cuba. Los procesos revolucionarios no se copian.

Falleció Fidel Castro. El gran revolucionario que transformó la imagen y el pensamiento de un pueblo y también  de buena parte de América Latina. En el pensamiento político latinoamericano del siglo XX, seguramente hay un antes y un después de Fidel Castro. Con su nombre, y desconociendo que esos procesos no se repiten, se organizaron grupos que pretendieron repetir la misma revolución en casi todos los países del Cono Sur. Pero las revoluciones no se copian, siempre son únicas e inexplicables.

Así son estos personajes únicos que terminan convertidos, más que en héroes, en seres míticos de los que se habla y a los que incluso se los invoca sin saber por qué ni para qué. Fidel real y mítico, el de los odios y el de los amores. Amigo hasta de sus enemigos ideológicos, como Febres Cordero. Fidel tan real como un cuento de hadas. 

El salvador y el tirano, el héroe y el villano. Paradojas inevitables de la vida de quien fue el protagonista mayor, por no decir el único, por más de medio siglo de la vida de Cuba. Y también una especie de referente ideológico de algunos movimientos latinoamericanos que  pretendieron repetir su hazaña en sus países gobernados por tiranos: Argentina, Uruguay, Perú, Bolivia, Nicaragua. Procesos que fracasaron porque, probablemente, Fidel solo hay uno y ese único estuvo siempre en Cuba. Los procesos revolucionarios no se copian.

La lucha por el poder constituye el origen de la historia, de todo desarrollo social, político, económico. Origen de la vida y de la muerte. Por lo mismo, capturar el poder es el mayor y más grande de los anhelos de ciertos sujetos. No importa que hoy te martiricen porque mañana te proclamarán como emperador o dios. Cuando lo consigas, harás todo lo posible para que nadie te arrebate ni un miligramo de ese poder que lo defenderás a capa y espada. Todavía en nuestro tiempo hay personajes que se consideran ungidos por las divinidades para gobernar indefinidamente sus países. Por eso apelarán a todos los juegos, por más sucios que sean, con tal de quedarse eternamente en el poder incluso con elecciones “democráticamente” realizadas. 

La enfermedad del poder es la peor de todas las catástrofes sociales. Para quedarse en el poder eternamente, estos enfermos inventan y reinventan las naciones, las leyes, los procesos  adecuándolos a sus oscuros deseos. Hay revolucionarios lúcidos  como Fidel. En nuestras Américas abundan los autodenominados  revolucionarios que incluso llevan la efigie de Fidel en su gorra pero nunca en su espíritu. Revolucionarios de gorra. Después, cínicamente, no se cansan de repetir que su poder proviene del  pueblo, por ese  pueblo sometido y silente, de ese pueblo engañado en la feria pueblerina de las proclamas y las promesas.

Hubo demasiadas razones para la pauperización galopante que se produjo en Cuba, luego del triunfo de la revolución. Quizás la  fundamental se halle en el manejo del poder sostenido en una persona e ideológicamente referido a algo que fue realidad y que rápidamente se convirtió en una suerte mito: la revolución. Si todo converge en la revolución-mito, los sistemas se pauperizan, se resquebrajan y hasta desaparecen. Un mito que, en última instancia, se mantiene gracias al control total del país. La pauperización ha sido siempre una de las formas privilegiadas y perversas de control social. No es difícil que conviertas en esclavo a quien le das de comer y de vestir. ¿Fueron solo los Estados Unidos los que aislaron a Castro? Ciertamente no. Castro se aisló para ser único. Los Estados Unidos han servido también de pretexto para no ver las inmensas incoherencias de una política cerrada sobre sí misma. 

Los poderes omnímodos se hallan atravesados por una gran dosis de ignominia, de lo que da buena cuenta la historia de Occidente. Todos los pueblos se cansaron de sus reyes y emperadores. Los soportaron hasta el día de la rebeldía en el que se impuso la democracia. Imposibles libertad y democracia con un gobernante eternamente reelegido y venerado casi como dios y sin ni siquiera la más remota posibilidad de una controversia política.   

Nada difícil sostenerse en el poder si se ha manipulado a la perfección a las fuerzas armadas, a los poderes legislativo, judicial y electoral. Esta es la primera y fundamental tarea de aquellos auto-elegidos como salvadores de su pueblo. ¿Qué han pretendido y aun pretenden ciertos movimientos políticos  sino dar vuelta al estatus democrático para que gobierne un partido representado por un líder insustituible que posee la habilidad de construir enemigos ad hoc? Por lo mismo, no es pensable una democracia con reelección indefinida. Si no hay alternancia, no hay libertad. Lo que acontece en Nicaragua es, ciertamente, de antología. 

Desde luego que Castro fue un héroe que logró vencer a un régimen absolutamente corrupto que manejaba la Isla igual que un casino y un burdel. Demasiada audacia y valentía para vencer a ese poder estatuido. Por supuesto, no fueron solo Castro y sus coidearios. La URSS jugó un papel de capital importancia pero que cortó su intervención tanto por la crisis de los misiles como por el cambio político radical que determinó su desaparición y el retorno a la autonomía democrática de un sinnúmero de naciones que hacían la conformaban. Así se desbarató el gran castillo de fuegos artificiales comandado por un Fidel cada vez más aislado y cada vez más pobre. 

Fidel se dejó engañar por los fuegos artificiales y perdió la cordura como cuando envió a su gente a pelear en África y en Bolivia. ¿Fue el Che propositivamente lanzado a una aventura imposible? En Nicaragua se derramó sangre cubana. Hoy, un supuesto  ex héroe se halla dedicado a profanar tanto la idea de revolución como la de todo principio democrático.
En poco tiempo y luego de la crisis de los misiles, se crearon dos Cubas: la de los discursos y la de la propaganda que hablaba de un país casi paradisíaco en el que Fidel era el gran creador y administrador. Y la Cuba de la vida diaria, la común y corriente. La Cuba de las limitaciones y de los aislamientos, la Cuba que no podía navegar más allá de sí misma.

Fidel Castro devino mito y en ese mito se ha sostenido Cuba a lo largo de estas  décadas. La Cuba mágica de quienes todavía piensan en la revolución aunque ignoren sobre qué verse esa revolución que no sea otra cosa que en la toma del poder por el poder mismo. Chávez es un ejemplo. Y Maduro constituye la parte fatal de esa revolución con la que se llena la boca y que para él no significa nada más que la posesión del poder y punto. Ni qué decir de los socialistas del siglo XXI que invocan a Fidel como santo protector en su afán de apoderarse del poder para administrarlo como ben personal e indefinidamente.

Hubo una Cuba de la diáspora y la del exilio de la que casi solo quedan recuerdos pues sus habitantes ya están en la tercera generación. Sin embargo, no ha dejado de hacer oír su voz mezclada con sones y vocabularios extranjeros. Otra Cuba, ciertamente en extinción, quizás ya extraña a sí misma y que explotó en gritos de alegría por la muerte de Castro. Fidel la maldijo porque abiertamente  significaba la antípoda de su propuesta.

Hoy comienza una Cuba sin Fidel. Se esperaría que construya nuevos rumbos ideológicos  y políticos para salir de su crisis y de su aislamiento, para que la población abandone la anacronía de la pobreza y se integre a la modernidad. Esta nueva actitud podría convertirse en parte sustancial de una nueva fidelidad a Fidel.

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