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4 de Junio del 2020
Ideas
Lectura: 7 minutos
4 de Junio del 2020
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

En fin, la hipocresía
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Es una patraña el interés en George Floyd si lo único que les interesa es encontrar un pretexto para ventilar sus rencores en contra de los demás. Es también una patraña que se diga que la violencia garantiza la dignidad, libertad y prosperidad de los pueblos. ¿De qué revolución hablan?

Un ser humano murió de la forma más canallesca en los Estados Unidos. Se llamaba George Floyd. Su agresor es un policía que le aplastó el cuello con la rodilla hasta asfixiarlo. George estaba desarmado, no había cometido ninguna falta, no se resistió al arresto y fue reducido de la forma más absurda, cruel y denigrante. El mundo puso el grito en el cielo y la indignación popular ocupa todavía las calles de más de 50 de ciudades en los Estados Unidos y otras ciudades del mundo como Ámsterdam, Toronto, Sídney, París o Berlín.

En todas partes se reclama por las inequidades que tienen sus raíces en el coloniaje y la marginación. Pero muchos hipócritas que se lamentan en esta tragedia antes batieron palmas y rieron a carcajadas cuando esos estereotipos fueron utilizados de forma denigrante por su político de cabecera.

¿Acaso hemos olvidado que se calificó como indios fracasados a los indígenas, pelagatos a los ciudadanos, gorditas horrorosas a las periodistas o muñequitas de pastel, neuróticas y desquiciadas a las opositoras? ¿Hemos olvidado a los 15 denunciantes de la corrupción muertos en circunstancias confusas o los 16 caídos en protestas en manos de la represión policial además de los 8 fallecidos de octubre pasado? ¿Hemos olvidado que se encarceló a un ciudadano por, literalmente, aplaudir y a otro por llevar en el balde de su camioneta un borrego de cartón? ¿Hemos olvidado el trato infamante, denigrante, machista en contra de las funcionarias del mismo gobierno a quienes se les atribuyó aportar las minifaldas en las fiestas oficiales o que los cuerpos de las mujeres afrodescendientes son buenos para curar los males de los riñones de los machos políticos neandertales? ¿Olvidamos que se suspendió de sus funciones a tres asambleístas por opinar sobre el aborto en la Asamblea Nacional?

Todos estos calificativos y ordenes salieron de la boca del líder y del batir de las palmas de las focas amaestradas que se presentaban hasta hace poco como la nueva generación política predestinada a gobernar los destinos de todos. Nadie podía levantar la mirada siquiera porque era aplastado por la propaganda oficial, despedido de su trabajo, acosado por los fanáticos digitales y proscrito de la forma más indigna.

En todo esto hay un cierto tufillo de hipocresía racista. No faltan quienes hoy se lamentan por las sistemáticas represiones en el odiado imperio, pero callaron lo mismo frente a la criminalización a los 10 de Luluncoto, a los 12 del Central Técnico, a los 54 del Colegio Mejía, a los 11 de Riobamba, a los 26 de Saraguro. Los indígenas, negros, cholos, campesinos, estudiantes, mujeres, homosexuales, jubilados, profesores, médicos eran tildados de fracasados, pelagatos, desquiciados, neuróticas. A la camarilla de la altísima nueva generación de mentes lúcidas, corazones ardientes y manos limpias les provocaba asco las libertades y la democracia. Le tienen terror al pluralismo y a que el movimiento indígena ocupara las calles, los desplazara de la política, reclamara por todos y hasta pusiera un presidente.

Es una patraña el interés en George Floyd si lo único que les interesa es encontrar un pretexto para ventilar sus rencores en contra de los demás. Es también una patraña que se diga que la violencia garantiza la dignidad, libertad y prosperidad de los pueblos. ¿De qué revolución hablan?

Son los mismos que ayer aplaudieron los brotes aislados de violencia extrema en las jornadas de octubre de 2019. Hasta le llamaron la nueva independencia. Hipócritas. ¿Acaso están celebrando los excesos de violencia y la ruina del estado constitucional?

Un evento de violencia extrema no puede ser generalizado a todos los manifestantes en una situación de protesta. No puede atribuirse colectivamente a un movimiento social el asalto e incendio de la Contraloría, sino a un grupo específico de antisociales. Lo mismo debe decirse del incendio al edificio donde operaba la Compañía Eléctrica ENEL en Santiago de Chile o sobre el incendio a un recinto policial en Minneapolis hace unos días en los Estados Unidos.

Pero los apologistas de la violencia se agazapan gozosos detrás de demandas sociales legítimas para buscar su oportunidad de volcar todos sus resentimientos antisociales en contra de la democracia, el pluralismo, los derechos humanos y el patrimonio público y privado. ¿Acaso se creyeron el autoengaño de que las protestas que se producen en las calles del mundo se deben a una determinada conciencia de clase o a una específica ideología política?

Nuestros fariseos aplauden las medidas más extremas. Pero nada han dicho de los 47 presos ejecutados extrajudicialmente hace unos días en las cárceles de Venezuela en manos del gobierno de Nicolás Maduro. Aplauden los saqueos masivos, la destrucción de la propiedad, la violación de derechos individuales y colectivos en las protestas de los Estados Unidos, así como de Chile y Ecuador del año pasado, pero nada dicen de las violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos en el país de la dignidad bolivariana. ¿Les suena los nombres de Jairo Ortiz, Paola Ramírez o Carlos Moreno, este último menor de edad, asesinados por la brutalidad policial chavista? Los muertos ascienden a varios centenares en manos de Nicolás Maduro y a nuestros hipócritas eso no les indigna.

Es una patraña el interés en George Floyd si lo único que les interesa es encontrar un pretexto para ventilar sus rencores en contra de los demás. Es también una patraña que se diga que la violencia garantiza la dignidad, libertad y prosperidad de los pueblos. ¿De qué revolución hablan? De ser así Siria, Afganistán, Irak, Sudán, Yemen, Somalia, Ucrania, Corea del Norte o Venezuela, las naciones más violentas del mundo, serían las más prósperas. Pero no los son. Son reductos de atraso, muerte y desesperanza. La violencia extrema en las protestas solo engendra caos y destrucción. En fin, la hipocresía.  

@ghidalgoandrade 

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