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21 de Enero del 2015
Ideas
Lectura: 11 minutos
21 de Enero del 2015
Cristina Burneo Salazar

Docente de la Universidad Andina Simón Bolívar. Trabaja en Letras, género y traducción.

Gaby Díaz
Gaby y su familia lograron hacer la denuncia y su madre y su familia, con extraordinaria fortaleza, perseveraron hasta lograr la prisión para los dos delincuentes, con la enorme solidaridad de las amigas de Gaby y de los activismos.

Sentencia condenatoria unánime
La perseverancia de la familia de Gaby Díaz

Fausto S. e Iván R., dos estudiantes universitarios, uno de la Universidad San Francisco y otro de la Universidad Salesiana, reparten su vida entre los estudios en Quito y sus visitas a Riobamba, donde viven sus familias y sus amigos. Hacen lo que hacen los jóvenes de su edad y de su clase: salen, beben, vuelven a Quito, van a clases. Los vemos en los pasillos de la universidad, en los bares, en casas de amistades. Quizás han estado en nuestras clases, de visita en nuestras casas o se nos han cruzado en el supermercado.

Es el 22 de julio de 2013. Fausto S. e Iván R. aprovechan una reunión social para hacer lo que hacen miles de hombres alrededor del mundo y que encubren miles de personas alrededor del mundo. Ambos toman en ese momento la vida de Gaby Díaz, una muchacha de 19 años que ha ido a la reunión sin saber que esa noche dos personas iban a destruir su integridad y su vida. Según testimonios en este caso, uno de los dos hombres era su mejor amigo. Gaby sufre una violación. Sobrevive, su familia la recoge de la casa en donde estaba. Antes de que la recojan, ambos hombres le sacan fotos.

El 13 de agosto de 2013, Gaby y su familia presentan la denuncia en Riobamba. Los cargos por delito de violación contra los acusados se formulan el 1. de mayo de 2014, nueve meses después de la denuncia. Pasan nueve largos meses. A esa fecha, se dispone prisión preventiva contra ambos hombres. Sólo que para ese momento Gaby ya no estaba.

El 5 de abril de 2014, Gaby Díaz se quita la vida. Gaby fue sobreviviente de una violación en la medida en que logró salir del lugar donde estaba la noche en que la atacaron. No murió inmediatamente pero sí murió por consecuencia directa del ataque que había sufrido. Esa noche, los dos criminales tomaron su vida aunque no la hubieran asesinado. Es lo que debemos lamentar profundamente como sociedad y que debe lamentar también la administración de justicia, que se demoró casi un año en dictar prisión y un año y cinco meses en dictar sentencia.

Antes de que se dictara la prisión preventiva en mayo de 2014, Gaby llegó a ver a los criminales en la calle, recibió amenazas, intentaron intimidarla. Los nueve meses que pasaron entre el delito cometido contra ella y su suicidio fueron una larga agonía y tuvo que vivir con el hecho de que sus violadores estuvieran sueltos en la calle y pudieran agredirla. Además, estos dos hombres cometieron el mismo delito contra otras mujeres. Han sido sentenciados como criminales seriales, con un modus operandi premeditado. El 2 de febrero tendrá lugar la audiencia del caso de Evelyn S., otra víctima de violación de estas mismas dos personas.

Gaby y su familia lograron hacer la denuncia y su madre y su familia, con extraordinaria fortaleza, perseveraron hasta lograr la prisión para los dos delincuentes, con la enorme solidaridad de las amigas de Gaby y de los activismos. Todas estas personas tuvieron la sabiduría de reconocer que el crimen no debía callarse, que Gaby tenía todo el derecho de hacer pública su agresión y no avergonzarse de ello de ninguna manera, que la víctima era ella y no los dos hombres que la violaron. En una cultura que encubre a los violadores, la frontalidad y determinación de estas personas son una lección para toda la sociedad y, en especial, para la administración de justicia.

Ha sido un proceso que ha demorado demasiado y en donde la misma administración de justicia maltrató a la víctima, hecho que no puede pasarse por alto de ninguna manera. La conciencia y la sensibilidad de qué es la violencia de género, qué significa atentar contra la integridad física y sexual de una mujer, parecen todavía algo ajeno y desconocido para la justicia ecuatoriana. Se ha condenado a dos violadores seriales, pero el costo de ello es la vida de una persona debido al gravísimo desconocimiento de los funcionarios sentados en los puestos en donde se administran los casos, que parecen no ver la urgencia con que deben tratarse. Entre la denuncia de Gaby y su familia y la sentencia, ella decidió quitarse la vida, y el entorpecido modo en que se llevó el caso durante los primeros meses tienen que ver con su decisión.

La tercera fiscal asignada para el caso y quien por fin lo trató explícitamente como violencia de género, Gabriela Carrión, reconoce que hubo fallas en el proceso. La manera en que se manejó la evidencia constituye otra agresión contra Gaby Díaz. En palabras de Carrión y según los hechos que constan en el documento de la audiencia: “Los hechos ocurridos el 22 de julio del 2013 quedaron plasmados en fotografías que fueron tomadas por sus agresores (de Gaby Díaz), mismas que fueron guardadas en el departamento de Fausto Saavedra en la ciudad de Quito. Dos de esas fotografías fueron anexadas al expediente fiscal en la versión libre y voluntaria que rindió el condenado Fausto Saavedra; momentos después fueron observadas por la víctima, Gaby Díaz, hecho que le produjo un profundo daño psicológico, contribuyendo a que en Gaby se desencadenara una crisis de ansiedad por estrés postraumático.” Carrión señala también el hecho innecesario de la exhibición de la intimidad de Gaby Díaz durante el proceso.

Ciertamente, aquí los funcionarios involucrados en el caso en ese momento actuaron con un desconocimiento que se torna en violencia contra la víctima. Afirma Carrión: “Finalmente la completa intimidad de Gaby Díaz por la naturaleza de caso llegó a los ojos y oídos de la administración de justicia, pasó por los fiscales, el juez de primera instancia y los tres miembros del tribunal penal, no porque estos miembros de los órganos de justicia así lo hayan querido, deseado o provocado, quienes, y me uno a esta lista, no teníamos por qué conocer a Gaby en estas circunstancias ni ver fotografías tan íntimas como las tomadas por los agresores.” La evidencia no fue tratada con sensibilidad ni conciencia de lo que se estaba haciendo. No pueden repetirse estos procedimientos en un país en donde se dice en el discurso que hay voluntad de erradicar la violencia de género.

Al mismo tiempo, cabe reconocer el tratamiento coherente y lúcido que la fiscal asignada dio al caso y que ha llevado a la sentencia condenatoria unánime para los dos criminales. El caso de Gaby Díaz ha sido asumido legalmente como violencia de género, “ratificado por los múltiples expertos (peritos) que en la audiencia de juzgamiento rindieron su testimonio, entre los cuales se puede mencionar a dos psicólogos, tres trabajadoras sociales y un psicólogo forense, quienes sin titubear indicaron que el caso de Gaby Díaz no solo es un delito de carácter sexual, sino que también tiene un alto componente de violencia de género”, concluye Gabriela Carrión. Se ha hecho justicia aunque Gaby ya no esté.

Nunca más una víctima tendría que llegar a tomar su propia vida mientras la justicia se demora. El caso de Gaby Díaz es un símbolo de los miles de casos anónimos, sin sentencia, en donde la víctima muere, en donde se la culpabiliza, casos que se callan, que son vergonzantes, que ni siquiera llegan a la justicia, que no podemos siquiera contar porque están dispersos en todos los sectores de la sociedad. La justicia ha actuado pero no puede volver a demorarse. En memoria de Gaby y de todas las víctimas de violencia, no pueden volver a demorarse.


Lo que tenemos que desaprender como sociedad

  • Una mujer que viste según su gusto no está invitando a una violación.
  • Una mujer que bebe en una fiesta no está invitando a una violación.
  • Una persona que ha caído inconsciente por uso de sustancias no está invitando a una violación. Debe ser ubicada en un lugar seguro, vigilada para hidratación y acompañada a su domicilio una vez que se recupere.
  • Las personas pueden controlar sus impulsos sexuales. Una mujer en una habitación no es culpable de despertarlos.
  • El “humor” que deslegitima a las personas no es realmente humor. Es violencia encubierta como humor. Aquello que provoca risa dice mucho de una sociedad
  • El hecho de que tengamos que condicionar nuestro lenguaje para que deje de ser violento prueba que ha sido legitimado por largo tiempo. Quienes desaprenden este lenguaje también están contribuyendo a desactivar la violencia.
  • Una persona nunca es culpable de provocar violencia por parte del otro. La responsabilidad de la violencia recae sobre quien la ejerce, no en la víctima.
  • Para erradicar la violencia contra las mujeres, tenemos que desaprender lo que se nos ha enseñado a comprender como natural.
  • Las violaciones no deben callarse. No son culpa de la víctima y no deben avegonzarla. La violencia debe denunciarse.

[PANAL DE IDEAS]

Hugo Cahueñas Muñoz
Fernando López Milán
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Alexis Oviedo
Gabriel Hidalgo Andrade
Consuelo Albornoz Tinajero
Oswaldo Toscano
Patricio Moncayo
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