Back to top
16 de Agosto del 2016
Ideas
Lectura: 13 minutos
16 de Agosto del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Los geniales Juegos Olímpicos de Río
Se suponía que yo, que soy persona de avanzada, crítica, consciente, a la que le importan los derechos humanos, tenía que estar contra los juegos, verlos con suspicacia, juzgarlos con severidad, encontrar lo malo, denunciar lo perverso, hundirme en la desesperación y en la frustración. Pero, les confieso, no lo he podido hacer.

Sí, yo sé que los problemas de las favelas no se han resuelto, que falta señalización, que la piscina de clavados se volvió verde por algas, que los ladrones asaltaron a punta de pistola a Ryan Lochte y a otros tres compañeros suyos del equipo de natación estadounidense, pero ¿qué le voy a hacer?, me encantan los Juegos Olímpicos.

Sí, yo sé que no son cuentos de hadas sino el mayor despliegue de la codicia y la corrupción en el deporte, que el Comité Olímpico Internacional es una vergüenza, y que las multinacionales hacen y deshacen en su afán de ganar dinero, pero ¿qué le voy a hacer?, me encantan los Juegos Olímpicos.

Y estos de Río me gustan aún más porque recibieron una brutal publicidad negativa. Que el zika iba a arrasar con los atletas; que las aguas fétidas de las alcantarillas iban a contaminar todo el ambiente; que jamás Río iba a tener los escenarios a tiempo; que con el poco presupuesto la inauguración iba a estar muy por debajo de las de Pekín o Londres; que la villa olímpica no iba a funcionar; que la desorganización iba a ser terrible; que los periodistas no iban a poder trabajar.

Con todo esto se suponía que yo, que soy persona de avanzada, crítica, consciente, a la que le importan los derechos humanos, tenía que estar contra los juegos, verlos con suspicacia, juzgarlos con severidad, encontrar lo malo, denunciar lo perverso, hundirme en la desesperación y en la frustración. Pero, les confieso, no lo he podido hacer.

Me encantan los juegos y, si pudiera, que no lo oiga nadie, me pasaría todo el día frente al televisor viendo cosas tan extrañas como el rugby a siete, el bádminton y el dressage. No me sobra tanto tiempo, pero lo que sí he hecho es ver algunas pruebas en vivo y, a la noche, los resúmenes y repeticiones. Con esto, termina uno durmiendo tardísimo pero la ventaja es que, a mi edad, se duerme poco.

Me fascinó la ceremonia de apertura. Por lo variada, distinta, dinámica, emotiva, original. Unos 900 millones de personas en todo el mundo disfrutamos de la versatilidad, novedad y alegría del espectáculo dirigido por el cineasta Fernando Meirelles (director de Ciudad de Dios, El jardinero fiel) que fue un homenaje a la cultura brasileña, a la herencia y al modo de vida carioca, a la vez que una proclama ecologista. La representación de la historia portuguesa, rápida, sin dramatismos ni patrioterismos, el flujo histórico de inmigrantes y el levantamiento y construcción de las metrópolis de Río y Sao Paulo, la reivindicación de Santos Dumont, de la inventiva brasileña y de la geométrica prehispánica, portuguesa y brasileña fueron también equilibradas y alegres.

El video sobre el cambio climático fue genial (y qué importa que haya molestado a quienes no creen en él). Aunque podía parecer un poco cursi, la idea central de la planta que germina en el asfalto tuvo una resonancia profunda con la poesía La flor y la náusea de Carlos Drummond de Andrade, recitada por extraordinarias actrices de más de 80 años, Fernanda Montegro y Judi Dench, la británica única no brasileña en la ceremonia (“Una flor nació en la calle./ Pasen de largo, trenes, camiones, río de acero del tráfico./ Una flor que, macilenta,/ elude a la policía, rompe el asfalto./ Completo silencio. Paren los negocios./ Les juro que una flor nació”). También bordeaba en lo simplón la caminata de pasarela, pero resultó espectacular, con la Garota de Ipanema de fondo y la puesta en escena, siendo en la caminata de pasarela más vista de la historia (y sí, Giselle Bündchen, la modelo más importante de los últimos años, se lo merecía).

Me gustó también que su costo haya sido diez veces menor que el de la ceremonia de apertura de los juegos de Pekín (US$ 90 millones) y cinco veces menos que la de Londres (US$ 45 millones), una demostración adicional de que los brasileños y, en realidad, todos los latinoamericanos, podemos hacer más con menos (el espíritu de kludge que dicen por allá). “Hay cosas más importantes en las que gastar el dinero en Brasil”, ha confesado Meirelles. Ya allí bailaron 6.000 voluntarios, por el amor al baile y el deseo de colaborar, a los que se unen los 45.000 voluntarios, no todos brasileños, que están colaborando en los juegos.

¿Y qué dicen de la idea de la semilla? Un bosque se puede plantar con 12.000 semillas, claro, pero hacer que 12.000 atletas las siembren una a una en sendos almácigos, que las torretas en que estaban esos semilleros se volvieran parte de la coreografía, con su brillante acero reflejando caras y luces, y que luego de su interior surgieran plantas y que estas formaran los anillos olímpicos más naturales del mundo, hizo mucho por llevar el mensaje ecologista hasta el extremo. Y los cariocas y los turistas van a amar ese “bosque de los atletas” durante las próximas generaciones.

Y no sigo, porque lo que hemos gozado estos días, ya con los juegos en marcha, es extraordinario y nos llena de emociones y de historias. Desde el primer día, cuando vimos llorar a Novak Djokovic, al perder ante Del Potro y quedar eliminado de los juegos, hasta las finales de este domingo, las emociones en el tenis han sido inmensas. Ver a Juan Martín Del Potro, que si ha jugado diez partidos en los últimos dos años han sido muchos, y que ha debido soportar dos operaciones, llegar a la medalla de plata, es una historia épica. Y no se queda atrás la de Rafael Nadal que, como él mismo dijo, 25 días antes estaba en su casa y no sabía si iba a poder jugar, y terminó con la medalla de oro en dobles y el cuarto puesto en individuales, a pesar del absurdo calendario que le impusieron. ¿Y qué decir de Mónica Puig el primer oro olímpico de Puerto Rico? Decir que nadie lo esperaba es una vulgaridad. Esta chica de 22 años ni siquiera estaba entre las 30 mejores jugadoras del mundo (su ranking en la WTA es 34), y solo había ganado un torneo de juveniles a los 14 años.

Pero también hubo ocasión de indignarse, como cuando dos hinchas argentinos le gritaron a Murray en medio de un punto (felizmente les sacó la seguridad y medio estadio les gritó “Maricones, maricones”) pero sobre todo con Nishikori, quien, luego de que Nadal remontara el segundo set, en que el japonés le ganaba 5-2, se fue al baño durante 12 minutos y cortó la efervescencia del español, una clara táctica antideportiva que le dio resultado al nipón. Pero Nadal, como gran deportista que es, aunque señaló que eso estaba mal, tuvo la nobleza de reconocer que el japonés había jugado mejor que él.

Y hubo ocasión de admirar la clara conciencia de género de Andy Murray. Cuando el periodista de la BBC John Inverdale le preguntó “Tú eres la primera persona de la historia en ganar dos oros olímpicos. Un logro asombroso ¿no?”, él le aclaró: “Venus y Serena han ganado cuatro cada una”. Como comentó la escritora J.K. Rowling, la autora de Harry Potter: “Por si nos faltaran razones para adorar a Andy Murray, le acaba de recordar a John Inverdale que también las mujeres somos personas”.

La natación ha sido otra fuente de regocijo. Fue increíble ver a Phelps (que se había retirado, que cayó en el alcoholismo y las drogas, que se rehabilitó y que tenía entre los espectadores a su mujer y a su hijo) conquistar cinco oros, para completar 23, el mayor número de cualquier atleta en la historia. Pero fue aún más increíble contemplar cómo a esta leyenda le derrotó un chico singapurense de 21 años, Joseph Schooling en 100 metros mariposa. Y ver también que en esa prueba Phelps llega segundo, pero que no solo él sino otros dos nadadores, el australiano Le Clos y el húngaro Cech, empatan con él con exactamente las mismas centésimas de segundo.

Esto del empate a centésimas fue más conmovedor cuando la nadadora afroamericana Simone Manuel culminó la carrera de 100 m en primer lugar, empatando milagrosamente con la canadiense Penny Oleksiak, a 52,70 segundos, con lo que establecieron las dos un récord olímpico simultáneo. Pero Simone Manuel hizo historia por otra razón: es la primera mujer afroamericana de todos los tiempos en ganar medalla de oro en natación.

También vimos cómo, ante nuestros ojos, Katie Ledecky se convirtió en una de las mejores nadadoras de la historia al ganar el oro en 200 y en 400 libres de manera individual y, junto con sus compañeras de equipo, en relevos de 4x200 estilo libre y la plata en 4x100 libres. Por si faltara algo, su actuación en 800 libres fue increíble. Cuando el jueves se clasificó primera en su serie, rompiendo el record olímpico, ya anunciaba lo que iba a hacer en la final, pero dejó al mundo con la boca abierta cuando el viernes ganó el oro rompiendo su propio récord mundial, y sacando más de 12 metros de ventaja sobre su rival más próxima.

Y habría que añadir tantas historias, como los triunfos sudamericanos de las saltadoras de triple de Colombia y Venezuela, la consagración de la gimnasta Simone Biles, los oros de Usain Bolt, el record de Wayde Van Niekerk en 400 metros planos, el rugido de los estadios por los competidores brasileños, la alegría presente en cada escenario… pero aquí no cabe ya más. Sabemos que tenemos los ojos llenos y las emociones a flor de piel. Y también sabemos que tras cada competidor hay miles de horas de entrenamiento, de sudor, de sacrificios que solo podemos sospechar, proviniendo muchos de ellos no de hogares acomodados sino pobres y que han debido superar extremas dificultades.

Sí, yo sé que el deporte por televisión, cuando se juntaron la televisión a color y la transmisión instantánea, conquistó el mundo y disparó las ganancias y, claro, también la corrupción, pero ¿qué le voy a hacer?, me encantan los Juegos Olímpicos.

Por ahora no me fijo en lo que está mal en ellos; me fijo en la emoción y la alegría que me dan. En un mundo lleno de fallas, componendas y corrupción me presentan sueños, triunfos y derrotas, logros individuales y metáforas universales sobre lo que los hombres y mujeres pueden lograr, en el mayor espectáculo que el mundo, con todas sus limitaciones y absurdos, organiza cada cuatro años.

[PANAL DE IDEAS]

Rodrigo Tenorio Ambrossi
Giovanni Carrión Cevallos
Fernando López Milán
Patricio Moncayo
Christian Escobar Jiménez
Carlos Rivera
María Fernanda Solíz
Fanny Zamudio
Alexis Oviedo

[RELA CIONA DAS]

La Amazonía en llamas
Hugo Cahueñas Muñoz
La corrupción en su justa proporción
Juan Cuvi
Detienen a los asesinos de Marielle Franco y todas "las coincidencias" conducen al presidente Jair Bolsonaro
Bruno Bimbi / TN.com.ar
Bolsonaro: un signo de los tiempos
conflicto limítrofe
Lecciones del caso Bolsonaro: lecturas para una nueva izquierda
hipersensibilidad
GALERÍA
Los geniales Juegos Olímpicos de Río
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

Precarizados y censurados: el Covid agravó la situación del periodismo ecuatoriano
Fundación Periodistas Sin Cadenas
Los cabos sueltos y las verdades a medias del juicio a María Paula Romo
Redacción Plan V
Pedro Reino: “La gente en política es la más improvisada”
Redacción Plan V
César Montaño: la Universidad Andina nunca bajó los brazos
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

El camuflaje más sofisticado para la droga fue encontrado en Quito
Redacción Plan V
Galápagos se enfrenta a los gigantes
Juan Carlos Calderón
Interpol y la "Liga de presidentes justicieros" de Correa
Mariana Neira
César Ulloa: "las élites no tienen un proyecto de país"
Redacción Plan V