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31 de Mayo del 2022
Ideas
Lectura: 8 minutos
31 de Mayo del 2022
Patricio Crespo Coello

Consultor de organismos internacionales en temas de fortalecimiento de capacidades, políticas públicas, procesos educativos y de gestión ambiental. Con estudios de filosofía y antropología y autor de publicaciones sobre temáticas ambientales.

Gloria a Ucrania: Audrey Tang y las nuevas generaciones (11)
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Las mujeres y los hombres jóvenes de Ucrania que se alistan en el ejército de manera voluntaria para defender a su país contra una potencia imperial, muestran que las capacidades cívicas de las nuevas generaciones no están dispuestas a perder las conquistas de la libertad.

Audrey Tang, nacida en Taiwán, es famosa por diversas razones. Fue la primera ministra transgénero en el mundo, experta en software libre o como ella se denomina, es una hacker cívica. Se dice que con apenas seis años de edad leía obras de la literatura clásica en varios idiomas. A los 19 años trabajó con Apple en Silicon Valley.

Tiene una visión de la democracia que combina anarquía, responsabilidad ciudadana y gobierno abierto. Propugna una gestión y propiedad distribuidas y descentralizadas de las redes y de las grandes plataformas, como quizás la única opción para sostener los procesos democráticos en las sociedades posindustriales. Opuesta radical a los totalitarismos, tanto desde las transnacionales como de los regímenes políticos de Xi Jinping y de Putin. Radical luchadora contra el uso de las tecnologías para aplicar formas de control y de vigilancia por el poder político y por el capital transnacional, y más bien busca que la tecnología sea una herramienta útil para los ciudadanos a fin de que ellos sean los que vigilen al poder y no al revés. Una destacada activista digital durante las revueltas del 2014 conocidas como “Movimiento Girasol”, lideradas por jóvenes estudiantes de Taiwán opuestos a la firma de un tratado comercial con China.

Audrey Tang representa algunos de los valores de la nueva generación. Las brigadas internacionales que luchan a favor de Ucrania y que toman el riesgo de viajar a un país que está siendo salvajemente bombardeado día tras día, están constituidas en su gran mayoría por jóvenes. Las mujeres y los hombres jóvenes de Ucrania que se alistan en el ejército de manera voluntaria para defender a su país contra una potencia imperial, muestran que las capacidades cívicas de las nuevas generaciones no están dispuestas a perder las conquistas de la libertad. Pero no hay que equivocarse, porque esos jóvenes que luchan contra la imposición totalitaria tanto en Ucrania como en Taiwán, pueden ser los mismos jóvenes que lucharon en el año 2019 contra un capitalismo salvaje que destruye empleos y que condena a miles de millones de personas a una vida en pobreza y sin horizonte. El nuevo orden mundial que reclaman las nuevas generaciones quizás se parece al que imagina Audrey Tang.

Los jóvenes que han crecido en la libertad, pueden luchar por ella. No migran a Rusia, a China, a Venezuela, a Cuba o a Nicaragua, prefieren vivir en los países democráticos, pero tampoco quieren ser invitados de piedra en una sociedad que les da la espalda. Tienen bajo el brazo nuevas demandas, un pensamiento crítico y diferentes valores. Si las sociedades democráticas y liberales no comprenden y no evolucionan junto con los jóvenes, entonces tampoco la democracia occidental alimentará de sentido a las nuevas generaciones. Porque en democracia los jóvenes deberían poder colocar sus demandas, luchar por ellas, vencer obstáculos y conquistar derechos cada vez más profundos.

pese a todas las diferencias, hay cierto paralelismo geopolítico entre Ucrania y Taiwán. ¿Podría decirse, incluso, si China continental ataca la isla de Taiwán, estaríamos presenciando el inicio de la Tercera Guerra Mundial?

¿Pero, todo esto tiene algo que ver con la invasión a Ucrania? Hace pocos días Biden anunció que EEUU defendería a Taiwán frente a una potencial intervención militar de China. La respuesta del gobierno chino fue inmediata. Palabras más, palabras menos, la China continental mantuvo su discurso de soberanía plena sobre Taiwán y le dijo a Biden que está jugando con fuego.

El statu quo de 1972 establecido entre Richard Nixon y Mao Zedong, con las intervenciones de Henry Kissinger y de Zhou Enlai, sobre el reconocimiento de China, y el tácito desconocimiento internacional de Taiwán, daría lugar al concepto impulsado por Deng Xiaoping, años más tarde, de “un solo país, dos sistemas”. Pero dicha fórmula que logró avanzar en Hong Kong (los acuerdos establecen que en el año 2047 se realizará la unificación total de Hong Kong), nunca logró afianzarse en Taiwán. Hasta la fecha Taiwán se ha resistido a la unificación, aunque tampoco ha logrado avanzar en la independencia. Y la “Ley de Relaciones con Taiwán”, suscrita por EEUU, no establece en ningún punto un compromiso de defensa militar frente a una agresión de China. De forma que las declaraciones de Biden no poseen legitimidad jurídica y, claro está, el Departamento de Estado tuvo que matizar tales pronunciamientos. Aunque son momentos complejos, pero parecería que la política internacional de EEUU retorna al concepto de “ambigüedad estratégica” para definir su posición respecto a las relaciones entre la República Popular China y Taiwán.

Parecería que el Presidente Biden concibe que su rol hegemónico es el de un garante global de la democracia pero, en efecto, puede que esta intención geopolítica vaya más allá de las capacidades de EE.UU. en un mundo que ahora es multipolar. Por todo esto, las consecuencias de una falla de cálculo podrían ser catastróficas para el mundo entero.

Pues, pese a todas las diferencias, hay cierto paralelismo geopolítico entre Ucrania y Taiwán. ¿Podría decirse, incluso, si China continental ataca la isla de Taiwán, estaríamos presenciando el inicio de la Tercera Guerra Mundial? Y los bloques, enfrentados en términos de una guerra comercial, pasarían a un enfrentamiento militar. La situación es de una alta fragilidad y en el medio se encuentran los jóvenes, verdaderos protagonistas, tras bastidores, del nuevo mundo que está naciendo o que, definitivamente, puede perderse en la destrucción.

Si Deng Xiaoping dijo en 1960, “Blanco o negro, lo importante es que el gato cace ratones”, planteando una posición pragmática en lo económico, que va más allá de las ideologías, ahora, quizás, los jóvenes proponen lugares distintos de construcción cultural, sitios que van más allá de los colores, de los gatos y de los ratones. Y es claro que ni Biden, y menos Xi Jinping o Putin, están en capacidad de representar este nuevo sentir, un sentir crítico a toda forma de hegemonía, de poder político o económico ilegítimos. Jóvenes seducidos por un concepto de anarquía fundamentada en la responsabilidad colectiva e individual. Una anarquía que no niega la existencia del Estado y del gobierno, pero crítica de las jerarquías impuestas de manera inconsulta.

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