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19 de Mayo del 2022
Ideas
Lectura: 7 minutos
19 de Mayo del 2022
Patricio Crespo Coello

Consultor de organismos internacionales en temas de fortalecimiento de capacidades, políticas públicas, procesos educativos y de gestión ambiental. Con estudios de filosofía y antropología y autor de publicaciones sobre temáticas ambientales.

Gloria a Ucrania: el alma rusa (10)
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La Federación Rusa, en los últimos 30 años no se ha caracterizado por ser una nación pacífica y, más bien, de manera constante ha mantenido guerras para expandir su ámbito de influencia. Y parecería que la invasión a Ucrania, luego de la anexión de Crimea, fue la gota que derramó el vaso.

Explorar en el alma rusa es de una gran osadía para una persona que declara su ignorancia sobre el tema. De forma que este artículo solamente propone unas pocas pistas tomadas, casi íntegramente, de algunas entrevistas realizadas a Mira Milosevich, investigadora principal del Instituto Real Elcano, de la lectura de un texto de Ernesto Ottone, de referencias históricas del señor Google y de cierta fascinación por las novelas de Fiódor Dostoyevski.

Partamos en esta aventura por dos frases, una de Catalina La Grande y otra referida a una broma. Catalina La Grande dijo que “el mejor modo de defender las fronteras de Rusia es expandirlas”. Y la broma popular habla de una cena familiar en alguna aldea rusa. Uno de los hijos dice: “padre, qué pobres estamos, solo tenemos una patata para la cena de toda la familia”, y el padre responde: “sí hijo, pero todo el mundo nos teme”.

La capacidad sacrificial del pueblo ruso es proverbial, de un misticismo inexplicable para Occidente. En el sitio de Leningrado, hoy San Petersburgo, durante unos 29 meses, las tropas de Hitler asesinaron a más de un millón de civiles rusos, es decir, más que todos los ingleses y norteamericanos que fallecieron durante la Segunda Guerra Mundial.

Rusia ha resistido, y en varios casos con éxito, múltiples invasiones a su territorio, entre ellas las invasiones de los mongoles desde el año 1223; la invasión sueca entre los años 1708 y 1709; la invasión del emperador Napoleón en 1812; la Guerra de Crimea entre 1853 y 1856; la Guerra Ruso-Turca de 1877; la Guerra Rusia-Japón de 1905; y, claro está, la Operación Barbarroja de Hitler de 1941.

Un enorme territorio, muy rico en minerales, hidrocarburos y cereales, sin grandes accidentes geográficos, ha sido un imán para diversas potencias. Napoleón y Hitler nunca imaginaron que Rusia sería un cementerio para sus poderosos ejércitos y para sus egos inconmensurables. Esas invasiones se llevaron tremendas sorpresas a medida que se internaban en el territorio ruso o soviético: la crudeza del invierno y el heroísmo del pueblo. En algunas de esas invasiones la puerta de entrada al corazón de Rusia fue el actual territorio de Ucrania. Frente a agresiones externas, Rusia ha mostrado una gran capacidad de resistencia y de defensa de su territorio.

Pero Rusia ha protagonizado guerras de expansión imperialista, en honor a la frase de Catalina La Grande. Solamente en el estrecho período de influencia de Putin, las guerras protagonizadas por la Federación Rusa van desde la Guerra de Chechenia del año 1991 hasta su retiro en el año 1996, para luego regresar a una segunda Guerra de Chechenia, ya con Putin como primer ministro, entre los años 1999 hasta el 2009. Luego vendría la Guerra de Georgia, centrada en Osetia del Sur y en Abjasia, esto en el 2008. En el 2014 Moscú se anexiona la península de Crimea y desde aquel año, con el apoyo de la Federación Rusa, los movimientos separatistas en Donetsk y Lugansk mantienen un enfrentamiento militar permanente contra el ejército ucranio. Este proceso bélico desemboca en la invasión a Ucrania del 24 de febrero de 2022, llamada por Putin “operación militar especial”. A estas guerras habría que añadir la intervención en Siria del año 2015 para respaldar a Bashar al-Ásad.

La Federación Rusa, en los últimos 30 años no se ha caracterizado por ser una nación pacífica y, más bien, de manera constante ha mantenido guerras para expandir su ámbito de influencia. Y parecería que la invasión a Ucrania, luego de la anexión de Crimea, fue la gota que derramó el vaso.

Como puede verse en esta breve reseña, la Federación Rusa, en los últimos 30 años no se ha caracterizado por ser una nación pacífica y, más bien, de manera constante ha mantenido guerras para expandir su ámbito de influencia. Y parecería que la invasión a Ucrania, luego de la anexión de Crimea, fue la gota que derramó el vaso. Imagino que la OTAN consideró que si en esta ocasión no le plantaba cara a Putin, la Federación Rusa no se detendría en Ucrania.

Según estudios citados por Mira Milosevich, consultados los rusos sobre sus máximas aspiraciones como pueblo, la respuesta mayoritaria en aproximadamente un 80%, fue que Rusia sea una potencia mundial. El sentimiento patriótico de la población rusa, según Milosevich, es algo que Occidente no acaba de comprender. Así, por ejemplo, el Secretario de Defensa de EEUU planteó que no solo interesa el fortalecimiento de la capacidad defensiva de Ucrania, sino que además uno de los objetivos estratégicos de la guerra es debilitar la capacidad militar de Rusia. Este tipo de declaraciones no son afortunadas, pues parten de una limitada comprensión del espíritu patriótico del pueblo ruso y, por tanto, favorecen el liderazgo de Putin.

Rusia anhela el poderío imperial. Este anhelo es una parte esencial de su identidad nacional. Si Rusia no es una potencia mundial, entonces no es nada. Los años de esplendor de la Guerra Fría colocaron a la Unión Soviética en el sitial que la población rusa deseaba para su nación. Pero esto cambió desde que cayó el Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética. Los sueños de dominio de la rusia zarista y de hegemonía de la Unión Soviética se hicieron añicos. Putin levanta su liderazgo sobre este sentimiento de reivindicación nacionalista con un enfoque imperial.

Así, desde una perspectiva histórica y cultural, las sanciones económicas de Occidente puede que no surtan el efecto deseado, pues se está subestimando el espíritu patriótico del pueblo ruso, su enorme capacidad de resistencia y su deseo de prevalecer como potencia mundial. Preferible ser temido por el mundo entero, aunque para la cena solamente se disponga de una patata.

Pero esta es solamente una perspectiva, quizás la más parcial y estereotipada del alma rusa. Por supuesto, hay muchas otras facetas, como aquella del espíritu poético, musical y místico del pueblo ruso, que en su momento fuera representado de manera magistral por el gran poeta Pushkin.

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