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15 de Marzo del 2022
Ideas
Lectura: 7 minutos
15 de Marzo del 2022
Patricio Crespo Coello

Consultor de organismos internacionales en temas de fortalecimiento de capacidades, políticas públicas, procesos educativos y de gestión ambiental. Con estudios de filosofía y antropología y autor de publicaciones sobre temáticas ambientales.

Gloria a Ucrania: el miedo a la libertad (2)
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Para quienes están con la razón de Estado de la Federación Rusa, la culpa la tiene el expansionismo capitalista de la OTAN. Llegan al extremo de manifestar solidaridad con el líder que ordena el bombardeo de hospitales, escuelas y edificios de departamentos.

La CIA, el MOSAD de Israel, el Servicio Secreto de Inteligencia del Reino Unido, también conocido como MI6, y el Servicio de Inteligencia Exterior de la Federación Rusa, heredero de la KGB de la URSS son, probablemente, los cuatro servicios secretos más famosos y temidos del mundo.

En la cultura del entretenimiento la CIA aparece como un complicado órgano burocrático, más bien torpe (los policías de Nueva York por lo general tienen más astucia y valor), mal intencionado, que derroca gobiernos, asesina a objetivos equivocados, con luchas internas fratricidas y con tácticas que fracasan estrepitosamente. El MOSAD, como un sistema monolítico compuesto por agentes con experiencia en el terreno y con talentos excepcionales de predicción y de cálculo exacto de escenarios. El MI6 inglés, un cuerpo colegiado de inteligentes y sobrios caballeros, de consumo sofisticado y fino humor, todos elegantes y que pueden matar a todo un batallón sin despeinarse, mientras besan a su hermosa compañera de trabajo.

Pero el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia es otra cosa. Agentes gigantes, de malas costumbres, con poderes físicos sobrehumanos, verdaderas máquinas de matar, escasa inteligencia, voluntad férrea y una maldad a toda prueba. Si a alguien debe temerse es a un agente de la KGB.

El jefe del Servicio de Inteligencia Exterior ruso, el señor Serguéi Naryshkin, que para Hollywood debería ser la persona más temida en el mundo, fue increpado por Putin como niño de escuela en una sabatina. Serguéi casi se orina en los pantalones. Fue una puesta en escena para mostrar que en la guerra y en la Federación Rusa la palabra de Putin es inapelable. Eso es autocracia, un sistema político bien orquestado de hegemonía absoluta, que contrasta con las formas de la democracia liberal.

Para quienes están con la razón de Estado de la Federación Rusa, la culpa la tiene el expansionismo capitalista de la OTAN. Llegan al extremo de manifestar solidaridad con el líder que ordena el bombardeo de hospitales, escuelas y edificios de departamentos

Putin no está loco, es su sistema de dominio el que requiere eliminar las disidencias tanto internas como en su tradicional área de influencia. En este contexto la expansión de la OTAN hacia el Este no parece imprudente y arbitraria. Los países que conformaron el Pacto de Varsovia y que fueron parte de la Unión Soviética, así lo determinaron por medio de consultas populares y con la elección de líderes políticos pro occidente. El temor al vecino autoritario lleva a estas naciones, que han acogido la organización democrática, a acercarse más a sus vecinos occidentales. Si tenemos como compañero de clase a un pegador, más vale contar con un amigo fortachón.

La ultra derecha (una mezcla entre nacionalismo extremo y conservadurismo clerical) y la izquierda tradicional (que combina pensamiento estalinista con conservadurismo), por lo general no incluyen en sus análisis la oposición entre democracia y autocracia. Para estas dos facciones de la política, tal diferenciación o no es relevante o no es significativa para comprender el conflicto. De ahí la cercanía de Putin con personajes como Marine Le Pen, Trump, Lukashenko y Bolsonaro y, al mismo tiempo, con Xi Jinping, Maduro, Ortega y Díaz-Canel.

O toman partido por la Federación Rusa o manifiestan que en este conflicto no hay buenos ni malos, que todo se resuelve por la vía de los intereses estratégicos geopolíticos, militares y económicos. Petróleo, armas, gas, transnacionales y cibernética. El dominio del capital sobre el territorio y sobre la política. En definitiva, lo que está en juego es el dominio de EEUU. Para quienes están con la razón de Estado de la Federación Rusa, la culpa la tiene el expansionismo capitalista de la OTAN. Llegan al extremo de manifestar solidaridad con el líder que ordena el bombardeo de hospitales, escuelas y edificios de departamentos.

Y no importa si día tras día los ucranios resisten la invasión bajo los valores de la libertad, la independencia, la democracia y la soberanía, y que están dispuestos a entregar su vida por estas causas. Igual, no se inmutan. Finalmente, pensarán, solo son víctimas inocentes de una maquinaria de guerra supranacional, en la que se enfrentan intereses geoestratégicos especialmente económicos. Pero, al parecer, la mayoría de los ciudadanos de Ucrania no piensa así. Su tenaz resistencia apunta a que no les gusta vivir bajo el dominio de una potencia extranjera, sin autonomía y sin libertad política.

En toda guerra existen intereses geoestratégicos en juego. Pero no puede excluirse del análisis la confrontación entre dos sistemas de convivencia social y de construcción política, la democracia por un lado y la autocracia por otro. Y, posiblemente, el mayor temor no es a los misiles que la OTAN podría instalar junto a la frontera rusa, sino al contagio de los beneficios de la democracia.

Para la Federación Rusa, más precisamente, para su régimen político, que países como Albania, Bulgaria, Croacia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Moldavia, Polonia, República Checa, Rumania y Serbia, mejoren sus niveles de vida, gocen de libertades, sostengan procesos de elecciones periódicas y transparentes, disfruten de libertad de prensa y de opinión, con sistemas de justicia independientes, con ambientes de protección e inclusión de los colectivos LGBTI, que mantengan relaciones económicas y alianzas soberanas con quienes deseen, debe ser completamente insoportable.

Putin sabe que en algún momento su propia población se agotará de un modelo autoritario. A quien teme es a la libertad. Y por esta misma lógica de hegemonía, Putin no puede salir de esta guerra sin una victoria. La derrota de Putin en Ucrania, le significará su propia derrota dentro de Rusia.

[PANAL DE IDEAS]

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Alexis Oviedo
Patricio Crespo Coello
Christian Escobar Jiménez
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