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14 de Octubre del 2018
Ideas
Lectura: 10 minutos
14 de Octubre del 2018
Decio Machado

Sociólogo y periodista. Consultor y analista político. Coordinador de los seminarios de Geopolítica en América Latina organizados por la Fundación ALDHEA en distintas universidades latinoamericanas.

Guerra por el control de la tecnología 5G
La política “Made in China 2025” pasó a ser el foco principal de las preocupaciones de EEUU, dado que el gobierno estadounidense tiene como objetivo que la cuarta revolución industrial y el “Internet de las Cosas” (Internet of Things o IoT) estén liderados por la industria norteamericana. Por su parte, América Latina sigue con una tasa de adopción del smartphone muy alta, del 65%. Se espera llegar al 71% en 2020, cuando el 5G llegue a la región.

En medio de la escalada de tensión entre China y Estados Unidos, esto que hemos definido como guerra comercial entre las dos principales potencias del planeta, se sitúa bajo telones la disputa por liderar la nueva revolución industrial tecnológica.

China es la segunda potencia económico mundial y está en camino de convertirse en los próximos años en la primera. Sus altas tasas de crecimiento le permitieron situarse en esta posición sin necesidad de liderar sectores como la innovación y la tecnología, sin embargo el gigante asiático se centra ahora en el fomento de áreas clave como la inteligencia artificial y la robótica. Para alcanzar este objetivo, desde Beijing se diseñó en 2015 la estrategia “Made in China 2025”. Se trata de una hoja de ruta a diez años encaminada a reorientar su industria manufacturera hacia sectores de alta tecnología, dejando atrás su modelo de producción intensiva.

La política “Made in China 2025” pasó desde entonces a ser el foco principal de las preocupaciones de EEUU, dado que el gobierno estadounidense tiene como objetivo que la cuarta revolución industrial y el “Internet de las Cosas” (Internet of Things o IoT) estén liderados por la industria norteamericana.

Pese a que gigantes tecnológicos chinos como Alibaba, Tencent, Baidu o líderes en la fabricación de smartphones como Huawei han ascendido hasta las primeras filas del ranking global de compañías tecnológicas, donde se miden internacionalmente con empresas estadounidenses como Apple, Google o la surcoreana Samsung en el segmento de celulares, el eje de este conflicto está hoy centrado en la disputa por el control de la tecnología 5G.

Hablando en términos comprensibles, la llegada de las redes 5G va a impactar en la productividad de las economías con mucha mayor fuerza que las tecnologías anteriores, lo que dejará rezagados a quienes se queden atascados en dicha innovación tecnológica.

La “G” de 5G significa “Generación”. Sus antecedentes comenzaron con el 1G de la tecnología inalámbrica para celulares a comienzos de los años noventa y se expandió al 2G cuando las compañías comenzaron a habilitar que sus usuarios pudiesen enviar SMS entre dispositivos. Se conoció el 3G cuando se comenzó a enviar mensajes de texto y a navegar por Internet, llegándose al 4G a través de las mejoras en capacidad y velocidad en esas mismas prestaciones.

El 5G, un innovador tipo de conexión inalámbrica diseñada para mantenerse al día con la proliferación de dispositivos celulares conectados a Internet y atender nuevas necesidades, ya comienza aterrizar de forma embrionaria en los mercados desarrollados siendo aún un gran desconocido para muchos líderes empresariales y especialmente para los políticos. Minusvalorar la importancia e impacto de esta nueva tecnología, considerándola sólo una mera versión actualizada del actual 4G es un error que pueden pagar muy caro los países emergentes y Europa.

Un reciente informe de Gartner Inc, consultora estadounidense especializa en tecnología informática, pronostica que 20.8 mil millones de dispositivos estarán conectados a Internet en 2020, es decir, tres veces más de los ahora existentes.

La tecnología 5G aportará nuevas características que la convertirá en algo único hasta el momento y que determinará su impacto global, de forma especial en la productividad de la economía. Esto se debe a que multiplicar por muchas veces la capacidad de transmisión de datos, llevándola a velocidades por encima del gigabit por segundo y llegando hasta los 10 gigabits en sus versiones más avanzadas -frente a los pocos cientos de megabits que ofrecen hasta el momento las mejores redes de 4G-, la convertirán en la protagonista de la cuarta revolución industrial tecnológica por dos factores fundamentales: la latencia (velocidad de la red a una interacción) y la capacidad de conectar miles de objetos simultáneamente.

En el 4G la latencia está por encima de los 59 milisegundos mientras que con la tecnología 5G podrá situarse por debajo de los 5 milisegundos, lo que hará que esta se convierta en la herramienta esencial para el control digital de máquinas en tiempo real. Es así que se llegará a la automatización industrial, generándose el ecosistema dentro del cual se articulará la imparable e implacable (se estima una pérdida de más de 140 millones de empleos globales) robotización industrial que se avecina.

Por otro lado y siguiendo la información contenida en una investigación de la consultora Recon Analitycs para Cellular Telecommunications Industry Association -la patronal estadounidenses de las telecomunicaciones-, se pasará de una tecnología como la 4G que ahora puede conectar hasta 2.000 dispositivos por kilometro cuadrado a la 5G, que cubrirá un millón de objetos conectados en ese mismo espacio. Es por ello que quien controle la tecnología 5G es quien ganará la carrera por la competitividad industrial, lo que se ha convertido en términos geopolíticos en una prioridad absoluta para los próximos años.

Cabe recordar que Estados Unidos lideró el descubrimiento e implementación de la tecnología 4G, lo que le permitió comandar mundialmente el desarrollo de la economía digital. Esto permitió que miles de startups basadas en los smartphones florecieran. Sin ello, entidades que hoy dominan la tecnología digital tales como Facebook, Instagram, Uber, Airbnb o Netflix no hubiesen sido estadounidenses.

Es por ello que la Administración Trump está tan preocupada por cortar cualquier posible intromisión de los gigantes tecnológicos chinos en el desarrollo de la tecnología 5G, prohibiéndoles a firmas como Huawei y Zhong Xing Telecommunication Equipment Company Limited (ZTE) -proveedor global de equipamiento de telecomunicaciones y soluciones de redes- participar en las redes de los operadores estadounidenses. Pero además, EEUU ha prohibido a sus funcionarios federales, de forma específica a los relacionados con el ámbito de la seguridad, usar celulares marca Huawei o ZTE, lo que ha llevado a los operadores estadounidenses como AT&T a suspender contratos de comercialización de teléfonos Huawei.

Por su parte, China valora en estos momentos incluso transformar su ecosistema empresarial de telecomunicaciones. Tras años de empeño en generar equilibrios en su industria nacional, donde tres operadoras de telecomunicaciones -todas estatales y controladas por la burocracia gubernamental- controlan el mercado, hoy el gobierno chino se plantea fusionar sus dos operadoras más “pequeñas”, China Unicom y China Telecom (alrededor de 400 millones de usuarios cada una), con el fin de generar sinergias y optimizar sus tiempos para desplegar rápidamente una red 5G de forma que no queden rezagadas frente a la poderosa China Mobile (con casi mil millones de clientes).

Los celulares compatibles con el 5G comenzarán a llegar al mercado el año que viene. Los vendedores de equipamiento (Nokia, Ericsson, Huawei, ZTE y Samsung) ya compiten por firmar los principales acuerdos vinculados a proporcionar equipos para la próxima generación de redes celulares. Todo ello pese a que las compañías chinas están siendo expulsadas de algunos mercados más allá del estadounidense, como es el caso de Australia e India. Esto ha limitado la elección sobre las redes en esos países a Ericsson y Nokia, abriendo la puerta también para que Samsung reconstruya su posición en los equipos de telecomunicaciones.

La batalla por el 5G arrancó en 2014 cuando la rusa MegaFon -anteriormente conocida como North-West GSM- firmó un acuerdo de cooperación con Huawei para testear el 5G momentos previos a la Copa Mundial de la FIFA de 2018. De las docenas de bancos de pruebas, lanzamientos piloto y contratos firmados desde entonces, Ericsson ha ganado más de 80, frente a los 64 de Huawei y los 45 de Nokia, quedando rezagados Samsung y la china ZTE. Pero los primeros contratos reseñables han llegado este año con los lanzamientos de redes 5G en EEUU, donde Ericsson ganó un acuerdo “histórico” con T-Mobile en septiembre por USD 3.500 millones, que igualó otro similar firmado por Nokia con la misma operadora en julio. Ambas compañías también han cerrado acuerdos con AT&T, Verizon y Sprint aprovechando la ausencia forzada de las compañías chinas en EEUU.

Sin embargo, pese a que EEUU estableciera las pautas para la adopción inicial del 5G, aún es posible para las empresas chinas encontrar ganancias, dado que se espera que las compañías Huawei y ZTE -más allá de su mercado nacional- ganen una gran cuota en Europa y otras regiones.

Por su parte, América Latina sigue con una tasa de adopción del smartphone muy alta, del 65%. Se espera llegar al 71% en 2020. Será el momento en el que llegará el 5G a nuestros mercados -un año después de su implementación en Europa- y asistiremos a una nueva disputa por el control de dicho mercado en nuestra región. Se estima una cobertura del 50% en el año 2025, cuando el total de conexiones de esta nueva generación será superior a los 50 millones en Latinoamérica.

[PANAL DE IDEAS]

Gabriel Hidalgo Andrade
Julian Estrella López
Alfredo Espinosa Rodríguez
Fernando López Milán
Patricio Moncayo
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Ramiro J. García Falconí
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Natalia Sierra
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Rubén Darío Buitrón

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