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16 de Junio del 2015
Ideas
Lectura: 8 minutos
16 de Junio del 2015
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Herencia, movilidad y psicología
¿Que el Estado se encargará de administrar la riqueza y la herencia social, económica y cultural? Bien, pero primero habría que ir a la pregunta original: ¿qué es el Estado? El Estado soy yo (L'état c'est moi), respondió Luis XIV, desde su prepotencia. Pero el Estado no es ni el presidente ni el legislador. El Estado es la infinita complejidad de realidades y funciones que no caben ni en un organismo y menos aun en una persona. El Estado somos todos.

Como he dicho en un artículo anterior, con frecuencia se presume que los más idóneos para abordar los temas económicos serían los economistas. Por lo mismo, si ellos hablan, el discurso debería cerrarse puesto que ellos han estatuido la verdad. De esta manera se deja de lado el principio de que la verdad se establece desde muchos y diversos ángulos del pensar y del decir. El decir de los otros no puede ser visto como un decir cualquiera puesto que surge de la experiencia y de la lógica racional y existencial. Es grave que quienes se hallan en el poder pontifiquen y enuncien nuevos evangelios de verdad mandando a la basura todo pensar diferente.

Dar y recibir herencias forma parte de procesos eminentemente psicológicos en los que los valores de lo heredado van mucho más allá de lo meramente económico. De hecho, los valores éticos y afectivos del dar y recibir la herencia forman parte fundante de la cultura de los pueblos y de las familias. Los bienes heredados suelen tener un gran peso de significación en el desarrollo. ¿Ha sido esto olímpicamente pasado por alto en las reformas que se proponen? 

¿Se habría desarrollado el mundo antiguo, se desarrollará el contemporáneo y el futuro sin la herencia social, cultural, económica y psicológica? Vale recordar que la herencia ocupa un lugar clave entre los elementos que han sostenido y sostienen el desarrollo social. En efecto, las generaciones se suceden unas a otras construyendo cada una nuevos peldaños de desarrollo en todos los niveles. Nadie inventa el abecedario ni hace cuentas con el ábaco, ni se comunica con el alfabeto morse. Tanto personal como comunitariamente somos cada día más gracias a la herencia cultural y económica.

Los pueblos que permanecen sumidos en el subdesarrollo son aquellos en los que la pobreza económica, social, cultural es tal que la única alternativa que queda a las nuevas generaciones no es otra que la de repetir incesantemente el pasado. En esas circunstancias, el futuro es el pasado. Cuando esto acontece, se extingue la riqueza de la vida porque desaparece toda esperanza.

¿Que el Estado se encargará de administrar la riqueza y la herencia social, económica y cultural? Bien, pero primero habría que ir a la pregunta original: ¿qué es el Estado? El Estado soy yo (L'état c'est moi), respondió Luis XIV, desde su prepotencia. Pero el Estado no es ni el presidente ni el legislador. El Estado es la infinita complejidad de realidades y funciones que no caben ni en un organismo y menos aun en una persona. El Estado somos todos. Es una organización política, es el país soberano, jurídicamente organizado desde su propia geografía hasta los diferentes poderes independientes que lo rigen: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. El Estado es el pueblo con su voz, su voto, su trabajo y su economía, su pobreza y su riqueza. En los pueblos subdesarrollados, la palabra del poder avasalla. El Estado no es el poder de la autoridad sino los regímenes de las leyes. El Estado es el pueblo eligiendo democráticamente a sus autoridades.

Cuando a algunos se les ocurrió la brillante idea de suprimir la propiedad privada, la familia, la sociedad, su país cayó en bancarrota social, económica y cultural. No se puede tapar con un dedo al Archipiélago de Gulag y sus réplicas en países como Cuba en donde el Estado ha quedado reducido a una ideología y a un individuo que la representa con todos los poderes. Así aparecieron los gobernantes perpetuos e insustituibles apropiados del país. Stalin, Mao, Fidel convirtieron en realidad la declaración de Luis XIV. También acá se pretende santificar la reelección indefinida mientras Colombia acaba de prohibir la reelección presidencial porque provoca concentración excesiva de poder. “Acabamos con los hombres todo poderosos en Colombia, fortalecemos las instituciones y evitamos la concentración del poder en unas pocas manos y la tentación de abuso de ese poder para prolongarse indefinidamente en su ejercicio".

El Estado es también el conjunto de las economías que lo sustentan y que aseguran el bienestar de todos y cada uno de los ciudadanos y el futuro de las nuevas generaciones. Estas no deben encontrar un mundo desolado sino un mundo organizado y caminando hacia el futuro. Deben llegar a formar parte de una herencia social, cultural y económica. Llegan a una familia que replica la organización social.

En el subdesarrollo se sobrevive. El trabajo del desarrollo es aquel que hace satisfactorio el presente y que asegura un futuro cada vez mejor en los aspectos fundamentales de la existencia. Que asegura la libertad que se sostiene en la autonomía y en la ley. La ley no acorrala sino que protege y organiza, asegura a todos la verdad de que es benévolo caminar entre y con los otros, de que es grato trabajar, de que es bueno ahorrar y de que solo así las familias y el país progresan. Desde lo ético, los ahorros y la herencia sostienen la historia.

El mundo contemporáneo es móvil y cambiante como nunca antes. Los flujos sociales hacen la contemporaneidad y cada vez se torna difícil dividir una sociedad con las viejas categorías producidas por el capitalismo o el socialismo. 

El desarrollo se sustenta en la herencia social y familiar. Si se coarta la libertad de legar lo económico, se coarta la libertad del desarrollo de las familias, los sujetos y el país. Cuando un país arriba a un buen nivel de desarrollo, el Estado disminuye los impuestos a la herencia e incluso los suprime. Si se gravasen severamente los legados de las empresas familiares y de todos los legados, se obstaculizaría seriamente el desarrollo del país. El Estado somos todos.

La movilidad social es absolutamente indispensable. La economía es uno de los motores de esta movilidad. Los grupos sociales son eminentemente móviles, trashumantes. Es probable que la idea de la trashumancia explique mejor el sentido y la necesidad de la movilidad social actual que afecta a todos los órdenes. Pueblos y sujetos trashumantes. El gobierno que pretenda poner coto a esta movilidad, no miraría hacia el futuro.

De alguna manera, este perenne movimiento va en contra de la mala idea de que cada quien debe comenzar su vida casi desde cero. ¿No es de buen gusto que los frutos del trabajo de los mayores aseguren mejores posibilidades para las generaciones que vienen? Si no fuese así, ¿en qué consistiría, entonces, el desarrollo social? La lucha contra la herencia es un lucha camuflada contra de la familia y el buen vivir.

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