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27 de Marzo del 2017
Ideas
Lectura: 10 minutos
27 de Marzo del 2017
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Humillados y ofendidos
El signo más relevante por el que esta campaña pasará a la historia es que nunca antes se ha utilizado como ahora los recursos del Estado de manera tan masiva y desvergonzada.

La estela que deja la campaña electoral es tremenda. Las redes sociales están presas de una histeria colectiva que busca pintar al candidato de la segunda vuelta al que no  apoyarían con los epítetos más gruesos y la acumulación más delirante de mentiras. Pero el irrespeto masivo a la verdad está presente también en una campaña sucia que no solo se ha aprovechado de las redes sociales sino que ha pasado a Internet y a medios publicitarios como los buses urbanos, donde grandes letreros móviles proclaman falsedades de bulto, tímidamente condenadas por el Consejo Nacional Electoral.

Pero el signo más relevante por el que esta campaña pasará a la historia es que nunca antes se ha utilizado como ahora los recursos del Estado de manera tan masiva y desvergonzada. Tanto los recursos económicos, como los medios de comunicación, propios e incautados, se han utilizado para promover la candidatura oficial, a lo que se ha añadido la movilización masiva de los empleados públicos para que vayan a los barrios y llenen, de casa en casa, las hojas de los programas “Toda una vida”, que incluyen planes para madres embarazadas, primera infancia, becas, empleo, casas, créditos, jubilación, bonos y demás.

Esa movilización de los empleados está dejando a miles de ellos humillados y ofendidos. Igual que en la novela de Fedor Dostoyevski, publicada hace más de siglo y medio, cuyos personajes son vejados debido a su situación económica o social, los empleados públicos han debido salir a las calles forzados por el chantaje, debido a la necesidad que tienen de defender sus empleos. “Verá ingeniero que su contrato se acaba este mes, así que no irá a faltar a la brigada”, le han dicho a un conocido mío. Y una amiga a la que conozco desde hace más de un cuarto de siglo me cuenta que, aunque a ella nunca le habían pedido que saliera a manifestación alguna, “porque saben que yo no soy de la 35”, ya en la primera vuelta su jefe le llamó y le dijo que debía ser jefe de una brigada de empleados de la institución, que iba a trabajar en horas de oficina en los barrios que le señaló. De nuevo lo han hecho en esta segunda vuelta. Pero no queda a la voluntad de los funcionarios cumplir o no: “el control es estricto, y debemos visitar un número mínimo de casas cada día, entregar a los jefes las hojas llenas y documentar todo con nuestras firmas y fotografías”.

Los empleados son sometidos así a humillaciones indignas de su condición de personas libres. Aunque seguramente habrá funcionarios convencidos de la ideología gobiernista, a los demás se los ofende en la característica esencial del ser humano: su libertad de conciencia.

Los personajes de Dostoievski, resisten la humillación, a la hipocresía y la poca humanidad de sus explotadores sostenidos por la bondad innata del pueblo, uno de los temas repetidos en el autor ruso. También yo estoy convencido de la innata bondad del pueblo ecuatoriano, aunque haya demostraciones de vividores (avivatos que les decimos en lenguaje coloquial), abusadores y parásitos, que surgen en casos extremos, sea un terremoto, una inundación o unas elecciones, igual que surgen, por otro lado, la generosidad y aun la heroicidad.

Las fotos, sobre todo las selfis (selfi es la adecuada adaptación al español de la voz inglesa “selfie”), se han convertido en una herramienta de control, igual de humillante. Pero, como he oído, también son redituables: en algunas partes se pagó dinero en la primera vuelta por votos por el candidato oficialista si lo demostraban con una selfi sosteniendo la papeleta “correctamente” marcada. Hubo rumores de que eso pasó en provincias de la Costa pero también en Quito. Al menos, a mí, concretamente, me lo dijeron testigos presenciales de que eso estaba sucediendo en un recinto al noroccidente de Quito, aunque no lo pude comprobar en persona.

Ha habido casos en nuestra historia del uso de los empleados públicos. El liberalismo plutocrático no necesitaba hacer campaña, pues fabricaba el fraude directamente a través del paquetazo, pero para ello requería de cierta colaboración de los empleados públicos. Mi padre, Luis Alfonso Ortiz Bilbao, nos contaba a sus hijos ––y la narra con gracia en su libro La historia que he vivido (Corporación Editora Nacional, 1989) ––, la anécdota del regalo que les hizo, durante la campaña electoral de 1934, a él y a Jorge Luna Yépez, el Jefe Político de Atahualpa: sendos paquetes de votos por los candidatos liberales que le habían sido enviados desde el Ministerio del Interior para que los introdujera en las urnas. Por eso nadie se molestaba siquiera en hacer campaña; pero aquel año, 1934, ya la maquinaria del fraude no funcionó a plenitud por la presencia del Dr. José María Velasco Ibarra, y permitió que los dos, Luna Yépez y Ortiz Bilbao, fueran los primeros diputados conservadores tras lustros de ausencia del Congreso, del que hasta entonces los liberales se apoderaban por el fraude.

Y ya que menciono a Velasco Ibarra: en los años treinta y cuarenta, él fue el apóstol del sufragio libre, pero con el paso de los años y su alianza con la oligarquía de Guayaquil, las malas mañas llevaron a que el velasquismo utilizara a los empleados públicos en la campaña electoral: entre los guardias de aduana, los “pichirilos” (garroteros del ministro velasquista Manuel Araujo Hidalgo en los sesenta) y las barras pagadas en el Congreso, el velasquismo dejó una marca en el país.

Pero esa marca ha sido más que superada en 2017 por la utilización masiva de los empleados públicos y de todos los otros mecanismos del Estado (vehículos, inauguraciones, canales incautados, medios estatales) en la campaña. El propio presidente de la República dedica sabatinas enteras a atacar al candidato opositor de la segunda vuelta, acumulando falsedades manifiestas en su contra, a pesar de que, según lo confesó, le han aconsejado no hacerlo. Se ve que no aprendió la lección de la mala jugada que le hizo a Augusto Barrera y a otros candidatos gobiernistas a las elecciones seccionales de 2014.

La Guía de Oro de la señora de Moreno

Mientras tanto, Moreno pasa de agache. Rehúye los debates, se hace lío al contestar las repreguntas y ni siquiera explica sus propios negocios. No he visto que nadie en la campaña le haya mencionado uno: el de la guía turística Ecuador Guía de Oro 2015-2016. No se trata sino de un abuso de poder, o mejor de tráfico de influencias. La directora de la publicación es la señora Rocío González de Moreno y fue publicada por Jumandi-Publigerencia, que tiene su dirección en la oficina 8 del piso 2 del edificio Galerías del Bosque, Av. El Parque OE7-62 y Alonso Torres, casualmente la misma dirección y teléfono de la factura de Ser Amable, por 20.000 dólares a la EPMMOP del 26 de noviembre de 2013, por dos conferencias llamadas El humor para la vida y el trabajo.

Se trata de un tomo con un texto bastante elemental (también puede verse en la página web: http://ecuadorguiadeoro.com) lleno de hermosas fotografías, la mayoría proporcionadas por el Ministerio de Turismo y por las entidades de turismo de Quito, Guayaquil y Cuenca y algunos gobiernos seccionales. La guía física contiene abundante propaganda, como suelen tener las publicaciones de este tipo que se encuentran en las habitaciones de los hoteles. Si la propaganda fuera comercial, santo y bueno. Pero resulta que la mayoría de las páginas de esta guía están ocupadas por propaganda gubernamental. Los ministerios de Agricultura y Pesca, Ambiente, Comercio Exterior, Cultura y Patrimonio, Industrias y Productividad rivalizan entre sí y con el de Turismo para mandarnos sus burocráticos mensajes, sin faltar por supuesto el Consep, Correos del Ecuador, la Secretaría Nacional del Agua y la inefable Secretaría Nacional del Buen Vivir.

Algunos de estos entes no se contentan con una sola página a todo color y publican más de una publicidad, como Ambiente, que lo hace como institución y publicita reservas naturales en sendas páginas; al menos el de Defensa ha hecho una sola página con todos sus museos. ¿Cuánto cobró la señora de Moreno o Jumandi o Publigerencia por estos avisos? ¿Y cuánto pagaron por los suyos las agencias turísticas municipales de Quito, Guayaquil y Cuenca y los GAD municipales de Esmeraldas, Ibarra, Mera, Rumiñahui, Samborondón, Santa Cruz, Tena y los provinciales de Manabí, Napo y Pichincha? Lindo hacer así una guía: ¿quién se iba a negar a un proyecto tan patriótico de la esposa del exvicepresidente? Me pregunto si el nombre Guía de Oro tiene relación con lo dorado que pudo ser el negocio.

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