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22 de Marzo del 2015
Ideas
Lectura: 9 minutos
22 de Marzo del 2015
Natalia Sierra

Catedrática de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica de Quito 

Ingobernables
Es increíble como muchos de los que participaron en esas jornadas de resistencia, que hicieran ingobernable este país, hoy en el gobierno e investidos del poder de dominación, no solo que deslegitiman la lucha de los pueblos, sino que las persigan, las criminalizan, las oprimen a nombre de que ahora si hay que asegurar la gobernabilidad del país, sometiendo a sus pueblos.

Si algo cualifica, con certeza, la identidad ecuatoriana es la condición pacífica de sus pueblos. Nuestra  historia no registra los conflictos y la violencia que, lamentablemente, se observa en otros pueblos hermanos de América Latina, y aún más, en sociedades de otros continentes.

La manera no violenta en que hemos aprendido a vivir nuestras diferencias, nuestros conflictos y discrepancias -en un escenario social, cultural, político y económico altamente diverso y heterogéneo-  sin embrago, no significa de ninguna manera que seamos pueblos con voluntad de esclavos.

De lo que mi memoria alcanza a reconocer, al menos desde hace 30 años, los pueblos del Ecuador no permitieron que los gobiernos neoliberales impongan las depredadoras políticas dictadas por el Consenso de Washington. Tres gobiernos serviles fueron depuestos y, así,fue  frustrado su intento de entregar el país a la voracidad del capital transnacional.

Estas gestas de lucha social nos valieron la caracterización de pueblos ingobernables, lo cual desde la perspectiva del poder hegemónico es reprochable, pues los pueblos que no se dejan gobernar son pueblos de difícil dominación. Siempre me pareció que la discusión sobre la gobernabilidad en condiciones de explotación y opresión no era una discusión que debería interesar a los pueblos, obviamente, sí a los grupos de poder en el Estado que buscaban condiciones óptimas para la dominación, es decir, sólido gobierno.

La gobernabilidad en el marco de una economía basada en la explotación del trabajo y la naturaleza; de una cultura etnocentrista y opresiva; de una sociedad patriarcal, excluyente e inequitativa; de una política antidemocrática, es, sin duda, dominación. En relación a esta premisa, los pueblos ingobernables son pueblos con la suficiente dignidad para ejercer su libertad de lucha frente a la voluntad del poder, al servicio de la reproducción del sistema de dominación vigente.

Siguiendo con este argumento, el carácter ingobernable de los pueblos del Ecuador es expresión de su resistencia a someterse a las exigencias del poder. Durante la época del neoliberalismo, la ingobernabilidad fue una manera de decir ¡No nos van a someter! ¡NO van a feriarse el país! simplemente ¡NO! Fue ese no rotundo que se gritó en las calles durante más de dos décadas y que defenestró gobiernos, el que se volvió a oír en las últimas movilizaciones, especialmente la que se llevó a cabo el último 19 de marzo. 

Paradójicamente, gracias a esos pueblos ingobernables logra ser gobierno Alianza PAIS. De hecho, el mismo movimiento hoy en la administración del Estado tiene su origen en las luchas populares que hicieron de este país ingobernable. Fue por efecto de esa ingobernabilidad que se puso límite al neoliberalismo y se abrió la posibilidad de una Asamblea Constituyente, que se suponía iba a establecer otras coordenadas de nuestra vida común.

Es increíble como muchos de los que participaron en esas jornadas de resistencia, que hicieran ingobernable este país, hoy en el gobierno e investidos del poder de dominación, no solo que deslegitiman la lucha de los pueblos, sino que las persigan, las criminalizan, las oprimen a nombre de que ahora si hay que asegurar la gobernabilidad del país, sometiendo a sus pueblos.

Al parecer, en estos 8 años de disfrutar los privilegios del poder, los militantes de Alianza País, que hace no mucho tiempo participaron en las luchas sociales, olvidaron que los pueblos del Ecuador no tienen vocación de esclavos, como si parecen tenerla los actuales funcionarios gubernamentales.

Hoy en el poder, sin darse cuenta que no son ellos los que tienen el poder, sino que es el poder (del capital) el que los tiene a ellos, hacen todo para evitar que los pueblos, donde antes se encontraban, se vuelvan nuevamente ingobernables, es decir, que ejerzan su libertad como lo hicieron este 19 de marzo.

De pronto no entienden por qué las personas se toman las calles, no entienden por qué protestan, no comprenden por qué son ingobernables.

No entienden lo que para un ser libre es simple y como no entienden vamos a recordarles:

Salimos a las calles porque no aceptamos que se destruya la pequeña y mediana economía campesina en función de los agro-negocios y de los tratados de libre comercio; porque no aceptamos que a nombre de una modernización basada en el extractivismo salvaje se destruya la naturaleza y los territorios indígenas; porque rechazamos que cínicamente se endeude al país y se hipoteque nuestro futuro; porque no aceptamos que se haya entregado la mitad de la reserva en oro nacional a la chulquera Goldman Sachs; porque nos indigna que se persiga, se enjuicie y se encarcele a nuestros dirigentes y peor aún a nuestros hijos; porque nos indigna que se criminalice nuestras luchas y nuestra sociedad; porque rechazamos que se excluya a nuestros hijos de la universidades; porque no queremos que se despilfarre la riqueza social por decadentes obsesiones desarrollistas, que solo enriquecen más a los grupos económicos que lucran de los consumos innecesarios; porque rechazamos salvaguardas que solo protegen a los grandes productores a detrimento de la pequeña producción nacional; porque no aceptamos que haya extranjeros privilegiados que a nombre de no sabemos que ganen tres veces más que ecuatorianos con las mismas o mayores capacidades; porque no aceptamos que se exija méritos y títulos a la mayoría de ecuatorianos para acceder a un trabajo y a los altos funcionarios del Estado no; porque no aceptamos que después de la borrachera consumista en la que, irresponsablemente, nos metieron de la noche a la mañana, hoy se  nos imponga austeridad mientras que el gobierno sigue derrochando el dinero en publicidad política y privilegios, y algunos de sus funcionarios exhiben cínicamente sus lujosas viviendas; porque no aceptamos que el Estado siga siendo el aparato de despojo de la riqueza social, porque no aceptamos que se vigile y restringa la comunicación social y se persiga infamemente a periodistas; porque no queremos que cada sábado se nos insulte y humille; porque nos indigna el cinismo frente a la corrupción; porque detestamos el autoritarismo con que se gobierna; porque estamos cansados de tanto bombardeo de publicidad política con el cual se nos quiere confundir; porque de ninguna manera aceptamos la política machista, misógina y violenta de los machos que, lamentablemente, gobiernan este país; por no queremos que un Estado colonial, patriarcal y  conservador se ocupe de la educación sexual de nuestras hijas; porque no queremos que nuestras mujeres sigan muriendo a nombre de que fanáticos moralistas les impiden el derecho a decidir su vida reproductiva;  porque como mujeres dignas no vamos a permitir que ningún macho misógino nos mande, nos humille públicamente y nos condenen al silencio; porque es nuestro derecho a movilizarnos por nuestro país, sin permiso de nadie, porque es nuestro país.

La lista de los motivos legítimos por los cuales salimos a las calles es mucho más larga, pero para que entiendan, lo que no quieren o no pueden entender, vamos a decirles que salimos a las calles porque somos pueblos dignos y porque, a diferencia de ustedes, embobados por las “delicias” de la gobernanza, no hemos perdido la dimensión ética y estética de nuestra existencia; aún somos capaces de identificar y rechazar lo abyecto, lo obsceno y lo grotesco del poder, al cual tan bien se han adaptado. Y mientras el poder no sea de verdad ejercido desde abajo, es decir con justicia con lo cual no es dominación, seguiremos libres e ingobernables.

[PANAL DE IDEAS]

María Amelia Espinosa Cordero
Fernando López Milán
Aldo Lorenzzi Bolaños
Milagros Aguirre
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Giovanni Carrión Cevallos
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