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2 de Mayo del 2016
Ideas
Lectura: 9 minutos
2 de Mayo del 2016
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

Iracebeth of Crims
El Estado ecuatoriano es como la Reina Roja, de Lewis Carroll, en Alicia a través del espejo. Igual que esa Sangrienta Cabezona (nombre completo: Iracebeth of Crims), el Estado es caprichoso, cruel (amenaza meter presos a los que lloran; se burla de las donaciones; organiza mal las suyas; se demora ocho días en decretar duelo nacional), no repara en gastos y tiene una cabeza cómicamente desproporcionada para su cuerpo.

El pavoroso terremoto del 16 de abril ha desnudado las profundas carencias de este régimen: la ineficiencia, la demagogia, el autoritarismo, la confusión económica.

La ineficiencia comenzó por la organización de la ayuda inmediata, y hasta que no entraron los militares en los centros oficiales de distribución reinó el caos. Y es lógico: los militares saben de logística, es una de sus especialidades profesionales clave.

El diario El Universo cita al comandante del Grupo de Fuerzas Especiales, Fabricio Varela, quien está a cargo del control del albergue del antiguo aeropuerto Reales Tamarindos, de Portoviejo: “Ustedes (periodistas) han de haber visto cómo estaba esto antes (caotizado en los primeros días tras el terremoto). Desde el mediodía del martes, las Fuerzas Armadas organizamos esto, en coordinación con las autoridades involucradas. Nos preocupamos porque haya más limpieza, orden, siempre precautelando el bienestar de las personas”, expresó Varela.

Los informes periodísticos informan que las Fuerzas Armadas también tomaron el control en los centros de acopio de víveres y donaciones y del reparto en diversos barrios de toda la zona de desastre en Manabí y Esmeraldas, mientras antes lo hacían funcionarios de diversos ministerios en las Unidades de Policía Comunitaria, en medio de una gigantesca desorganización. “Esto es un basurero” dijo otro militar al apersonarse en un centro de distribución en Rocafuerte, al ver el reguero de cartones, empaques, botellas plásticas vacías, tirados sin orden ni concierto.

Pero el Gobierno se está comportando con igual arrogancia y ceguera en materia económica. Gastar, endeudarse y cobrar impuestos han sido la Santísima Trinidad de la política económica de la autollamada revolución ciudadana, pero ahora, con el terremoto, además de los impuestos, Correa anuncia la venta de algunos activos estatales. Claro que luego del anuncio, al igual que pasa siempre (ejemplos últimos: los nuevos impuestos, que en los días siguientes tuvieron que aclarar que no iban a regir para Manabí y Esmeraldas y el Comité para la Reconstrucción y Reactivación Productiva, en que no pusieron a nadie de Esmeraldas), Correa planteó salvedades y excepciones. Es claro que primero hablan y luego piensan.

En efecto, en el Enlace Ciudadano 473 del sábado 30 de abril, transmitido desde el ECU 911 de Portoviejo, Correa dijo que los canales incautados han estado siempre a la venta pero que no ha habido compradores. ¿Cómo puede haber compradores con la actual Ley de Comunicación? ¿Quién es el empresario que esté dispuesto a vender todas sus otras empresas para comprar un canal que luego será controlado, multado y perseguido por cualquier nimia infracción? Solo quien esté listo a lamer las botas del Gobierno.

También aclaró Correa que aunque dijo venta, propiamente no es una venta lo de Sopladora, Flopec y CNT, pues se trata de bienes estratégicos que la Constitución prohíbe enajenar, por lo que, a lo que aspira, es a una alianza estratégica con socios que estén dispuestos a adquirir el 49% del capital.
¡Quiero oír cómo justifican estas decisiones los panegiristas del Gobierno que dizque eran de izquierda! ¿Cómo irán a defender, explicar, alabar que Correa pase del estatismo más extremo al neoliberalismo que implica desprenderse de bienes estratégicos del Estado? ¿O dejarán que pase de agache, como con el campo petrolero Auca, las empresas de cemento, el ingenio Aztra?

Hoy crece la oferta, de un salto: van a rematar la empresa de telecomunicaciones del Estado, la flota petrolera y la tercera central hidroeléctrica del país.

Recuérdese que ni Dahik pudo privatizar las telecomunicaciones. Hoy Correa, con el pretexto del terremoto, lo quiere hacer.

Flopec fue el orgullo de la Armada ecuatoriana y una empresa muy rentable hasta que pasó a manos del Estado central, que ahora quiere venderla, como si le estorbara.
Y, en cuanto a Sopladora, recuérdese que ha sido un proyecto emblemático del actual Gobierno. Con 487 MW de potencia es el tercer proyecto en el complejo hidroeléctrico del río Paute, pues capta las aguas turbinadas de la central Molino, y las lleva, a través de un túnel que pasa debajo del río, a una cámara de interconexión y una casa de máquinas subterráneas.

El proyecto inició su construcción en abril de 2011 y debía entrar a operar en marzo pero, por alguna razón, no lo ha hecho aún (Correa dijo que “falta el dos por ciento”). Según la página web del ministerio de Electricidad y Energía Renovable, su costo de construcción es de $ 755 millones que incluye obras civiles, equipamiento, fiscalización, administración y otros. Correa habló de un costo de $ 900 millones (“incluyendo el carretero”). No solo es la tercera central de la serie del río Paute (Mazar-Paute Molino-Sopladora) sino la tercera del país en tamaño (luego de Coca-Codo Sinclair y Paute Molino).

En el gran bazar correísta también se saca a la venta el Banco del Pacífico, Tame, Fabrec y otras. Lo que se necesita es cushqui, dinero contante y sonante, y Correa está desesperado. Por eso habla de “transformar la riqueza del pueblo ecuatoriano en liquidez”. No le bastó con gastarse los fondos de contingencia, que le dejaron otros gobiernos; no le bastó gastarse US$ 230 mil millones, el equivalente a casi dos planes Marshall; hoy quiere hacer sueltos para el gasto a bienes de capital que han costado mucho al pueblo ecuatoriano.

Si ya analistas de diversos campos han señalado que con las líneas de crédito de emergencia (BID, CAF, Banco Mundial y ahora el FMI) más los impuestos a los cigarrillos y a las bebidas azucaradas y alcohólicas, el Gobierno va a tener de sobra para lo que le toca invertir en la reconstrucción, ¿para qué quiere más dinero, con el alza del IVA y las contribuciones forzosas enviados a la Asamblea el 25 de abril y ahora con la venta de activos? La única razón es tapar el gigantesco hueco fiscal de US$ 10.000 millones.

Mientras tanto Correa no solo que no habla de austeridad, sino que defiende su estilo de derroche e ineficiencia. ¡Si en su última sabatina tuvo la desfachatez de justificar su ejército de trolls, sus almuerzos bailados y cantados (“quieren quitarme el contacto con los ciudadanos”, exclamó), la Secretaría del Buen Vivir y el Instituto Espacial Ecuatoriano! ¡Y encima se puso a elucubrar sobre que no existe una teoría del tamaño óptimo del Estado y que cada sociedad debe tener el Estado que necesita!

Lo que Correa ignora es que el Estado ecuatoriano es como la Reina Roja, de Lewis Carroll, en Alicia a través del espejo. Al igual que esa Sangrienta Cabezona (nombre completo: Iracebeth of Crims), el Estado es caprichoso, cruel (amenaza meter presos a los que lloran; se burla de las donaciones; organiza mal las suyas; se demora ocho días en decretar duelo nacional), no repara en gastos y tiene una cabeza cómicamente desproporcionada para su cuerpo. La Presidencia de la República del Ecuador tiene más empleados que la Casa Blanca; cuenta con más de 40 ministerios y secretarías, e infinidad de institutos, agencias, superintendencias y otras excrecencias; sus ministerios coordinadores son de una redundancia infame; se bota la plata en Yachays y otras ridiculeces; sus asesores son legión. Y ahora, para colmo de males, la secretaría técnica del nuevo Comité para la Reconstrucción y Reactivación Productiva ¡tendrá rango de ministerio!

[PANAL DE IDEAS]

Patricio Moncayo
Fernando López Milán
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Mariana Neira
Carlos Arcos Cabrera
Adrian Bonilla
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Natalia Sierra

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