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14 de Septiembre del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
14 de Septiembre del 2020
Patricio Crespo Coello

Consultor de organismos internacionales en temas de fortalecimiento de capacidades, políticas públicas, procesos educativos y de gestión ambiental. Con estudios de filosofía y antropología y autor de publicaciones sobre temáticas ambientales.

IV. COVID-19: Habitar, morar, sobrevivir
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Antes de la pandemia nuestra vida podía transcurrir con alta indiferencia acerca de los pequeños detalles de la vida y sus efectos, pero desde hace varios meses, cada paso que damos, cada acción que elegimos, la debemos reflexionar pues, sencillamente, nos puede costar la vida.

“¿Para qué estamos en esta tierra?”
Sineida Viveros

El mundo de la ética se ubica justamente en los dilemas de la acción. ¿Si tomo una decisión y la llevo a la práctica, qué consecuencias tendrá para mí o para los otros? La pandemia tiene un gran efecto en los individuos, las familias y las comunidades en términos de la reflexión acerca de las consecuencias de las acciones, de la toma de decisiones.

Antes de la pandemia nuestra vida podía transcurrir con alta indiferencia acerca de los pequeños detalles de la vida y sus efectos, pero desde hace varios meses, cada paso que damos, cada acción que elegimos, la debemos reflexionar pues, sencillamente, nos puede costar la vida, a nosotros, a nuestros seres queridos o a nuestros vecinos. En otras palabras, estamos poniendo en ejercicio, de manera quizás más consciente, lo que podríamos llamar el ejercicio de una voluntad ética, de una razón que trata de dirimir entre el bien y el mal, esto es, ¿cómo mitigar el mal posible que puede producir una decisión o cómo maximizar el bien que puedo desencadenar con un curso de acción?

Los trabajadores de la salud se han debido enfrentar a estos dilemas de una manera cruenta, en algunos casos, escogiendo a las personas que deben morir, para poder salvar a otras. Saben que cargarán en sus conciencias, durante todas sus vidas, las consecuencias éticas de estas decisiones, pero aun así, han debido tomarlas para garantizar un bien mayor. ¿Y qué decir de las decisiones que afectan a todo un país y que son tomadas por los gobernantes? Una ligera deriva inadecuada de una decisión de política pública puede desencadenar enormes desgracias, así como un acierto en una decisión puede ayudar a miles de familias a sortear una crisis sin precedentes. Situaciones límite que le colocan al ser humano en un cruce de caminos. Está condenado a elegir, a ser libre. Y lo debe hacer con responsabilidad.

Antes de la pandemia nuestra vida podía transcurrir con alta indiferencia acerca de los pequeños detalles de la vida y sus efectos, pero desde hace varios meses, cada paso que damos, cada acción que elegimos, la debemos reflexionar pues, sencillamente, nos puede costar la vida

Y los dilemas éticos nos confrontan a todos. A un adolescente que no sabe si asistir o no a una fiesta clandestina a la que asistirá el chico o la chica de la que está enamorado. Que sueña en el amor romántico y que sabe que si no asiste podría perder una oportunidad única, pero sabe también que al asistir a la fiesta pone en peligro a su madre que sufre de diabetes. ¿Qué hacer?

Cada vez que nos lavamos las manos, que nos colocamos una mascarilla, que caminamos evitando acercarnos a las otras personas, estamos confrontando nuestra libertad con la libertad de los otros. En cierta medida, ahora, quizás más que antes, nos estamos viendo a través del miedo al otro, en nuestra más profunda humanidad. Y no hay forma de no provocar en algún momento consecuencias negativas de nuestras acciones. Si una familia pasa por nuestra puerta pidiendo ayuda y no entregamos un poco de comida o quizás unos cinco dólares, si lo hacemos y resulta que se trata de un asalto, si nosotros somos esa familia pidiendo ayuda y encontramos a alguien en una situación todavía más difícil, si ni siquiera corremos la cortina para no ver al otro que clama por ayuda, en cualquier caso estamos enfrentados a decisiones que conmueven nuestra condición de humanos.

Sineida Viveros, una líder indígena colombiana, preguntaba hace pocos días, “¿para qué estamos en esta tierra?”, y esa pregunta entraña un dilema existencial. Quizás esta pueda ser la herencia que nos deje la tragedia, una conciencia de nuestros vínculos, una menor indiferencia, una ética renovada que pueda generar un mayor sentido a nuestras vidas, que explique de algún modo que habitamos esta tierra por alguna extraña razón.

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