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9 de Marzo del 2020
Ideas
Lectura: 5 minutos
9 de Marzo del 2020
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

Joker: la risa de una sociedad esquizofrénica
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El Guasón fabula, divaga, imagina demasiado, no es una buena pieza para el engranaje de la colosal máquinaria productiva del capitalismo donde la gente vive en función de alcanzar el éxito a como dé lugar.

Policía: Deja de reírte freak, toda la ciudad está en llamas por lo que hiciste.

Guasón: Lo sé, ¿no es hermoso?

 

El arte es para consolar a todos los que están rotos por la vida.
        Vincent VanGogh


Hay un chelo que va rasgando la mirada de Arthur Fleck, el Guasón, se fusiona con los colores grises de la ciudad otoñal mientras recibe los efluvios grasientos de los barrios pobres de Ciudad Gótica (New York). La tristeza es viral y al mismo tiempo delirante, la risa sincopada del Joker, interpretado genialmente por Joaquín Phoenix, diluvia como un juego estridente y perturbador. Al inicio le dice a su psiquiatra: “son cosas mías o cada vez está peor allá afuera”.

Ciudad Gótica, la ciudad de la furia, es una fábrica de psicopatologías, no sólo es una metáfora de la ciudad postindustrial sino también de la metrópoli que alimenta con soledad y telebasura a millones de obreros y desempleados. El Joker es una creación de un sistema que abandona a los “enfermos mentales” y los deja sin Medicare. El Joker desde sus viajes demenciales y caóticos enfrenta a la violencia sistémica con más violencia. Payasos asesinando “hombres de éxito”, payasos mil veces despreciados por la sociedad que terminan rebelándose desde el caos y la esquizofrenia.  

Joker simboliza al anti-héroe, al payaso triste cuya risa indefinida es rechazada por un sistema que aspira a la normalidad y a lo políticamente correcto. El Guasón fabula, divaga, imagina demasiado, no es una buena pieza para el engranaje de la colosal máquinaria productiva del capitalismo donde la gente vive en función de alcanzar el éxito a como dé lugar. Por ello la carga política y clasista en esta producción de Hollywood sorprende por su nivel subversivo, un sorprendente Hollywood hiperreal empieza a dictar las pautas estéticas de una nueva era en el séptimo arte.

Varias pinceladas de diversas emociones de Joker que van desde la euforia hasta la rabia extrema y que nacen de la batalla asimétrica del protagonista con una realidad devastadora van seduciendo al espectador. Sus expresiones minuciosamente trabajadas por Phoenix y su Director Todd Philips, recrean hasta conmovernos el drama de la esquizofrenia. Lo misterioso es que en medio de su padecimiento el personaje exuda una ternura extrema hasta que se rebela contra el sistema.Allí aparece todo su resentimiento, Arthur decide abandonar el rol de víctima y defenderse de sus agresores, sólo allí el Joker se siente libre, la velocidad de sus pasos aumenta, la pesadilla de ciudad Gótica se hace realidad: los payasos juegan a vengadores de los oprimidos.

Joker es una metáfora delirante del mundo capitalista que prefiere cuidar a sus esquizofrénicos dándoles armas a suministrarles medicinas. Y es que las respuestas caóticas y violentas de cientos de individuos perturbados mentalmente han sido una constante en las últimas décadas en Estados Unidos.

Joker es una metáfora delirante del mundo capitalista que prefiere cuidar a sus esquizofrénicos dándoles armas a suministrarles medicinas. Y es que las respuestas caóticas y violentas de cientos de individuos perturbados mentalmente han sido una constante en las últimas décadas en Estados Unidos.

Mientras la sociedad capitalista genere psicopatologías y las deja deambular libres tendrá respuestas cargadas de ira y caos. A diario surgiran nuevos vengadores con diferentes consignas: asesinar a ricos, pobres, judíos, negros, blancos, árabes, comunistas, latinos, homosexuales.

Las calles del Bronx te recuerdan el universo simbólico del Joker porque Fleck va mutando desde esa densidad extrema de obreros recluidos en miles de edificios arquitectónicamente idénticos, pensados como colmenas grises, con sus ascensores oxidados y el olor a grasa que se extiende flotando como un souvenir. Afuera el metro pintarrajeado hasta la extenuación por diferentes pandillas con sus tags, los mendigos, las ratas y los anuncios de neón. Mientras avanzas esquivando hordas de gente anónima sabes que no lejos de allí hay un nuevo Joker creciendo como una maldición sisífica de la babilonia postmoderna.

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