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4 de Abril del 2016
Ideas
Lectura: 7 minutos
4 de Abril del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

De juanas a pamelas
Se llama “juanitas” a las candidatas que prestan sus nombres para hacerse cargo de una elección de alta fricción política y después entregar intacta la función pública a un sucesor. Al igual que un fusible, la misión de las juanitas es alquilar su imagen a otra persona, a cambio de una retribución política, para quemar su reputación, mantener a salvo el circuito de intereses partidistas y servir como una pieza de fácil sustitución.

Desde 2013, durante el último periodo legislativo, 27 leyes presentadas individualmente fueron aprobadas en la Asamblea Nacional. En el mismo periodo, 55 proyectos de ley fueron presentados por asambleístas mujeres. ¿Cuántas de estos fueron aprobados?

Existe una gran deuda en materia de igualdad de género si 2 de 27 leyes aprobadas, fueron presentadas por una de las 59 legisladoras de 137 asambleístas. Es decir, que por iniciativa de dos asambleístas diferentes, se aprobó una ley cada dos años, en el último periodo legislativo. ¿Qué pasa con el trabajo de las 57 legisladoras restantes?

Ecuador es el segundo país latinoamericano, después de Nicaragua, en avanzar en la equidad cuantitativa de género. En las cifras crudas estamos muy bien, pero qué pasa cuando se evalúan otros indicadores cualitativos. Los resultados demuestran que las mujeres siguen marginadas de los puestos de alta dirección política y que no han dejado de ser utilizadas por un poder mayoritariamente integrado por hombres.

En el enlace sabatino del 12 de marzo, el presidente Rafael Correa se declaró como feminista. Sin embargo, su visión sobre el feminismo justifica la desigualdad de género por considerarla como una “novelería estrafalaria”. Estas fueron sus propias palabras, las de un gobernante que ha agredido a 180 activistas mujeres con un marcado tono de machismo.

Según Lisette Arévalo Gross, en un artículo publicado en gkillcity.com, menos de 3 de cada 10 puestos de alta dirección política en el gabinete ministerial están ocupados por mujeres. Lo mismo puede decirse de la expedición de leyes. De las 27 leyes aprobadas, 25 fueron presentadas por hombres, y de estas, 19 fueron presentadas por el presidente Correa. Esto significa que más de 9 de cada 10 leyes aprobadas en la Asamblea Nacional provienen de hombres, de las cuales más de 7 son de autoría de Correa.

El Ejecutivo, convertido en el gran legislador, también ha agredido a las asambleístas de su propio partido por manifestar públicamente sus criterios sobre la concepción, el matrimonio igualitario, la equidad salarial y otros temas. Lo mismo ha sucedido con legisladoras de la bancada opositora. Pero esto no sucede con las mujeres que defiendan los intereses de un Ejecutivo de machistas. Recientemente, el presidente Correa calificó como “jóvenes brillantes” y llenó de otros piropos a dos exfuncionarias de su gobierno por impulsar un referendo inconstitucional sobre la reelección eterna.

¿Quiénes son estas jóvenes y cuáles son las consecuencias de sus actuaciones para la equidad de género? Son “las pamelas”, la versión ecuatoriana de “las juanitas” de México.

En 2009, en los comicios legislativos para el Congreso mexicano, al menos el 40% de las listas electorales estaban compuestas por mujeres para cumplir con la ley de paridad de género. Una cantidad todavía indeterminada de ellas alquiló su nombre bajo la promesa de permitir al alterno posesionarse en el cargo y ejercer efectivamente el poder en caso de victoria. En todos los 11 casos de renuncia, las triunfadoras cedieron sus cargos a favor de un varón.

Desde entonces se llama “juanitas” a las candidatas que prestan sus nombres para hacerse cargo de una elección de alta fricción política y después entregar intacta la función pública a un sucesor. Al igual que un fusible, la misión de las juanitas es alquilar su imagen a otra persona, a cambio de una retribución política, para quemar su reputación, mantener a salvo el circuito de intereses partidistas y servir como una pieza de fácil sustitución.

Las pamelas, las chicas ecuatorianas al servicio del poder autoritario para convocar a un referendo inconstitucional que posibilite la reelección presidencial perpetua, trabajan, tal vez sin saberlo, para conseguir un as bajo la manga que conceda al presidente Correa la posibilidad discrecional de permanecer como un posible candidato hasta unos pocos días antes de que se convoque a las elecciones presidenciales.

La trampa de las pamelas consiste en que la Corte Constitucional, al admitir a trámite la solicitud presentada por las juanitas ecuatorianas, podría declarar inconstitucional la transitoria que prohíbe la reelección inmediata del presidente Correa y facilitar su carrera hacia la presidencia en el próximo 2017.

El engaño social también consiste en hacer creer que las pamelas, hombres y mujeres fanatizados por una sola persona, forman parte de las decisiones estratégicas de la política coyuntural. Lo mismo que sucede con la elaboración de leyes o de la política pública ministerial pasa con estos adulones que fantasean con la cúspide de la jerarquía política, pero solo tienen un papel secundario porque quien realmente resuelve es un comité de varones dirigido por un misógino.

El colectivo de estas muchachas crea una ficción de participación sobre el que las Manuelas de la independencia estarían avergonzadas, como las Adelitas lo estarían de las juanitas mexicanas. Ellas y ellos, los utilizados por el poder, representan un retroceso para la igualdad de género porque defienden a quien agrede las condiciones más básicas de equidad, de tolerancia y de convivencia democrática, a quien vomita su misoginia con adulaciones callejeras a sus funcionarias subalternas y quien no quiere abandonar el poder.

Las pamelas son asambleístas alternas y otros legisladores sin criterio ni voluntad; son jueces que sentencian en favor del autoritarismo y no de los derechos fundamentales de las personas; es el carrusel de ministros que se turnan en sus cargos a la espera de saltar a alguna secretaria de estado o cargo diplomático después de hacer bien sus deberes con su jefe.

Incluso Lenin Moreno hoy alquila su momentánea aceptación electoral para aparecer como un presidenciable, distraer a la opinión pública y renunciar en caso de que Correa se recupere en las encuestas.

@ghidalgoandrade

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