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7 de Octubre del 2019
Ideas
Lectura: 5 minutos
7 de Octubre del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

Jugar con fuego y beneficiar a Correa
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El presidente Moreno se propuso jugar con fuego. Una mala estrategia cuando las medidas económicas afectan directamente la economía más o menos escuálida de las mayorías. Es cierto que nuestro combustible es barato. Y es muy cierto que descienden cada vez más los índices de aceptación de Moreno.

Se esperaría que un estadista analice minuciosamente los efectos sociales de sus medidas políticas y económicas. Es absolutamente cierto que el correato, en su década ganada, se levantó con el santo y la limosna y dejó el país en soletas. Que su mesa servida no fue sino la expresión de lo perverso de un sistema que giró en torno a la más grande de las corrupciones que conoce nuestra historia moderna. Todo esto lo sabe de memoria el país. Insistir en ello equivale a llover sobre mojado. La justicia, si en realidad fuese justa, ya habría hecho lo suyo. ¡Pobre justicia de pobres!

El presidente Moreno se propuso jugar con fuego. Una mala estrategia cuando las medidas económicas afectan directamente la economía más o menos escuálida de las mayorías. Es cierto que nuestro combustible es barato. También es cierto que los índices de crecimiento económico señalado por especialistas dan cuenta de un serio estancamiento. Y es muy cierto que descienden cada vez más los índices de aceptación de Moreno. 

El presidente Moreno se propuso jugar con fuego. Una mala estrategia cuando las medidas económicas afectan directamente la economía más o menos escuálida de las mayorías. Es cierto que nuestro combustible es barato. Y es muy cierto que descienden cada vez más los índices de aceptación de Moreno.

Los ejercicios políticos del poder no se agotan en lo económico. El bienestar de los ciudadanos es polifacético y múltiples sus necesidades y exigencias. Hay medidas, como la de incrementar el precio de los combustibles, que son absolutamente impopulares no precisamente por el precio en sí sino porque el petróleo se halla íntima y casi existencialmente unido a la corrupción política, de antier, ayer, hoy y mañana. El festín del petróleo nunca fue tan cierto como en el correato. Y Moreno heredó esa corrupción que no se cura precisamente con esta clase de medidas sino instaurando un nuevo régimen ético y económico.

¿Por qué el actual gobierno no ha sincerado sus gestiones destinadas a recuperar los miles de millones que se robaron las empresas petroleras que jugaron el juego de la corrupción con Correa? A lo mejor no hace nada. Ya no es suficiente ni rasgarse las vestiduras ni dar ayes de plañidera ni lanzar amenazas furibundas a propios y extraños. Más aun sabiendo que luego vendrán los arrepentimientos y las revisiones. Exactamente como acaba de acontecer. Porque tiene algo de vergonzoso dar marcha atrás cuando se aseguró que bajo ninguna presión se revisarían las medidas. 

Que es exactamente lo que acaba de acontecer cuando no se dialoga y se negocia a tiempo. Todos los prepotentes del régimen deberían irse a casa. Producto: un país maltrecho, muchísimo dinero perdido y un ánimo social en hilachas. Y con indígenas en las carreteras que exigen lo suyo.

Obras son amores y no buenas razones. ¿Han regresado al Estado los miles de millones robados por aquellos que disfrutaron del festín del petróleo del correato? Los que incluso ya fueron condenados por su corrupción, ¿han sido obligados a devolver lo robado o se les está protegiendo para que lo disfruten una vez cumplida la sentencia? Nada: esa es la monda verdad de un país que fácilmente satisface sus hambres de justicia con el menú del escándalo, y nada más. 

Parecería que resulta más fácil crear nuevos impuestos o incrementar los ya existentes que imaginar políticas que mejoren sustancialmente la economía del país. Por otra parte, el alza de impuestos debería ir pareja a un incremento proporcional de sueldos y salarios. 

Habría sido políticamente adecuado que el gobierno negocie primero con los transportistas antes de tomar las medidas impuestas. Resulta casi un absurdo pensar que se puede subir el precio de los combustibles y pretender que se mantenga inamovible el precio de los pasajes. 

¿Quién debe pagar el inmenso derroche del correato? No el pueblo, por supuesto. Descorreizarse no quiere decir únicamente denunciar la corrupción de Correa, odiarlo y endosarle todos los males actuales. ¿Acaso no se ha mantenido al servicio del régimen de Moreno a quienes fueron ideólogos de las políticas sociales y económicas del correato? 

Si no fuese así, no se habría dado lugar a un paro del que Correa inmediatamente sacó buenos réditos. ¿Ni siquiera lo imaginó Moreno? Demasiado tarde para arreglar entuertos. Tal vez ha llegado la hora de remozar el equipo de asesores y ministros. Desde luego, inútil sugerencia. 

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