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19 de Agosto del 2019
Ideas
Lectura: 6 minutos
19 de Agosto del 2019
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

¿La agonía del CPCCS?
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En nuestra historia, no es rara la elección de ciudadanos indeseables para ejercer altas funciones del Estado. Como si ancestralmente nos atrajese de manera irresistible la pulsión por el daño, el caos social y político.

La destitución de los miembros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) podría ser leída como el final de una muerte anunciada, urgente y ardientemente deseada. En nuestra historia, no es rara la elección de ciudadanos indeseables para ejercer altas funciones del Estado. Como si ancestralmente nos atrajese de manera irresistible la pulsión por el daño, el caos social y político. La pulsión de muerte. Como si ciega e irresistiblemente optásemos incluso por la precariedad moral. 

Como niños, nos tapamos los ojos, no precisamente para no ver la realidad, sino para crear el mal. A este Consejo defenestrado por la Asamblea lo elegimos nosotros, y solo cuando lo tuvimos ya sentados en sus mullidos asientos y los escuchamos detenidamente, empezamos a ver su monda y cruda realidad. Entonces, nos rasgamos las vestiduras. Y hasta nos lavamos las manos cuando aparecieron en escena Tuárez y sus adláteres. 

Y es que ese Consejo no es cualquier cosa, como quizás piensa una buena mayoría del país marginada de lo político. Es probable que la mayoría de los electores desconozca la dimensión de las atribuciones de este Consejo perversamente creado para asegurar el imperio de Correa sobre todas las instituciones políticas del Estado. A ella le corresponde, por ejemplo, designar al Defensor de pueblo, al Contralor General de Estado, al Defensor Público Y como si esto fuese poco, hasta elige a las autoridades de la función electoral. Poca cosa, ¿verdad? Con este Consejo, Correa dormía en paz y soñaba con el poder perpetuo, mientras sembraba la corrupción por todas partes.

La corrupción y la mala conciencia de algunos no les permiten responder a preguntas sencillas sobre el análisis de los candidatos a las diversas funciones del Estado. Es mejor hacerse de la vista gorda para dejar pasar lo obvio. Con suma facilidad allí es posible comerse entera una muela de molino sin atragantarse. ¡Cómo nos fascinan el escándalo y los ayes de dolor lanzados por quienes debieron ser fieles a la ley! El caso Tuárez no constituye más que la punta del inmenso iceberg que da cuenta de lo perverso incrustado en la política nacional. No es solamente Tuárez: es la existencia de ese Consejo.

En nuestra historia, no es rara la elección de ciudadanos indeseables para ejercer altas funciones del Estado. Como si ancestralmente nos atrajese de manera irresistible la pulsión por el daño, el caos social y político.

De hecho, este Consejo fue creado precisamente para convertirlo en el punto de apoyo del correísmo para que sus ansias de poder se fortalezcan y se perpetúen. Un quinto poder con capacidades de juzgar sobre lo político, administrativo y judicial del país. Un quinto poder destinado a manejar los hilos de la justicia. De tonto Correa no tiene un pelo. Amo y dueño de esta función, se hallarían para siempre a buen recauda las falsas pulcritudes y transparencias de sus manos y de su conciencia. 

¿Acaso no fue eso lo que dijo Tuárez cuando, iluminado como nunca antes en su vida, se posesionaba como presidente del CPCCS? Sin embargo, es preciso no verlo tan solo como tonto útil. Su historia está atravesada por las ansias de poder, por la utilización del engaño para subir peldaños sociales. ¡Un hombre de dudosas costumbres llamado a precautelar la transparencia, la legalidad y la ética en el país! 

De conformidad a la ley, los miembros del Consejo no deberían pertenecer a ningún partido político. Por ende, sujetos neutros y políticamente amorfos y hasta eunucos. Como si la pertenencia a un partido político no fuese necesaria para dirigir políticamente el Estado. Como si la militancia política se emparentase con la deslealtad y la inmoralidad: el signo de Caín. Y quienes la vigilaban, no se percataron de que uno de los postulantes era un religioso en funciones eclesiales. Pero sí conocían bien que se trataba de un rabioso admirador del correísmo. 

Esta quinta función del Estado fue una perversa invención de aquel grupo convencido de que había llegado el tiempo propicio para instalar en los países andinos el modelo cubano, el de la apropiación absoluta de todos los poderes por parte de falsos líderes salidos de la nada pero con infinitas ansias de dominar para así vengar antiguas personales precariedades. El comienzo debería ser democrático, es decir, debían ganar las elecciones para luego perpetuarse en el poder. Morales, Chávez, Maduro, Lula, Correa: líderes salidos de la nada pero con ancestrales carencias y con infinitas necesidades de poder y de dinero. Poderoso caballero es don dinero.

El CPCCS, quinto poder del Estado, no constituye sino una suerte de sucursal del poder absoluto de Correa. Es lógico que, si se desea retornar a una verdadera democracia, urge la abolición de este quinto poder que no sirve sino para disfrazar la política dictatorial del correato que aún se halla insertado en el corazón político y ético del país. 

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