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28 de Septiembre del 2015
Ideas
Lectura: 8 minutos
28 de Septiembre del 2015
Gonzalo Ortiz Crespo

Escritor, historiador, periodista y editor. Ex vicealcalde de Quito. 

La calentura no está en las sábanas
Si el populismo sigue rampante, si el modelo centrado en el Estado no cambia, lo que tendremos es más incertidumbre, menos inversión, más fuga de capitales y esa espiral descendente en que nunca quisiéramos entrar de menos depósitos, menos crédito, menos producción, más inflación.

La revelación del artículo de la semana pasada  de que el Gobierno estaría buscando un préstamo del Fondo Monetario Internacional no ha sido confirmada ni desmentida por fuentes oficiales, cosa por lo demás obvia pues se trata de negociaciones reservadas. Sin embargo, he recibido y escuchado dos tipos de reacciones de parte de conocedores del tema.

La una es que el cupo del Ecuador en el FMI es solo de US$ 700 millones (el doble de su cuota de US$ 350 millones) y que solo en casos muy extraordinarios podría el Ecuador acceder a un préstamo de US$ 2.500 millones, cifra que puse en el artículo porque fue la mencionada por las fuentes que contacté. La otra es que aun en el caso de que sí se recibieran los U$ 2.500 millones, eso no arregla el problema de la economía ecuatoriana.

Examinaré enseguida las dos posiciones pero, antes de seguir, quisiera explicar bien el papel que un periodista o comentarista tiene en estos temas. Hay quienes creen, especialmente los gobiernistas, que cuando uno comenta de economía está haciéndole el juego a los opositores o, peor, a quienes quieren “derrocar al régimen”. Son los que no entienden para nada el papel de la prensa libre que es, justamente, indagar en todos los aspectos de la política y la economía y traerlos a la luz para que lo sepan todos y tengan una opinión más informada sobre lo que sucede en el país. Si la situación de la economía es mala, no nos toca a los comentaristas y periodistas esconder la basura debajo de la alfombra y cantar loas al régimen.

Ese es el papel de la prensa oficial en los regímenes totalitarios. A los demás nos toca ser informadores y, los que tenemos el privilegio y responsabilidad de opinar en medios en papel o digitales, debemos de ser críticos y explicar por qué nos gustan o no ciertas políticas, por qué pensamos diferente del poder, por qué diferimos de sus políticas económicas, condenamos sus abusos y rechazamos sus atropellos.

Dicho esto, regreso a la cuota del Ecuador en el FMI. El economista Ramiro Crespo, quien hizo esta observación en un programa de radio, acepta que el FMI pueda hacer entregas mucho mayores en casos de un riesgo sistémico, como, por ejemplo, ocurrió con Grecia, cuya crisis estaba ya afectando a Italia, Portugal, España y a otras economías de la zona euro. También puede haber líneas de crédito muy altas, como las que tienen México, de US$ 30.000 millones, y Colombia, de US$ 10.000 millones, porque se trata de Gobiernos que llevan años de una política económica ordenada, y harán uso de la línea de crédito solo en caso de necesidad absoluta, por la caída de los precios del petróleo.

Mis fuentes originales consideraban que aunque propiamente el caso del Ecuador no es el de un riesgo sistémico, ni al FMI ni a nadie le interesa que haya caos económico en el Ecuador, porque afectaría a toda la región en un momento muy delicado de sus economías. Y que eso animaría al FMI a mostrar cierta flexibilidad en el monto. Por supuesto, todo dependerá de la política económica que esté dispuesto a aplicar el régimen.

Y aquí viene el segundo punto, pues hay personas tan escépticas que creen que ni siquiera con los US$ 2.500 millones se lograrí arreglar la economía.
Entonces, ¿qué se necesitaría? Además de eliminar el Impuesto de Salida de Divisas, de archivar las leyes de impuestos a las herencias y a la plusvalía, sería indispensable una dosis de transparencia en las cuentas fiscales, que jamás ha existido en este Gobierno. “Habría que llamar deuda a lo que es deuda”, decía Crespo. Y, por su parte él y Alberto Acosta Burneo, creen que  es fundamental un presupuesto más realista, mucho más pequeño, “más aterrizado” a la realidad actual del Ecuador.

Por eso fue tan irresponsable que Correa postergara lo que eufemísticamente llamaron la “optimización” del aparato estatal. Eso tiene que hacerse de inmediato, aunque tenga costos políticos. Y lo que el presidente tiene que hacer de ahora en adelante es no generar más incertidumbre. Apoyar la producción es un eslogan hueco que debería hacerse realidad. Por ejemplo, el seguir insistiendo en la ley de herencias es no solo generar incertidumbre sino llevar a que los empresarios dueños de empresas familiares estén dispuestos a vender a la baja a firmas extranjeras aquello que han construido con el esfuerzo de varias generaciones. No es de enorgullecerse que Juris, Don Diego, Tony u otras hayan pasado a manos extranjeras, porque han sido gangas para las firmas de afuera.

¿Qué se requiere para recuperar la confianza del sector privado? Medidas que no solo están en el ámbito económico, sino político. Conseguir el préstamo del FMI sería muy bueno, porque bajaría el riesgo país, que de estar en 400 puntos en octubre de 2014 se halla hoy, según dijo Acosta Burneo, en 1.300, lo que implica que por cualquier nueva deuda el Ecuador debería pagar intereses de 13% o 14%. Si hay esos fondos del FMI, pagar a los proveedores al menos una parte de lo que se les adeuda, sería importantísimo. La brecha fiscal ––a  pesar de los recortes de US$ 2.000 millones y de la mayor recaudación tributaria (aunque en agosto ya se recaudó menos que en el mismo mes del año anterior, el acumulado de los ocho meses es más alto que en el mismo período de 2014 por la moratoria tributaria) ––, es todavía muy alta (US$ 5.200 millones, dijo Acosta Burneo).

Pero coincidimos en el programa de radio en que la calentura no está en las sábanas, y en que es necesario tomar medidas radicales en lo político como archivar las enmiendas constitucionales, hacer un compromiso serio de que no habrá reelección indefinida y de que las elecciones serán transparentes, limpias e imparciales con el respeto irrestricto a la voluntad popular, permitiendo la presencia de todos los observadores internacionales que se pueda, y no solo los del ALBA o Unasur. Eso quizás dé una perspectiva distinta a la economía nacional, no solo a la política.

Es que si Correa sigue en el frenesí electoral, si el populismo sigue rampante, si el modelo centrado en el Estado no cambia, lo que tendremos es más incertidumbre, menos inversión, más fuga de capitales y esa espiral descendente en que nunca quisiéramos entrar de menos depósitos, menos crédito, menos producción, más inflación.

Preséntelo como quieran. Digan, como ya dijeron del préstamo del Banco Mundial, que este iba persiguiendo a Correa para ofrecerle préstamos porque admiran al modelo económico de la Revolución Ciudadana, pero cambien en serio el rumbo en el que por ahora sigue yendo la economía.

[PANAL DE IDEAS]

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