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29 de Agosto del 2017
Ideas
Lectura: 7 minutos
29 de Agosto del 2017
Rodrigo Tenorio Ambrossi

Doctor en Psicología Clínica, licenciado en filosofía y escritor.

La cancillería y el terrorífico Maduro
Todos los pueblos libres de América piden libertad para Venezuela. ¿Y Ecuador se calla? Ante lo macabro de la violencia estatal, casi ni chicha ni limonada. Un servicio de relaciones internacionales que, en este tema, avergüenza a propios y extraños.

Venezuela es un campo de batalla. También un campo de concentración para los destinados a la muerte por el delito de reclamar libertad. Dos grupos absolutamente desiguales se enfrentan entre sí. El primero está comandado por un presidente dictador que se ha adueñado del país, de la vida y de la muerte de los ciudadanos. Con su vozarrón de camionero que tiene bien satisfechas todas sus necesidades, no cesa de repetir que es el presidente, el único presidente de Venezuela y que el pueblo, todo el pueblo lo apoya y lo venera. Desde el lugar perverso del poder, no escucha el dolor de las heridas y de las muertes. Como todo tirano, no se cansa de afirmar que es el más férvido defensor de la democracia y del bienestar de sus conciudadanos.

Cuando iba camino a la muerte, Chávez, que se creyó el verdadero fundador de la patria, después de Bolívar, dispuso que su sucesor sea Maduro. Por ende, esa elección, con características de mandato absoluto, cumple un papel creador de un poder de tal magnitud que nadie podría, desde cualquier cordura, cuestionarlo y peor desconocerlo.    

De manera inmediata, Maduro entendió que se trataba de una herencia en el más estricto sentido de la palabra. Venezuela es suya, su propiedad personal. Si bien se han dado elecciones aparentemente democráticas, para Maduro, gobernar posee un único sentido posible: la apropiación absoluta del poder. Maduro se siente tan dueño de Venezuela como Juan de su casa. Dominio proviene del latín dominus que significa amo-señor, nombre que señalaba al dueño de casa en la cual se incluían tanto las mujeres, las cosas, como los animales y los esclavos. En Maduro se ha producido una mezcla perversa de ambición incontrolable sostenida en una buena dosis de estulticia y de maldad. 

Venezuela la compró Chávez, quien fue el primero en notariar la más perversa de todas las escrituras, aquella que dice del dominio total de estos mediocres dirigentes políticos que no tienen otra idea de lo social que no sea la del dominio absoluto del país. La Venezuela de Maduro que, desde sus profundas limitaciones, toma todo al pie de la letra. Mientras con una mano ordena atacar y asesinar a la oposición, con la otra esgrime la Constitución de la república como si allí constase la legitimidad de los poderes absolutos, la legitimidad de la crueldad, la legitimidad del asesinato a compatriotas. La expresión respeto a los derecho de los otros le debe saber a griego. 

Es la historia de esos gobernantes que, supuestamente, viven amparados en una Constitución que dicen amar, obedecer y respetar, pero que en la práctica la ignoran solemnemente para que su voluntad sea la ley. Entonces tienen jueces, procuradores, fiscales, constituyentes que no son más que conjuntos civiles esclavizados al deseo de ese amo que luce el título de presidente constitucional. La democracia se convierte entonces en una perversa charada. 

Venezuela se deshace en la violencia y en la intolerancia de Maduro y de su séquito. Día tras día se derrama la sangre de ciudadanos que únicamente desean el imperio de la ley, de la Constitución y de la libertad. Para Maduro y los suyos, la única libertad posible es la de los sometidos al amo de manera absoluta.

América entera rechaza a Maduro, salvo ese minúsculo grupo de gobiernos ansiosos de convertirse, como Maduro, en amos y dueños de sus países. Esos gobernantes convencidos de que llegar a ser presidente de un país implica convertirse en su dueño y en su amo mediante la reelección indefinida. Para disimular sus verdaderos propósitos, se han parapetado en el esnob de un supuesto socialismo que mencionan sin siquiera entender de qué trata, pero que ha servido bien para engatusar a los ingenuos y para apoderarse de todos los poderes. Les ha servido, sobre todo, para convertir a la corrupción en la más preclara virtud de todas las virtudes sociales.  

Todos los pueblos libres de América piden libertad para Venezuela. ¿Y Ecuador se calla? Ante lo macabro de la violencia estatal, casi ni chicha ni limonada. Un servicio de relaciones internacionales que, en este tema, avergüenza a propios y extraños. Es como si Alianza País, es decir, el rancio correísmo, hubiese tomado a la Venezuela de Maduro como modelo de su política nacional y una meta a la que deberá llegar el país. Basta con recordar a Correa. ¿Acaso no aprobaron la creación de una guardia de civiles armados para proteger a los cabecillas de la nueva revolución? 

Por eso, quizás incluso contradiciendo abiertamente el pensamiento político del presidente Moreno, la Cancillería habla de Venezuela en neutro, como si pudiese haber neutralidad ante la violencia, la persecución, el hambre y la muerte. La menciona colocándose al margen de lo que realmente acontece, como si desconociese la persecución, la tortura y la muerte que azotan a Venezuela. Alaba y felicita a Maduro por la constituyente que ha sido rechazada prácticamente por todo Occidente, con excepción de Cuba y Nicaragua.

A lo mejor la canciller todavía crea en la posibilidad de una  neutralidad política. ¿Es posible alguna neutralidad ante el horror de las masacres ordenadas por Maduro? No señora canciller; ante el abuso, la persecución y la muerte no cabe neutralidad alguna. Es preciso que Ecuador condene la violencia de Estado con la que se persigue y se asesina a quienes piensan diferente. Que condene esa Constituyente destinada a legitimar la perpetuidad de Maduro en el poder. La neutralidad, señora canciller, es complicidad. Ecuador, su presidente Moreno, nosotros los ciudadanos no somos ni neutrales ni cómplices. No felicite a Maduro a nombre de Ecuador por su Constituyente ni por nada. Hágalo, si desea, a nombre suyo y quizás de AP, pero no a nombre del país.  

Si usted, señora Canciller, no puede con el tema, por favor, renuncie: a lo mejor haría un gran favor al país y también al gobierno del presidente Moreno.  

[PANAL DE IDEAS]

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