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2 de Mayo del 2016
Ideas
Lectura: 9 minutos
2 de Mayo del 2016
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

La ceguera del paternalismo estatal
Los paquetes tributarios responden a objetivos del Gobierno, a menos que se demuestre lo contrario; su aprobación requiere de un amplio consenso y no de una imposición vertical. Está de por medio la cercanía de un proceso electoral hacia el cual podría orientarse la línea de acción del Gobierno.

Dos estrategas se desplegaron a raíz del terremoto que sacudió al país el 16 de abril del 2016: una impulsada desde la sociedad civil y otra, por el presidente Correa. El debate en torno a dichas estrategias revela la complejidad del tema.

La reflexión que precede a la estrategia no puede sustentarse en certezas científicas ni en “verdades” ideológicas. Dado que hay varios participantes en un juego en el que ellos interactúan, quieran o no, se necesitan mutuamente. Ninguno tiene total dominio sobre los demás.  Por eso tienen que apelar, bien sea a la cooperación o bien, a la confrontación.  Pero ello suele verse afectado por su “visión” que responde a una información incompleta, formación profesional y hasta por prejuicios de diversa índole. Esto genera en ellos una cierta “ceguera” que les impide abarcar el conjunto de la realidad en la que se ven inmersos.

El caso de Rafael Correa y de su gobierno lo confirma. Su “vista” es, sin duda, parcial, por varias razones, entre ellas, su enclaustramiento político, fruto de su lectura ideológica tanto de la economía como de la política. Convirtió al estado en el pivote de la economía cuando éste dispuso de abundantes recursos económicos. Absorbió  todas las funciones del estado, lo que le permitió tomar decisiones sin pasar por el tamiz de aquellas, como cuando existen los llamados “pesos y contrapesos” institucionales. De esta manera se distanció de su entorno y se acostumbró a ver sólo aquello que calzaba dentro de su “visión”. Estableció una relación instrumental con los integrantes de la sociedad civil, a quienes los vio como él se imaginaba que eran, sin preocuparse de verificar si ello correspondía o no con la realidad.

Gobernó, entonces, con prescindencia del “otro”, juzgando que no lo necesitaba. Así ejerció el poder de espaldas a los ciudadanos, aquellos que precisamente le dieron el voto. Esto lo colocó por encima de ellos, de quienes si bien eligen no son, a la vez, electos, razón que él invocó para negarles su derecho a opinar y debatir las decisiones del Gobierno. Lo que no entendió por tal ceguera fue que la realidad del juego es cambiante y que las estrategias deben ajustarse a dichos cambios. No pudo, por tanto, detectar y comprender esos cambios.

El escenario, efectivamente, comenzó a cambiar no sólo por factores económicos sino políticos. Los integrantes de la sociedad civil devinieron en sujetos; emergió un movimiento ciudadano dinamizado por una clase media más autónoma, mejor informada que enfrentó y confrontó con el Gobierno determinadas medidas tomadas o anunciadas por éste. El movimiento sindical también se fortaleció y retomó su papel en la lucha clasista que libra desde hace décadas.  Este escenario se tornó más complejo para el Gobierno con la crisis económica, respecto de la cual tampoco estuvo preparado.

En este nuevo escenario ya no era posible seguir ignorando al “otro”. Pero admitir que necesitaba de la cooperación del otro significaba reconocer su existencia y su capacidad de juego. El presidente ya no estaba solo en la” cancha de juego”. El estado se vio cercado por la sociedad civil que reivindicó una práctica política democrática.  Si a ésta se le había negado la representación, mediante artificios “legales”, optó por la “autorrepresentación” y salió a las calles en forma cada vez más ostensible. No es  casual que ahora el presidente Correa despotrique contra la sociedad civil y la califique de peligrosa para la democracia.  Su concepto de democracia es de una sola vía: de las urnas al poder.

Lo que no entiende Correa es que la democracia hace posible la conformación de diferentes escenarios para aquel juego interactivo. Las elecciones marcan los resultados temporales de ese juego; permiten que los ciudadanos ratifiquen o revoquen sus preferencias. De ahí la alternabilidad que posibilita. La reelección indefinida es contraria a la democracia.

Estos son los antecedentes del nuevo escenario que se configura con el terremoto. En una catástrofe se vuelve imprescindible el juego de coordinación. Nicolás Maquiavelo (1469-1527) lo dijo metafóricamente, en la dedicatoria a Lorenzo el Magnífico, hijo de Pedro de Médicis en el El Príncipe:
“Los pintores que van a dibujar un paisaje deben estar en las montañas para que los valles se descubran a sus miradas de un modo claro, distinto complejo y perfecto. Pero también ocurre que únicamente desde el fondo de los valles pueden ver las montañas bien y en toda su extensión. En la política sucede algo semejante. Si, para conocer la naturaleza de las naciones, se requiere ser príncipe, para conocer la de los principados conviene vivir entre el pueblo”  

El decreto que crea el comité de reconstrucción no toma en cuenta este sabio consejo. El comité estará liderado por el vicepresidente y desde lo alto “coordinará con todos los actores del sector público y privado la estructuración de planes, programas y proyectos para la reconstrucción y reactivación productiva de las zonas afectadas por el terremoto”. Sin la participación de la gente de Manabí y Esmeraldas, no podrá ver sino una parte de la realidad. Tampoco la gente podrá ver, conocer y comprender a los “reconstructores”. Esta descoordinación e incomunicación de unos con otros producirán  planes, programas y proyectos que reflejarán los puntos de vista, intereses e información del Gobierno y no de la sociedad afectada por el terremoto.

Hay una descoordinación también entre lo “público” y lo “privado”. El remitido de prensa de las cámaras empresariales publicado el 1 de mayo del 2016 expresa el divorcio existente entre ambos sectores. Ello debilita la acción de la reconstrucción que debe ser mancomunada, dada la dimensión de la tragedia. Los expertos señalan que el “país enfrenta el reto de una reconstrucción técnica”. El diario El Universo, de esa fecha cita a Francesc Mateu, director de Oxfam Intermón en Cataluña ( España)-ONG que participó en el reconstrucción tras el terremoto de Haití: “la clave para una recuperación efectiva es darse el tiempo para incluir la participación de los afectados y conocer sus necesidades; sin participación vamos a ir más rápido, con participación vamos a ir más lejos”.

Otro aspecto central  es separar la cuenta del “hueco fiscal” de la cuenta de la  reconstrucción. El presidente Correa se ha negado a considerar la figura del fideicomiso, por considerarla propia del derecho privado, y bajo el argumento de que ello implicaría “privatizar” los recursos que se recauden para la reconstrucción, cuando al estado le corresponde dirigir la reconstrucción. Habla de que el fideicomiso sería una “camisa de fuerza”. Sin embargo es una propuesta que no cabe descartarla desde los prejuicios ideológicos; aquí cabe poner por delante los intereses y necesidades de los damnificados.

Esta oposición es otra demostración de una ceguera que coloca  al presidente en la línea de una confrontación extrema en circunstancias en que se impone el juego de la cooperación; éste juego parte de una información limitada,  donde las partes necesitan colaborar para alcanzar objetivos compatibles o proponerse un objetivo común que sacrifica en el presente algo de los objetivos particulares. Los paquetes tributarios responden a objetivos del Gobierno, a menos que se demuestre lo contrario; su aprobación requiere de un amplio consenso y no de una imposición vertical.  Está de por medio la cercanía de un proceso electoral hacia el cual podría orientarse la línea de acción del Gobierno. Hay razones, pues,  para la suspicacia y la desconfianza. No cabe que el Gobierno siga pensando que su principal objetivo es vencer a sus adversarios aun en un campo en el que la lógica impondría la necesidad de la cooperación.

[PANAL DE IDEAS]

Francisco Chamorro
Mauricio Alarcón Salvador
Ramiro García Falconí
Patricio Moncayo
Aparicio Caicedo
Carlos Rivera
Xavier Villacís Vásquez
Giovanni Carrión Cevallos
Rodrigo Tenorio Ambrossi
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