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14 de Abril del 2020
Ideas
Lectura: 8 minutos
14 de Abril del 2020
Gonzalo Ordóñez

Es licenciado en Sociología y Ciencias Políticas por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito; Magíster en Comunicación, con mención en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación por la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

La clase media al cadalso
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El argumento empresarial de que generan empleo es absolutamente cierto e ineludible, pero sería más honesto si disminuyeran sus ingresos personales (no las ganancias) al ritmo que tiene que hacerlo la clase media. ¿Las élites suspendieron el jamón, los embutidos, el consumo de ciertas carnes, los helados? ¿Tienen deudas eternas en las tarjetas pagando mínimo tras mínimo?

La clase media en la indefensión. Un gobierno de izquierda “privilegia” a los más pobres. Uno de derecha a los más ricos. Un gobierno populista a los dos extremos.

La clase media y todas sus gamas que van desde el profesor de escuelita hasta el médico de consulta privada no son parte de las políticas públicas. Para los grupos ubicados en la base de la pirámide tienen más de lo que ellos podrían nunca a aspirar, para los grupos un poco más cercanos a la cúspide deberían contribuir en agradecimiento de no estar en la base.

Paga el abusivo e inexplicable impuesto a la patente, la subida de la gasolina Súper y de otros impuestos, pero con el mismo salario. ¿Y cuál es le problema, de todos modos, tiene más que el resto, no?

La clase media tiene enorme importancia para sostener política y económicamente una democracia, justamente porque extiende el espacio medio entre los extremos sociales. Una población con  educación de calidad, empleo, vivienda, salud hace que la sociedad progresivamente sea menos violenta y más amable; también en este grupo está una buena parte del consumo que conduce al desarrollo de un país.

Por ejemplo, si usted compra un papel higiénico, ahora que está de moda, le sale mucho más caro que un paquete de 18 unidades de triple hoja que le dura más pero que requiere de un mínimo de capacidad económica para no comprar al detalle.

Una persona ubicada en este grupo social logra  estudiar, pagar un seguro de salud privado, comprar un vehículo, que en un país donde el transporte público está en manos de grupos políticos, insensibles y corruptos, se vuelve indispensable; adquirir una cuenta de internet y otra de Netflix es posible con un salario permanente y el apoyo de la pareja, generalmente.

También  puede colaborar solidariamente con otros seres humanos, algunos de los cuáles se cuentan entre sus parientes y amigos; el problema es la proporción y el criterio.

En cuanto a la proporción, el Gobierno se muestra insensible o ignorante de las condiciones de esta clase “privilegiada”. Hijos, esposas, hermanas perdieron su trabajo y no por la pandemia; sino por un manejo de la economía dirigida a heredar la crisis al próximo gobierno. Esto ha significado que el hombre o la mujer que conserva, precariamente, su empleo debe cubrir alimentación, prestamos, mínimos de tarjetas de crédito, arriendo, seguro de salud (imposible dejar de pagarlo en estas circunstancias), la escuela de los nietos o hijos, algo de ropa y medicinas. Es la realidad sin estadísticas.

La proporción de la tabla de solidaridad, por el Covid-19,que el gobierno publicó para solucionar la crisis; con la cual los ciudadanos aportan, no es proporcional a los ingresos de la banca o de las grandes empresas.

El argumento empresarial de que generan empleo es absolutamente cierto e ineludible, pero sería más honesto si disminuyeran sus ingresos personales (no las ganancias) al ritmo que tiene que hacerlo la clase media. ¿Las élites suspendieron el jamón, los embutidos, el consumo de ciertas carnes, los helados? ¿Tienen deudas eternas en las tarjetas pagando mínimo tras mínimo?

El argumento empresarial de que generan empleo es absolutamente cierto e ineludible, pero sería más honesto si disminuyeran sus ingresos personales (no las ganancias) al ritmo que tiene que hacerlo la clase media.

En cuanto al criterio, los políticos literalmente ofrecen circo a la gente pobre (hace poco lo hizo Iván Granda), calman la miseria con bonos; pero los gravámenes van a la clase media.

Mientras, que los impuestos progresivos como el de la Renta que obligan a pagar en proporción del que tiene ingresos superiores se mantiene estable. Si bien las élites son las que generan empleo, también son las que se llevan las ganancias.

Todos deberíamos tener acceso a un plan de datos, una plataforma de videos streaming, un seguro privado de salud (el IESS es nuestra constante decepción), un celular inteligente. No se trata de privilegios de los ricos y menos de la clase media. Es, como mínimo, el acceso a las condiciones básicas de ser persona en el mundo actual y esto se consigue a través de empleo; el socialismo del siglo XXI  no puede distribuir la riqueza como lo hace el empleo productivo justamente remunerado.

Con familias devastadas por la pandemia, 20 dólares corresponden a dos pollos completos y un kilo de papas que dependiendo del número de personas alcanza para una semana; 50 dólares puede ser la cuenta de internet, luz, agua y teléfono; 250 dólares es un arriendo.

No hay duda, que la tabla que el Gobierno presentó esta semana, como contribución voluntaria, fue elaborada desde un escritorio; bajo el supuesto de una familia de clase media inexistente antes de la pandemia, ahora resulta surrealista, además, con muertos por doquier.

La solución: una tabla inteligente que tenga en cuenta las personas que tienen empleo, adultos mayores a su cuidado, hijos o familiares discapacitados, zona de residencia, deudas con la banca.

Otras soluciones: entregar becas para que los jóvenes profesionales, que no tienen empleo, puedan continuar sus estudios de posgrado, ahora virtuales, en los nuevos campos que necesita el Ecuador para enfrentar el  mundo post Covid.

Necesitamos analistas de datos, epidemiólogos, gestores para el gobierno digital, comunicadores y periodistas de datos, abogados para la tecnosociedad que viene, expertos en internet de las cosas, trazabilidad de procesos, tecnologías agrícolas.

Mantener la capacidad de consumo de la clase media, eliminar impuestos como la patente municipal, disminuir los intereses de prestamos y tarjetas bancarias, extender los plazos de pago, abaratar el costo de internet, de luz.

Apoyar a la empresa privada para que genere empleo, lo cual significa dejar de dialogar y acordar cosas concretas; simultáneamente, exigir la contribución que les corresponde en proporción a la contribución  de los empleados que quedan. 

Es posible que subir el precio del gas, por ejemplo, tenga más realidad que quitar efectivo del bolsillo de la clase media, con subsidios focalizados, por Dios.  Y no olvidar el campo, es nuestra oportunidad como país, estimular la producción agrícola, incorporar las últimas tecnologías; formar profesionales, generar empleo y producción que puede exportarse, ni en la peor de todas las crisis se deja de comer.

Dar y no quitar, para saltar al desarrollo y no para sobrevivir entre los enfermos. Pensar en la vida y en el futuro, fomentar el consumo y el crecimiento para que el estado tenga recursos; de lo contrario, luego de exprimir a la clase media hasta  dejarle sin líquido vital, solo quedará la cáscara.

[PANAL DE IDEAS]

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