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27 de Agosto del 2018
Ideas
Lectura: 6 minutos
27 de Agosto del 2018
Luis Córdova-Alarcón

Es profesor agregado de la Universidad Central del Ecuador, experto en Derecho Internacional y Ciencia Política. 

La cuestión migratoria: una oportunidad para el Ecuador
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Es imprescindible discutir, consensuar e implementar una doctrina latinoamericana para la política migratoria, que privilegie la seguridad humana y no la seguridad nacional, que fomente la cooperación regional y no el cierre de fronteras, que promueva la multiculturalidad y no la obtusa «identidad nacional» monocultural.

La reciente diáspora de hermanos venezolanos está provocando fuertes tensiones políticas y sociales en la región. Los brotes de xenofobia en Brasil y Costa Rica contra migrantes venezolanos y nicaragüenses, respectivamente, son muestra de aquello. Las medidas de control en los puestos fronterizos de Ecuador y Perú develan el «enfoque securitista» que se está imponiendo a la cuestión migratoria y la ineficacia con que se aborda este fenómeno regional.

Acostumbrados a ser emisores de migrantes hacia Europa Occidental y Norteamérica, Ecuador carece de una política de recepción migratoria que sea consecuente con los DD.HH. y los preceptos constitucionales. La que existe y que se enmarca en la Ley Orgánica de Movilidad Humana aprobada en el ocaso del gobierno anterior y su reglamento elaborado por este gobierno, muestran las indefiniciones y ambigüedades que la caracterizan. Rafael Correa ya hizo gala de estas incoherencias en la política migratoria cuando reclamaba respeto a nuestro migrantes en España o EE.UU., pero al mismo tiempo atropellaba los derechos de ciudadanos cubanos y africanos en nuestro territorio.

Por eso cabe replantearse no solo la política interna sino también la política exterior, para darle sentido a una alternativa regional que enfrente el problema de forma integral. Un primer paso en esa línea ha dado la Cancillería al convocar a varios países de la región a una cita en Quito para el mes de septiembre, con el fin de discutir la cuestión migratoria. Esta puede ser una oportunidad para que el gobierno del Ecuador retome la iniciativa regional y genere mínimos de concertación en América Latina. Para eso requiere leer correctamente la coyuntura y perfilar una agenda política con identidad propia.

Cuatro factores definen la actual coyuntura. Primero, el estancamiento de los procesos de regionalismo y su consecuente efecto centrífugo en la región. La conducta de «sálvese quien pueda» gana adeptos entre los gobernantes y los niveles de concertación son mínimos o inexistentes en ciertas áreas. Segundo, el acoplamiento a la política hemisférica de Washington sobre todo en materia de seguridad y defensa. Así puede interpretarse la reciente visita —a mediados de agosto— del secretario de Defensa de EE.UU., James Mattis, a Brasil, Argentina, Chile y Colombia, así como el regreso del Ecuador a las maniobras militares conjuntas (Unitas) organizadas por EE.UU.

En tercer lugar, está la táctica de aislamiento diplomático contra el gobierno venezolano que impulsa Washington en el seno de la OEA. Táctica que poco o nada contribuirá a paliar la crisis humanitaria ya que las presiones diplomáticas se ven compensadas con el respaldo económico y político de Rusia, China y sus aliados hacia el gobierno de Maduro. Por último, esta coyuntura está marcada por una creciente xenofobia contra los latinos en EE.UU. y contra musulmanes y africanos en Europa. Conductas que pueden ser replicadas en América Latina sino se construye una alternativa conjunta que amplíe el margen de autonomía política y tenga identidad regional.

En este contexto ¿qué requiere América Latina para enfrentar los desafíos de la migración? Para empezar, una nueva «doctrina de política migratoria». La «doctrina» es un conjunto de conceptos, reglas y principios que guían la política exterior de los estados. En materia migratoria, Occidente ha optado por un «enfoque securitista» que trata a los migrantes como amenazas a la seguridad interna del Estado y tiende a criminalizarlos, coartando su libre movilidad y cerrando las fronteras.

Con este enfoque se han diseñados las políticas migratorias en la Unión Europea (UE) desde el Acuerdo Schengen en 1985. Empeñada en fortificar las fronteras ha implementando sistemas de vigilancia y seguimiento de personas con tecnología de punta, a cargo de grandes corporaciones privadas, así como la identificación biométrica de reconocimiento facial, la deportación agresiva y la restricción de opciones para residencia legal en los países receptores. Incluso, desde el 2005, la UE ha optado por la «externalización de las fronteras» (https://bit.ly/2Iyhk9D) con países como Senegal y Azerbaiyán, a fin de que las personas desplazadas por la fuerza ni siquiera lleguen a ellas. Así logran ocultar el problema y desviar la atención de la opinión pública.

Ese, por supuesto, no es el ejemplo a seguir para América Latina. Pero tampoco lo es la política migratoria de EE.UU. que promueve la administración Trump. Por eso es imprescindible discutir, consensuar e implementar una doctrina latinoamericana para la política migratoria, que privilegie la seguridad humana y no la «seguridad nacional», que fomente la cooperación regional y no el cierre de fronteras, que promueva la multiculturalidad y no la obtusa «identidad nacional» monocultural. Pero sobre todo que cambie el concepto estratégico sobre las fronteras políticas. Mientras sean concebidas como el margen de la soberanía territorial del Estado siempre serán la periferia económica y social de los países, volviéndolas permeables para el crimen organizado en sus múltiples facetas.

Ecuador puede convertirse en proponente legítimo de tal iniciativa. Ser el país con el mayor número de refugiados legalmente reconocidos de toda América Latina, 62.000 ciudadanos, la mayoría de nacionalidad colombiana, según datos de cancillería, lo validan. Pero requiere tener voluntad política para actuar con voz propia y desmarcarse de ciertos compromisos que lo están orillando en el sentido contrario. Veremos si la diplomacia y el gobierno ecuatoriano están a la altura de las circunstancias.

[PANAL DE IDEAS]

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