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5 de Enero del 2023
Ideas
Lectura: 5 minutos
5 de Enero del 2023
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

La debilidad política de Lasso
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La política no es un terreno en el que el Gobierno pueda moverse con confianza. Carece de un partido político sólido. No tiene base social. El apoyo ciudadano es disperso, poco coherente. No ha logrado proyectar un Ecuador que calce en el imaginario colectivo.

Para impulsar la reactivación económica el Gobierno se propone atraer inversión extranjera. Ello supone garantizar la estabilidad política.  Ésta, a su vez, requiere un clima de paz social. Para promoverla demanda la cooperación de la Asamblea Nacional y del sector privado para generar fuentes de empleo. El incremento de la violencia proveniente del narcotráfico y del crimen organizado exige fortalecer la capacidad de acción de la Policía y de las Fuerzas Armadas. Pero esto, por sí solo, no puede acabar con este flagelo. La justicia pasa por una crisis aguda provocada por leyes inconsultas y con jueces que amparan a los delincuentes. También se necesita atacar las causas de la pobreza. A todo esto, se suma el bloqueo parlamentario de una mayoría empeñada en socavar la estabilidad política del Gobierno, propósito con el cual coinciden quienes alientan una subversión social.

El cuadro, sin duda, es alarmante.  El Gobierno carece del poder necesario para afrontar todos estos desafíos. Tiene baja gobernabilidad, o sea, los recursos que controla son insuficientes. Más son los medios que no controla. Los desembolsos del FMI y de los organismos multilaterales le han dado respiro, pero la deuda externa sigue. La reforma tributaria le ha proporcionado mayores ingresos.  Los acuerdos comerciales están en camino, pero tampoco garantizan, en el corto plazo, resultados apreciables.

El manejo ordenado de la economía exige austeridad, lo cual le resta popularidad en los sectores sociales más empobrecidos. La inversión pública no puede ser el motor del crecimiento, y la privada no alcanza los niveles esperados. Pese a tratarse de un gobierno afín a los grupos empresariales, éstos temen jugarse por una opción política de corta duración.

La política no es un terreno en el que el Gobierno pueda moverse con confianza. Carece de un partido político sólido. No tiene base social. El apoyo ciudadano es disperso, poco coherente. No ha logrado proyectar un Ecuador que calce en el imaginario colectivo.

El panorama social es de potencial conflictividad. Se lo vio en junio. Si bien fue posible alcanzar un acuerdo de paz con la ayuda de la Conferencia Episcopal, nada garantiza que en 2023 no vayan a ocurrir nuevos actos de protesta social. La inflexibilidad laboral es un dogal que frena una mayor contratación de mano de obra. El desempleo y subempleo subsisten y son el caldo de cultivo de expresiones mesiánicas que pueden arrasar con una política más equilibrada y menos clientelar. 

La política no es un terreno en el que el Gobierno pueda moverse con confianza. Carece de un partido político sólido. No tiene base social. El apoyo ciudadano es disperso, poco coherente. No ha logrado proyectar un Ecuador que calce en el imaginario colectivo.

En medio de tales condiciones Lasso ha podido sobrevivir con gallardía. No se puede asegurar que tenga ganada la partida. Necesita generar fuerza. Quizá la consulta popular, dependiendo de sus resultados, podría ser una carta a su favor. Pero sí necesita darle a su gobierno mayor gravitación. Requiere de una visión que trascienda lo particular. Los pasos que dé han de estar mejor articulados dentro de una estrategia menos fragmentada, para que lo logrado en un campo no se desmorone en otro.              

Es con este trasfondo que debe ubicarse la discusión sobre la inexperiencia del presidente Lasso. El no haber sido político y provenir del sector privado, pudo haber sido una desventaja. Pero, a lo mejor, ello le ha permitido no actuar de conformidad con las prácticas políticas tradicionales ni con esquemas ideológicos rígidos.  Las alianzas políticas que intentó no le dieron los frutos esperados, pero no por ello se dejó tentar por el pacto fraguado por Jaime Nebot y Rafael Correa que tenía como precio la impunidad. 

El no haberse sujetado a tales prácticas quizá muestra un estilo diferente que no necesariamente es sinónimo de inhabilidad. En el juego político es muy importante la creatividad. No cuenta solo lo que debe hacerse sino el cómo se lo hace no sólo en términos técnicos sino éticos.

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