Back to top
7 de Septiembre del 2016
Ideas
Lectura: 6 minutos
7 de Septiembre del 2016
Gabriel Hidalgo Andrade

Politólogo y abogado. Docente universitario.

La derrota del General
Todo parte de una comprensión equivocada de la democracia, el Estado, el gobierno y el poder. Si cualquier mandatario, no solo este, se convirtiera en el jefe supremo, titular del Estado y en el protector de los derechos, habrá embargado todo derecho individual, toda institucionalidad pública y todo poder. La vergonzosa sentencia Wolf legalizó al “Estado de derechos”, en el Estado de derechos del presidente.

El presidente Correa luce cada vez más descompuesto. Como si se tratara de un patrón de excesiva búsqueda de atención, el mandatario ecuatoriano busca periódicamente honoris causa, demandas por injurias y reconocimiento judicial a su autoridad. Es una necesidad de aprobación que no puede saciar.
A semana seguida, el mandatario presentó una nueva acción de protección para imponer su ley a las Fuerzas Armas y conseguir que sus jueces lo reconozcan como el jefe supremo del Ecuador.
Parece que al mandatario no le gusta la moderna definición de mandato. Prefiere algo más grandilocuente como máximo líder o gran general.

Eso de llamarse “mandatario” seguramente le resulta aburrido. Mandatario es quien recibe un encargo de alguien llamado mandante. Así, no más. Mientras “máximo líder” es ser como el Führer alemán Adolf Hitler o “gran general” como el Duce italiano Benito Mussolini, parece que Correa quiere que lo reconozcan como el generalísimo de Ecuador. Francisco Franco de España era llamado así, además, Por la Gracia de Dios.

El presidente Correa bromeó al respecto. Durante una sesión de gabinete ampliado que se desarrolló el 2 de septiembre, el mandatario dijo “gracias a Dios soy dictador”. ¿Gracias a Dios, como el autoproclamado caudillo de España y generalísimo, el dictador Francisco Franco? Aquí nada es una coincidencia.
¿Por qué la democracia moderna despareció estas alegorías traídas de las épocas del poder despótico? Aunque algunos de estos términos subsisten, la autoridad de los mandatarios modernos jamás está por encima de las instituciones y de los derechos de las personas.

La anticuada jefatura suprema es una herencia del caudillismo. Las nacientes republicas hispanoamericanas durante el siglo XIX intentaron solucionar sus problemas de caos institucional con liderazgos autoritarios ungidos como jefes supremos. Estos jefes concentraban el poder y derogaban los derechos fundamentales.
Con la consolidación de la democracia moderna se afirmó la figura del mandatario como la persona que recibe un encargo. Pero este principio fue modificado en Ecuador desde la Constitución de 2008. Según nuestra Constitución, el Ecuador es un Estado constitucional de derechos, lo que significa que la propiedad de los derechos la tiene el Estado. 

Ahora se entiende mejor por qué la jueza Vanessa Wolf revocó la resolución que declaraba la inocencia del capitán de corbeta Edwin Ortega. El oficial naval contestó a una carta enviada por el presidente Correa, por la cual el primer mandatario sintió lastimada su honra. El presidente presentó una acción de protección para defender su derecho a ejercer sin obstáculos su condición de “máxima autoridad de las Fuerzas Armadas”.
La acción de protección o de amparo es una medida judicial cuya finalidad es tutelar los derechos constitucionales de los ciudadanos, no de los mandatarios. Pero el presidente Correa pidió a Wolf el reconocimiento judicial de su autoridad. Esto es lo más paradójico de todo. Correa compareció en su calidad de presidente, no de ciudadano, a pedir la reparación de un derecho intacto y a imponer en una sentencia judicial lo que hoy no conseguiría en las urnas.

La jueza, en lugar de negar el recurso por improcedente, aceptó la acción, ordenó la anulación del fallo militar, y tiró a la basura los más de cinco siglos de evolución constitucional que el mundo occidental ha producido en materia de recursos destinados a proteger a los individuos contra los actos del poder político.

Todo parte de una comprensión equivocada de la democracia, el Estado, el gobierno y el poder. Si cualquier mandatario, no solo este, se convirtiera en el jefe supremo, titular del Estado y en el protector de los derechos, habrá embargado todo derecho individual, toda institucionalidad pública y todo poder. La vergonzosa sentencia Wolf legalizó al “Estado de derechos”, en el Estado de derechos del presidente.
Los constituyentes de Montecristi disolvieron la independencia de funciones estatales y unificaron todo en un solo poder estatal, bajo el mando de un solo jefe que es el presidente del Ejecutivo. Por eso el presidente Correa se autoproclama como el jefe supremo de todos los jueces, de todos los militares, de todos los burócratas y de todos los dignatarios. Cree que todos los jueces, militares, obreros, sindicatos, partidos, funcionarios y dignatarios le deben obediencia. Por eso Wolf lo proclamó como generalísimo en una sentencia ordinaria.  

La disputa entre el presidente Correa y los militares no tiene nada que ver con la naturaleza del poder civil y la legítima subordinación a éste de las fuerzas castrenses. Esa lectura es apropiada para un estado republicano, donde las obligaciones del mandante y los derechos del mandatario no se confunden, donde el Estado, el poder y el gobierno se distinguen claramente; con poderes separados, derechos individuales e imperio de la ley. Ese no es el caso ecuatoriano.

Lo que está en juego en esta disputa creada por el presidente es el dominio sin límites de un poder personalista que quiere ganar su última victoria antes de la retirada.

Si el economista ya perdió sus credenciales con el actual sobreendeudamiento, la baja credibilidad y las altas tasas de desempleo, como generalísimo y jefe supremo, esta guerra la tiene perdida.

@ghidalgoandrade

[PANAL DE IDEAS]

Carlos Arcos Cabrera
Gabriel Hidalgo Andrade
Pablo Piedra Vivar
Wladimir Sierra
Carlos Rivera
Simón Ordóñez Cordero
Fernando López Milán
Alexis Oviedo
Rodrigo Tenorio Ambrossi
Patricio Moncayo

[RELA CIONA DAS]

La historia de Don Coronavirus y el Doctor Placebo
Carlos Rivera
Crónica de los paralelismos de Jorge Glas
Redacción Plan V
Las dudas que plantea el vídeo de Fernando Balda sobre Correa
Redacción Plan V
La Fiscalía llama a Correa como ‘el hombre de atrás’ y pide la máxima pena
Redacción Plan V
¿Quién es Alexandra Mantilla y por qué está en la mira del correísmo?
Redacción Plan V
GALERÍA
La derrota del General
 
1


[CO MEN TA RIOS]

[LEA TAM BIÉN]

El desordenado aluvión de compras públicas por la emergencia
Redacción Plan V
El drama de Guayaquil, que tiene más muertos por COVID-19 que países enteros
Matías Zibell. BBC Mundo
Hasta 135 muertos se registraron en un solo día en Guayas, la semana pasada
Susana Morán
Estudiantes y maestros en la aventura de las aulas virtuales
Redacción Plan V

[MÁS LEÍ DAS]

Coronavirus: La odisea de los primeros tres recuperados en Ecuador
Susana Morán
Esta es la historia no contada de la paciente 0 en Ecuador
Redacción Plan V
Minuto a minuto todo sobre el coronavirus en Ecuador
Redacción Plan V
¿Cuánto tiempo podrán el Ecuador y el mundo sostener la cuarentena?
Redacción Plan V