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18 de Mayo del 2018
Ideas
Lectura: 7 minutos
18 de Mayo del 2018
Alexis Oviedo

PhD en Educación por la Universidad Católica de Lovaina, Maestro en Estudios Culturales y Desarrollo, Graduado en Economía. Ex gerente del Proyecto de Pensamiento Político de la SNGP. Docente universitario.

“Es la economía, ¡Imbécil!”
En la campaña electoral del 93, Bill Clinton le dijo públicamente a Bush padre: “Es la economía, ¡Imbécil!”, alertando que ese era el problema de fondo. Esa brutal revelación, la entendió el pueblo estadounidense y puso a Clinton en la Casa Blanca. El manejo económico que haga Lenín Moreno, puede llevarle a consolidar su fortalecimiento, quizás reelegirse, si es que él quisiera, o a debilitarse y tener en sus pesadillas la cínica risa del energúmeno del ático.

La designación del nuevo ministro de Economía Richard Martínez ha causado una polémica justificada. Es conocida su vinculación a los sectores empresariales, y de entrada, dio visos de que su ejercicio será un giro diametral a las propuestas que venían dándose en esta materia, por lo menos desde que asumiera Lenin Moreno como presidente. Diversas voces se manifiestan acerca de los aspectos particulares que significará está designación, desde visiones apocalípticas que plantean que seguiremos un curso similar a la Argentina de Macri, hasta otras, en especial las de las cámaras de la producción y organismos internacionales, que ven con buenos ojos la designación del flamante ministro. De entrada, anunció reducción de impuestos a las empresas, grandes y pequeñas, exenciones que no necesariamente garantizan generación de empleo, ni mejoras en competitividad. Se percibe que con Martínez a la cabeza, serán los empresarios quiénes manejen la economía del Estado. Ya tenemos experiencia en la forma en que ellos lo hacen…

Varios analistas dan sus perspectivas e incluso muestran prognosis del escenario económico. A pesar de ser graduado en esa materia, más bien me referiré al entorno político que ha hecho posible la designación del ministro Martínez. Debe partirse del hecho de que Moreno asume el poder luego de ganar con un mínimo margen al derechista banquero Lasso. Moreno gana auspiciado por la primera fuerza electoral del Ecuador (PAIS), pero desde el inicio genera una crisis interna, en esa organización al desmarcarse de la facción hasta entonces hegemónica liderada por Correa. En el 2017 se inicia la implosión de esa organización y el estallido llega a su clímax, luego de la Consulta de febrero de este año, y aunque puede decirse que Lenín Moreno llevó hacia sus orillas a la mayoría, como en todo proceso de división organizativa se produjo un debilitamiento que trajo costes políticos y reacomodaron la correlación de fuerzas.

Para el 2018, Moreno no tenía una robusta fuerza política propia que impulse y apoye sus propuestas. Desde la izquierda tuvo como aliados al débil y fragmentado Partido Socialista, al frágil y liviano Partido Comunista, y a un ambiguo Centro Democrático. Pachakutik, a pesar de tener a uno de sus líderes como Secretario del Agua, no se ha manifestado abiertamente en apoyo a las propuestas de Lenín Moreno y más bien, haciendo eco a su organización (CONAIE), ha cuestionado el diálogo y ha fustigado al régimen en temas de educación bilingüe, minería, entre otros. La Unidad Popular (ex MPD), que en el período electoral abiertamente apoyaría al Lasso, es marginal.

Todas las fuerzas políticas mencionadas no tienen un peso político y social contundente y ninguna es fuerte a nivel nacional. Lenín puede o no contar con el apoyo de la izquierda, no le sirve de mucho. Pero Moreno sí recibe el apoyo “desinteresado” de SUMA en la asamblea, continuando el pacto tácito iniciado por Rodas con Correa, sí recibió el apoyo temporal, flaco favor de Fuerza Ecuador, sí recibe coqueteos desde políticos de CREO. A medida que pasan los meses, se devela un actor que apoyaba tras bastidores: el PSC-Madera de Guerrero, con un Nebot que oculta menos sus ganas de ser presidenciable en el 2021.

Como en materia económica, nunca estuvo la “mesa servida”, como la abultada deuda, la falta de liquidez, la débil competitividad, el temor a invertir… eran conocidos por todos, era urgente atender la economía desde el mismo inicio del gobierno. Pero esta quedó en segundo plano, pues la política generaba la dinámica del país y fortalecía al régimen. Lo económico quedó como un tema pendiente que intranquilizaba a diversos sectores del país. Se anunciaron medidas, no líneas de política económica. Se develaron cifras, pero no se generaron propuestas —que no fueran vía endedudamiento—, para generar una mejoría económica para el corto y mediano plazo. Los sectores más pudientes no se hicieron esperar en alzar su voz y en presionar al gobierno para actúe en función de sus intereses.

El ministro De la Torre no implementó ajustes, pero sus acciones aparecieron como soluciones parche. La ministra Viteri, fue efímera. La permanencia de ambos siempre estuvo en entredicho, la de ellos y la de cualquier ministro que siguiera una tendencia que no halagaba a los derechistas aliados, y tuvieron la presión de estos, de las cámaras de la producción y de las acciones y políticas de los otros colegas del gabinete, cercanos a las élites empresariales. Y también porque ni los débiles partidos de izquierda, ni sectores sociales como los sindicatos se manifestaron abiertamente para darles soporte.

Un ministro del estilo de Martínez iba a venir tarde o temprano, al no tener el régimen morenista un propio y robusto partido detrás y carecer de izquierdistas aliados fuertes que hagan contrapeso. Debía llegar un ministro cercano a las derechas, porque el régimen ha tenido que apoyarse en sectores de esta tendencia y vinculados a ella para garantizar un mínimo de gobernabilidad y garantizarse un mínimo de estabilidad. Lo hizo desde el inicio, vinculando como ministros a gente de empresa. Desde el desastroso manejo de la frontera norte, donde ministros de izquierda mostraron incompetencia, evento que fue capitalizado por sectores conservadores que hasta revivieron a Febres Cordero, tuvo que abrir más aún sus brazos a esos comedidos socios, comenzando con el nombramiento de Toscanini como ministro del Interior.

Se sabe la historia de Martínez, se escuchan los pronósticos de los analistas económicos, pero no debe olvidarse que él que asumió su cargo hace pocos días. Antes de hacer juicios propios de agoreros del desastre, se deben mirar las acciones u omisiones del flamante secretario de Estado.

En la campaña electoral del 93, Bill Clinton le dijo públicamente a Bush padre: “Es la economía, ¡Imbécil!”, alertando que ese era el problema de fondo. Esa brutal revelación, la entendió el pueblo estadounidense y puso a Clinton en la Casa Blanca. El manejo económico que haga Lenín Moreno, puede llevarle a consolidar su fortalecimiento, quizás reelegirse, si es que él quisiera, o a debilitarse y tener en sus pesadillas la cínica risa del energúmeno del ático.

[PANAL DE IDEAS]

Alfredo Espinosa Rodríguez
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