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1 de Junio del 2015
Ideas
Lectura: 7 minutos
1 de Junio del 2015
Carlos Poveda
Ex coordinador de la veeduría internacional para la reforma judicial. Es abogado y doctor en Jurisprudencia. Especialista superior en Derecho Procesal. Catedrático.
¿La época de los desleales?
El problema ahora no radica en que el grupo gobernante baje en el respaldo popular, sino en que no existe líder que aglutine el descontento y muestre otra forma de hacer política. Y bajo esta óptica, en la lucha encarnizada de las agendas personales se difuminan los múltiples candidatos y candidatas.

Durante una entrevista en televisión local, un contertulio que apoya al régimen oficialista señalaba los problemas graves al interior de las bases que no son escuchadas y peor tomadas en cuenta para decisiones provinciales, ya que por lo general, las ejecutorías se adoptan desde una cabeza central que según su percepción ni siquiera son realizadas por su líder y Presidente de la República del Ecuador.

De la misma manera se da este malestar en otras provincias y cantones, donde la imposición de una dirección no se somete al escrutinio público, sino a directrices de una dirección nacional que no sintoniza con la gente que apoya un planteamiento ideológico.

Una aseveración que no se manifestó durante esta conversación pero que se dejó entrever, fue la de mantener adeptos al proyecto de la revolución ciudadana pero con todas las ganas de salir de este sometimiento; lo cual ni siquiera se verifica en una estrategia, sino por amistades y coyunturas que no tiene nada que ver con perspectivas de un manejo político estratégico.

La detención de una asambleísta oficialista luego un discurso presidencial, donde se afirmó, con contundencia, que no se permitirán actos de corrupción, más aún si provienen de sus filas, con un final patético donde se vislumbra la “interrelación y coordinación” de las Funciones del Estado; denotando solo a unos de los partícipes de esta presunta infracción en la que se desconoce la identidad de los empresarios “perjudicados”, así como la utilización de una detención provisional solo para asegurar una prisión preventiva, genera un nuevo accionar interno.

La calificación de “desleal” a uno de los asambleístas oficialistas del sur del país, por realizar reclamos sobre la construcción de obras, sin la mínima posibilidad de discrepancia o de crítica al interior de sus adherentes y representantes populares.

La obsecuencia de utilización de la revocatoria de mandato para dignatarios de elección popular que se atrevieron a contradecir las decisiones internas, así como el hecho de arremeter contra toda forma de discrepancia llegando inclusive a sanciones de silencio para que no se muestren las fisuras internas y sean estas aprovechadas por una oposición que tuvo su metamorfosis en “restauración conservadora”.

Aquella forma de solucionar los problemas siempre casa dentro parece que ya no funciona, como tampoco evitar que lo que pasa abajo repercuta arriba, porque aparecen cada vez  más “desleales”, así como ocurrió en la primera desbandada, la cual se ubica hoy en los sectores de descontentos clamando democracia, pero que cuando estuvieron al frente también compartieron las reprimendas y escaparon de sus obligaciones históricas.

¿Centralismo hasta en las bases? Pero lo más grave es el temor que impide decir que “intentan salirse” del proyecto oficialista porque no les escuchan; pensaba que este diálogo de sordos solo correspondía a los “visibles” que se han atrevido a decir lo que piensan; pero no a los propios, aquellos huérfanos y desencantados que no son beneficiarios de la revolución ciudadana pero que apoyan desinteresadamente.

Ellos ahora denuncian que los beneficiarios del poder ya ni siquiera pertenecen a las grupos que defienden este proyecto, sino a otros que se aprovechan de las circunstancias, y así se van quedando en el camino como el lastre de las hermosas carreteras, olvidados y sin memoria.

Tal vez nos avocamos a un nueva época, en la cual el discurso de la lucha inclaudicable en contra de la corrupción tiene otro mensaje, aquel que la falta de “lealtad” se paga con cárcel, ya no como los revolucionarios que fusilaban sino a través del “debido proceso”, “juicio justo” y un “cómodo centro de privación de libertad de personas”; eso marca la diferencia de las épocas más nefastas de nuestra historia.

Y la dizque oposición, nada: dispersa, inmunizada con las proclamas de derecha e izquierda,en un estado de que el uno no se mete con el otro, porque los pobres y esquilmados  no deben tener amigos ricos. Apelando a nuestro querido maestro  uruguayo Eduardo Galeno y haciendo un pequeño homenaje a su sabiduría, aquí solo hay dos grupos: los indignos y los indignados”, aquellos que siguen en el discurso agotado pero más radical, y los otros, que inclusive sin ser de la famosa oposición pensamos diferente. 

El problema ahora no radica  en que el grupo gobernante baje en el respaldo popular, sino en que no existe líder que aglutine el descontento y muestre otra forma de hacer política. Y bajo esta óptica, en la  lucha encarnizada de las agendas personales se difuminan los múltiples candidatos y candidatas, permitiendo que con una minoría de votantes ganen los mismos; no en vano hay prisa para las reformas al Código de la Democracia.

El pueblo que ya se retira de este gran “proceso revolucionario” debe tener cabida en un espacio que no le dé la espalda, que no lo estigmatice, que lo represente y esa tarea no corresponde a los partidos que aprovechan y minan las convocatorias, ubicándose en la luneta de las protestas. Los movimientos sociales deben tener un espacio donde se retome la democracia y la reinserción en un ambiente racional de respeto mutuo.

Es urgente un frente con ideología pero sin partidos políticos, sin colores pero con un proyecto incluyente, sin amos ni caudillos, pero con líderes y lideresas, sin dueños de la verdad pero con pluralidad de propuestas; caso contrario seguiremos con el mismo destino, que tiene como fundamento haber desnudado nuestra la orfandad, para generar la adopción de un patriarca necesario y a veces imprescindible.

[PANAL DE IDEAS]

Andrés Tapia
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