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27 de Noviembre del 2018
Ideas
Lectura: 5 minutos
27 de Noviembre del 2018
Álex Ron

Escritor y catedrático universitario.

De la final del mundo a la realidad
Solo un espectáculo manejado con tanta obscenidad desde lo corporativo y mediático puede crear masas tan violentas y enajenadas como las que estamos viendo a diario en diversos estadios del mundo. Hay que dejar claro que lo sucedido en Buenos Aires no es un problema solo de Latinoamérica, el fanatismo y la adicción a la violencia es global.

 “Fue la primera vez en mi vida que tuve miedo haciendo mi trabajo. La sacamos barata, pudo haber sido una catástrofe. Aceleré y dije: que sea lo que Dios quiera".       

            Darío Rubén Ebertz , conductor del bus de Boca Juniors

Marcelo Gallardo, el Director Técnico de River Plate, después de la pesadilla que vivieron los jugadores de Boca Juniors, fue contundente con los periodistas de la Cadena Fox: dejen de llamar a la final de la Copa Libertadores de América, como la “final del mundo”. Allí Gallardo rompió con mitologías y barras bravas e increpó a los dueños del fútbol, les dijo basta de transformar un juego en una guerra, no más. El mensaje fue directo contra cadenas noticiosas, clubs, corporaciones, banqueros y publicistas.

Lo real es que vivimos dentro de una sociedad desapasionada por lo político o lo histórico, peor por lo artístico. Es una sociedad ávida por consumir ficciones: Black Friday, reggaetón, redes sociales, pornografía, telenovelas, farándula y fútbol. El fútbol es sin lugar a dudas el nuevo opio del pueblo como lo dijo el filósofo argentino Darío Sztajnszrajber, yo iría más allá: es la cocaína del pueblo. Solo un espectáculo manejado con tanta obscenidad desde lo corporativo y mediático puede crear masas tan violentas y enajenadas como las que estamos viendo a diario en diversos estadios del mundo. Hay que dejar claro que lo sucedido en Buenos Aires no es un problema solo de Latinoamérica, el fanatismo y la adicción a la violencia es global. 

Martín Caparros ha publicado en New York Times: “El fútbol argentino es un desastre hace ya mucho tiempo. Sus instituciones son un chiste. Mafias lo dominan, negocios sucios lo manejan, la inepcia cubre todo: no son capaces, siquiera, de montar un partido.”

Lo sucedido el sábado pasado en el monumental de River ha removido a toda la sociedad argentina, existe el reconocimiento de que tanto a nivel de dirigencia como de “aficionados” se dan conductas desaforadas y extremas en nombre del deporte más popular del planeta. Hay confusión, tristeza pero también el deseo por recuperar la esencia del fútbol, que es un juego, no una religión, no la mano de dios…

Sí, vale la pena hacer un esfuerzo para comprender el origen de tanta violencia, algunas preguntas al azar: ¿cómo una sociedad globalizada es capaz de transformar una recreación en una batalla sangrienta?, ¿al naturalizar un sistema de recompensas distorsionadas que permite a una estrella de balompié ganar en un día lo que un profesor universitario gana durante toda su vida laboral no aceptamos la violencia?, ¿no sería lo más racional, tal vez una catarsis colectiva que por esta ocasión ambos equipos renuncien a la Copa Libertadores de América?

Claude Levi Strauss pensaba que el ser humano creaba de una manera estructural e inconsciente oposiciones binarias: hombre-mujer, blanco-negro, bueno-malo, dios-diablo y así indefinidamente. Las oposiciones binarias convertían la realidad en algo clasificable y entendible. Obviamente, estas oposiciones que al principio las creamos para entender al mundo hoy son factores que generan conflictos gigantescos, sobre todo porque vivimos dentro de una sociedad marcada por el signo de la competencia descomunal.

En este momento, las grandes decisiones de las que depende nuestro futuro y nuestra calidad de vida no son relevantes para una masa que exorciza demonios haciendo shopping hasta la extenuación o que fácilmente pierde el control en los graderíos de un estadio cualquiera mientras canta, insulta, arroja bengalas, y sacrifica animales…además tiene el morbo de filmarse. Es decir, no siente la menor vergüenza por estar alienada. Tenemos una masa dueña de su contradicción que destila violencia a todo lo que aparece como otredad. El “otro” no es un ser al que hay que entender sino un enemigo a quien enfrentar, golear, destruir. La final del mundo ha comenzado, esta vez será televisada y transmitida por internet.

Zygmunt Bauman creía que vivimos dentro de una modernidad líquida porque no teníamos control de lo que podía suceder. Además planteaba que somos seres solitarios que vivimos conectados y que las redes sociales estaban acabando con nuestra capacidad para relacionarnos y dialogar. La pesadilla vivida por los futbolistas de Boca el sábado pasado en Buenos Aires es una metáfora cruel de una sociedad fagocitadora que ha perdido su inocencia para divertirse. Nietzsche diría, si estuviera vivo: el fútbol ha muerto, nosotros lo hemos matado.

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