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4 de Enero del 2021
Ideas
Lectura: 10 minutos
4 de Enero del 2021
Patricio Moncayo

PhD. Sociólogo. Catedratico universitario y autor de numerosos estudios políticos.

La fuerza de la disidencia en los cambios de rumbo de la historia
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Aunque la disidencia no tiene suficiente eco en las masas, el peligro de que las contagie, pone en alerta a gobiernos cuyo origen siguió esa misma ruta, de la que se apartaron en el ejercicio del poder. Los revolucionarios de ayer operan como los gobiernos a los que derrocaron, frente a la acción de activistas intelectuales, de una intelligentsia crítica. No hay revolución que no haya nacido de un pensamiento heterodoxo.

A propósito de la represión de la que fue objeto el Movimiento San Isidro en Cuba se ha producido una movilización con implicaciones políticas. La transmisión por redes sociales del arresto del rapero Denis Solís suscitó una huelga de hambre de un conjunto de artistas que fue disuelta por la policía con la detención de sus integrantes. Estos arrestos también circularon por las redes sociales. Esto condujo a una manifestación fuera del Ministerio de Cultura cubano.

No se sabe el efecto que este acto pueda tener sobre el sistema político vigente en Cuba. Una negociación estaba en curso entre los manifestantes y el gobierno. La dimensión de la protesta le da a este hecho una característica especial, dada la prácticamente inexistente oposición. El acceso a internet se derivó del acuerdo promovido con el gobierno de Obama que no cesó en el de Trump. Esto le dio un gran alcance a la expresión de la disidencia de los artistas que constituye un desafío al gobierno cubano.

Un experto en temas relativos a Cuba, se pregunta en The New York Times del pasado 9 de diciembre: “¿En qué medida un sistema político que se precia de controlar permite el tipo de expresión de la sociedad civil que estamos viendo crecer?” La demanda de un diálogo efectivo entre la sociedad y el Gobierno de la isla que incluya a todos los actores y “del cual emerjan soluciones democratizadoras reales” revela el carácter de este desafío, venido de un grupo de artistas. Los artistas tienen prestigio en Cuba, “un país profundamente patriótico que tiene una larga historia de orgullo en la potencia de sus instituciones culturales” añade.

En Venezuela ha ocurrido un fenómeno similar. El gobierno de Nicolás Maduro ha castigado a los disidentes que alzaron su voz contra la corrupción. El locutor José Carmelo Bislick, presentador de El pueblo en combate, en el que había elogiado al gobierno, cuando la escasez de gasolina paralizó su remoto pueblo pesquero, acusó a los dirigentes locales del Partido Socialista Unido de Venezuela, de haberse beneficiado de su acceso al combustible, en perjuicio de la mayoría de la gente. A pocas semanas de esta denuncia, en la noche del 17 de agosto, “cuatro hombres enmascarados y armados” irrumpieron en su casa “lo golpearon, y horas después lo encontraron muerto”. En los estados rurales pobres, muchos manifestantes simpatizantes del gobierno desde hace tiempo, “exigieron alimentos, combustible y electricidad y no un cambio político”. Maduro respondió al descontento con la represión sin hacer ninguna diferenciación con los opositores políticos. “Según las encuestas, el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela cuenta con el apoyo de solo uno de cada diez venezolanos”.

En Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega ejecutó una “brutal represión contra los manifestantes, que ha dejado 325 muertos” señalaron los representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Unión Europea, quienes criticaron con dureza la “deriva autoritaria de Ortega”, según El País del 22 de febrero de 2019.  Pero lo insólito es que Ortega acepte negociar con la oposición para encontrar una salida a la crisis “que sufre Nicaragua desde hace 10 meses, cuando estallaron las manifestaciones que exigen poner punto final a 12 años de gobierno del ex guerrillero” a partir de las peticiones formuladas por las grandes fortunas nicaragüenses. El afán de perpetuarse en el poder llevó a los sandinistas partidarios de Ortega en el Congreso a dictar una ley para impedir que políticos de la oposición puedan ser candidatos.

La exguerrillera Dora María Téllez, fundadora del Movimiento Renovador Sandinista junto con el escritor Sergio Ramírez, en entrevista publicada en El País, del 19 julio de 2019, afirma que “el orteguismo le ha perseguido hasta la saciedad” a este Movimiento. Según la dirigente, la izquierda asumió un compromiso con los pobres, con la justicia social, pero sin un claro compromiso democrático, de ahí que en la Constitución de 1987 “reproduce el modelo autoritario que ya tenía la dictadura de los Somoza”.      

Aunque la disidencia no tiene suficiente eco en las masas, el peligro de que las contagie, pone en alerta a gobiernos cuyo origen siguió esa misma ruta, de la que se apartaron en el ejercicio del poder. Los revolucionarios de ayer operan como los gobiernos a los que derrocaron, frente a la acción de activistas intelectuales, de una intelligentsia crítica. No hay revolución que no haya nacido de un pensamiento heterodoxo.

Pero esto también ocurrió en la cuna del socialismo: la ex Unión Soviética y China.  En la primera, con la perestroika y la glasnost, Mijaíl Gorbachov lideró como secretario general del PCUS en 1985 un cambio sustancial en la conducción política de la URSS.


“Perdí la venda ideológica que me impedía observar la realidad en todos sus aspectos y contradicciones” afirmó en su Memoria de los años decisivos, 1985-1992. Y la actividad de los disidentes, agrega, “¿no era acaso una señal patente de reconocimiento de que la situación estaba madura para el cambio? Los disidentes eran reprimidos, desterrados del país, pero su posición, su actitud moral, jugó un papel importante en la preparación de las premisas ideológicas de la perestroika”.

 

Los revolucionarios de ayer operan como los gobiernos a los que derrocaron, frente a la acción de activistas intelectuales, de una intelligentsia crítica. No hay revolución que no haya nacido de un pensamiento heterodoxo.

En China, en esos mismos años, en la plaza de Tiananmen en 1989 se perpetró en Pekín una masacre de los manifestantes liderados por estudiantes chinos en contra del Gobierno al que tildaban de demasiado represivo y corrupto, también por trabajadores de la ciudad opuestos a las reformas económicas de Deng Xiaoping. El acontecimiento que desencadenó las protestas fue el fallecimiento de Hu Yaobang, alto dirigente comunista que cayó en desgracia ante Deng Xiaoping, cuando se opuso a la represión de las protestas estudiantiles. no obstante ser partidario de las reformas económicas. Su fallecimiento acaecido el 15 de abril de 1989 fue el detonante de las masivas manifestaciones de estudiantes. Con tanques y la infantería del ejército, el Gobierno disolvió la protesta, ocasionando la muerte de 200 o 500 personas, según estimaciones de gente que presenció el hecho.

Este suceso sigue siendo tabú pese a los treinta y un años transcurridos.  El Gobierno chino ha redoblado los esfuerzos para “borrarlo de la memoria colectiva” No quiere que los chinos más jóvenes se enteren de lo que ocurrió. “El gran progreso económico experimentado por el país, en las últimas dos décadas”, probaría, según el Gobierno, el acierto de la decisión de enviar al Ejército a reprimir las movilizaciones. 

“Desde que Xi Jinping llegó a la presidencia de China en marzo de 2013, el Gobierno ha endurecido su posición con los disidentes” 

Recientemente, Macarena Vidal, en un artículo difundido en El País de España, el 12 de noviembre de 2018, daba cuenta de “las redadas en China contra estudiantes marxistas y activistas laborales. China ha detenido al menos a una docena de jóvenes, varios de ellos universitarios de élite que han participado en actos públicos para defender los derechos de los trabajadores. Los arrestos parecen formar parte de una campaña contra el activismo de estudiantes que se definen a sí mismos como marxistas y defienden la adhesión a los principios comunistas”

Dado que el régimen sigue siendo comunista, pese al giro hacia una economía de mercado, esto representa un problema para el gobierno. Éste “no está en absoluto dispuesto a permitir ninguna forma de activismo que se escape a su control”

El examen anterior deja lecciones que nos conciernen. No hay punto de comparación, por ejemplo, mutatis mutandi, entre lo ocurrido en la plaza de Tiananmen en Pekín y la protesta de octubre de 2019 en Quito, tanto por la violencia de las protestas como por la respuesta del Gobierno. Éste entabló un diálogo con los manifestantes, acogió su reclamo y restableció el orden sin excederse en el uso de la fuerza. Es decir, se atuvo al  principio de la restricción del poder característico del estado de derecho.

El compromiso con la democracia sigue siendo un desafío para los gobiernos que en nombre de su compromiso con los pobres y la justicia social, se adueñan de la voluntad que, habiendo provenido del pueblo, termina convirtiéndose en la voluntad de un círculo cerrado de poder, cuya versión de esa voluntad, es impuesta mediante la violencia. La disidencia para ellos, nacida de sus propias filas, es peor que la oposición procedente del bando contrario, lo cual carcome su legitimidad.

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